CONTAGIO Y EXAGERACIONES

POR Alfredo C. Villeda

La respuesta a la pregunta obvia, ¿por qué se anunció el cierre de escuelas a las 11 de la noche del jueves?, está contenida en el discurso presidencial que Los Pinos difundió un día después: apenas por la tarde del mismo jueves llegaron los resultados de los análisis de expertos internacionales y fue cuando Felipe Calderón conoció la naturaleza y la seriedad del problema.
El viernes la información acaparó todos los reflectores. Y en ese despliegue, contagiado como el propio virus porcino a la prensa internacional, México terminó en “cuarentena”, su capital “paralizada”, en alerta ante una gripe “letal” y como responsables, el país y la ciudad, de una “movilización mundial” contra esta nueva cepa de influenza.
La imagen ayuda. En una vía tan emblemática como Paseo de la Reforma hubo un despliegue de soldados que, con el distintivo de Plan DN-III (aunque oficialmente sólo en labores de auxilio a la población, sin cumplirse el supuesto de situación de desastre que motivara la aplicación del mecanismo), repartían tapabocas, producto que se agotó en las farmacias y que uniformó a la ecléctica sociedad chilanga. Las fotos pronto estuvieron montadas en los portales de los principales diarios internacionales.
El Mundo de España, por ejemplo, reportó: “La Ciudad de México, paralizada por la gripe porcina”. El País, del mismo origen, dio a conocer “alarma en México y EU por una rara gripe porcina”, igual que su gemelo francés, Le Monde, mientras que ABC de plano puso a todo México “en cuarentena”. El Nuevo Herald, de Miami, advirtió sobre una “amenaza de pandemia”, y Página 12, de Argentina, dio cuenta de “una cepa de gripe letal”. Le Figaro, con una gran foto tomada en Mixcoac, habló de “movilización mundial” por la emergencia.
Medias verdades. Sí se suspendieron las clases y cerraron todos los museos y centros de espectáculos públicos en la capital, además que se cancelaron dos conciertos en el Auditorio y se pactó que el futbol dominical fuera a puerta cerrada, pero los cines y los teatros mantuvieron sus horarios y sus concurrencias con una sola diferencia: sus asistentes iban de riguroso tapaboca. Hay alarma, alerta, emergencia, sí. No hay paralización ni declaración de zona de desastre ni de cuarentena.
Algunos países han tomado las medidas correspondientes, sobre todo con el referente no tan lejano de la gripe aviaria. Sí hubo reacción de la Organización Mundial de la Salud, del Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos y de varios ministerios del Exterior, entre ellos los de Francia, Brasil, Canadá y algunos de Centroamérica, de Chile y Argentina. Una “movilización mundial” no se vio como tal, pese a que llama a preocupación la declaración oficial de que se trata de un nuevo virus y que la propia OMS hable de gravedad.
¿Será suficiente la cura que pregonó desde el viernes el secretario de Salud, José Ángel Córdova? Porque ya sabemos cómo empiezan algunos desastres. Con un caso de estudio dentro de un hospital, como en La peste, de Albert Camus, o con un conductor que se queda sin visión mientras espera la señal de siga del semáforo en Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. Hasta ahora hay oficialmente sólo 24 casos de fallecimientos por la epidemia y mil 324 personas infectadas.
Llama la atención, por inusitada, la convivencia de los gobiernos federal, panista; mexiquense, priista, y capitalino, perredista. El inaudito cierre de filas fortalece la creencia de que la emergencia es real, aunque ya se detalló que no del tamaño que los medios internacionales quieren ver. ¿O hay algo que no nos han dicho? Porque una coincidencia política como ésa sólo se ve a finales de año, cuando votan en conjunto para darse bonos, o antes de Semana Santa, cuando acuerdan alargar los días de asueto. Ni modo. Ellos han enseñado a la población a pulir la duda cartesiana, así sea con la variante del tapabocas. acvilleda@gmail.com