Max Factor… naturalmente

Nativo de Lodz, Polonia, Max Factor tuvo un impacto tremendo tanto en la industria del cine como en la belleza contemporánea. Sus productos no sólo cambiaron la apariencia de Hollywood sino que creó el glamour de las calles

En una noche helada de febrero de 1904, un joven maquillista permanecía oculto a las afueras del palacio imperial de Rusia lejos de la mirada de los guardias del zar, a la espera de reunirse con su esposa y sus hijos que habían mantenido su identidad en secreto durante nueve años. Una vez reunida, la familia abordó un barco de vapor con destino a Estados Unidos. Diez años después, el maquillista se ganaría un lugar en la naciente industria del cine, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes de Hollywood. ¿Su nombre? Max Factor… naturalmente.

Mencione actualmente el nombre de Max Factor y la mayoría de las personas piensa automáticamente en la línea de cosméticos. Sin embargo, muchos se sorprenderían al enterarse de que hubo una persona de carne y hueso detrás de la marca de fábrica y que Factor fue el padre de los cosméticos al menudeo, en lo que significó un paso gigantesco en la revolución de la belleza. También él inventó los primeros efectos de maquillaje cinematográfico: las pestañas postizas, el brillo para labios, los cosméticos a prueba de agua, las mascarillas blanqueadoras, así como el maquillaje de fondo moderno. Su clientela cautiva de estrellas incluyó a Clara Bow, Rodolfo Valentino, Joan Crawford, Lana Turner, Fred Astaire, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Katharine Hapburn, John Wayne y Lucille Ball, por sólo mencionar algunas.

Al servicio de los Romanov
El nieto de Max, Davis Factor Jr., quien estuvo durante varios años al frente de la industria familiar, en unas declaraciones hechas a una revista de belleza, alguna vez opinó lo siguiente con respecto a su abuelo: “Tuvo un impacto tremendo tanto en la industria del cine como en la belleza contemporánea; sus productos no sólo cambiaron la apariencia de Hollywood sino que creó el glamour de las calles. De niño era muy emocionante para mí ir a un salón de belleza de Hollywood… los aromas maravillosos de los perfumes, los productos glamourosos, los cabellos perfectamente alineados de George Burns, de Frank Sinatra y de Jack Benny. En aquellos días siempre había una celebridad por ahí”.
Max Faktor nació en Lodz, Polonia, en 1872. Fue uno de los nueve hijos de Abraham y Cecilia Tandpwsky Faktor. La familia no tenía dinero para pagar la educación de sus hijos, por lo que a los ocho años Max ingresó como aprendiz de dentista-boticario y, más tarde, como fabricante de pelucas. Sus talentos naturales lo condujeron a convertirse en peinador, asistente de vestuario y recadero de la Gran Ópera Imperial de Rusia, donde aprendió a asistir a las divas en la aplicación de su elaborado maquillaje de escenario. Desafortunadamente también sufría el abuso constante por parte de los temperamentales cantantes, quienes lo culpaban cuando tenían una actuación pobre. Por ello, y sin pensarlo dos veces, ingresó al ejército ruso a los 18 años, tal como lo marcaba la ley.
Cuatro años después, Faktor fue liberado y abrió una tienda pequeña en un suburbio de Moscú, donde preparaba y vendía cremas faciales, coloretes y fragancias. De acuerdo a las memorias familiares, una troupe de teatro en su ruta para actuar para la familia imperial se detuvo en la tienda de Faktor a comprar algunos productos. Los Romanov quedaron tan impresionados con los resultados que brindaron patrocinio a Faktor y pronto lo reclutaron para prestar sus servicios en el palacio. No obstante su aparente vida glamourosa –creando hermosos peinados y exquisitas complexiones para la aristocracia–, Faktor más adelante recordaría que “era como un esclavo”, al que se prohibía cualquier relación humana o a dejar la corte más de una hora a la semana.
La situación fue particularmente difícil a causa de que Faktor se había enamorado de una joven llamada Lizzie, quien frecuentaba su tienda. Cada domingo, Faktor acudía a maquillar a domicilio a los familiares de su amada, mientras los guardias imperiales esperaban afuera. La relación de Faktor y Lizzie así prosiguió hasta que la mujer consiguió un rabino que casó a la pareja en secreto. Aunque parezca increíble, el matrimonio se siguió frecuentando de manera clandestina durante casi una década, tiempo en el cual procrearon tres hijos. Faktor, bien pagado pero miserable, avistó algunos de los problemas que se acercaban, como los conflictos territoriales, el descontento popular y la persecución religiosa, que se intensificaba.
Desesperado por escapar de Rusia fraguó un plan: utilizando su propio maquillaje palideció su rostro, convenciendo a los Romanov de que se estaba muriendo, por lo que la familia imperial decidió enviarlo a Carlsbad, un centro vacacional en Europa Central. Sin embargo, Faktor tenía otros proyectos. Con Lizzie y sus hijos se embarcó a San Luis Missouri, Estados Unidos, donde se encontraría con su hermano y un tío, quienes habían emigrado a Norteamérica y deseaban que Max exhibiera sus productos en la Feria Mundial de 1904.
La feria fue un éxito y la familia estaba junta finalmente. Pero el desastre llegó: el socio de Max se fugó con todas las ganancias y, en 1906, poco después de haber dado luz a su cuarto hijo, Lizzie murió repentinamente de una hemorragia cerebral. En bancarrota y con el corazón destrozado, Faktor puso una barbería. Posteriormente volvió a casarse con su vecina Jennie, con quien Max permaneció hasta el día de su muerte.

Para las estrellas… y usted
En su barbería, Max escuchaba rumores fascinantes acerca de una nueva industria en California: el cine. Pensó que sus cosméticos y pelucas podían funcionar. En 1908 la familia Factor (ya sin la k del apellido) arribó a Los Ángeles y abrió una pequeña barbería y tienda de pelucas. Su idea dio resultado. Lo único que existía en cuanto a maquillajes era un local de vaudeville que vendía máscaras y coloretes. Mientras veía películas mudas, Factor pasaba horas experimentando con fórmulas en su laboratorio. En junio de 1914 perfeccionó su primer maquillaje para cine: una crema que era delgada y flexible, que permitía a los actores sonreír, frotarse y hablar sin que el maquillaje de sus rostros se agrietara en mil surcos. Fue un éxito inmediato y rápidamente los actores hicieron filas para conseguir las pócimas mágicas del genio de acento rudo.
Cuando el cine enloqueció a Estados Unidos, las mujeres empezaron a idolatrar a las actrices, soñando emular sus glamourosas apariencias. Factor, pendiente de todas las tendencias, encontró un nuevo nicho de mercado… y de fama. A principios de siglo, las chicas decentes no utilizaban maquillaje, eso se lo dejaban a las prostitutas y actrices de vaudeville. Pero Max Factor estaba cambiando las actitudes. En 1917 introdujo su “maquillaje social”, cuya leyenda rezaba: “Para las estrellas y usted”. Para reforzar sus ventas elaboró contratos con las actrices, a quienes promovía sus películas en su negocio siempre y cuando ellas autorizaran colocar sus rostros y apariencias en la tienda.
Pero los reductos conservadores no estaban dispuestos a perder la batalla contra el libertinaje e iniciaron su guerra. Los maridos se escandalizaron de que sus esposas parecieran “rameras” y solicitaron el divorcio. Los horrorizados padres encerraban a sus hijas en casa. Incluso el Papa lanzó su propia campaña contra “las argucias del diablo”. La locura del maquillaje –como la locura del cine– había llegado para quedarse y las mujeres vieron en los cosméticos de Max Factor un símbolo de libertad sobre la represión victoriana.
En 1936, en plena cúspide de su éxito, mientras cruzaba la calle, Max Factor fue arrollado por un camión. A partir de entonces la salud del ilusionista de la belleza se deterioró y falleció el 30 de agosto de 1938. Como siempre, el espectáculo continuó y para 1950 industrias Max Factor vendía productos en 101 países y empleaba a más de 10 mil personas. Sin embargo, la compañía sucumbió a los cambios corporativos de los decenios setenta y ochenta, cambiando de manos varias veces, hasta que fue adquirida en 1991 por Procter & Gamble.

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