JG Ballard: orgasmos y fierros que vendan

POR José Luis Durán King

El concepto del choque germinó en la confusión social de finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado, un periodo histórico alimentado por el asesinato de los Kennedy, la actuación criminal de la familia Manson y la guerra de Vietnam

“Este autor está más allá de cualquier ayuda psiquiátrica. ¡No lo publiquen!” Con estas palabras irónicas un editor intentó detener la publicación de la novela Crash de JG Ballard hace poco más de 35 años. El editor en cuestión quizá fue una de las primeras personas en sorprenderse ante la pesadilla que Ballard retrata en una obra grotesca, en la que el fetichismo por los carros chocados y las heridas profundas –a menudo mortales—que causan las colisiones de automóviles poseen connotaciones sexuales, no muy sanas por cierto, pero que entre otras cosas sirvieron para que el director de cine David Cronenberg explayara nuevamente sus preocupaciones venéreas en una cinta homónima.
No obstante de estar “más allá de cualquier ayuda psiquiátrica”, la cosecha de James Graham Ballard fue vasta: 15 novelas, 17 colecciones de historias y ensayos, y una considerable cantidad de trabajos críticos para diversos diarios británicos como Guardian, London Times y The Independent. Más aún, Ballard es considerado una de las luminarias intelectuales de la ciencia ficción, reputación que consolidó con su profético Crash, al envisionar la fijación de la cultura occidental de la violencia como entretenimiento, una tesis que resulta de gran acuciosidad crítica.
Mientras que obras tempranas como The Drowned World representaron para Ballard la fama, con Crash llegó el anatema. La novela muestra el concubinato psicológico entre sexo y violencia, presentado como un panorama hiperbólico de metal retorcido y cuerpos machacados, ambos elementos provenientes de nuestros miedos primarios. “Yo vi, como uno de los efectos últimos de los choques, la advertencia contra el papel que juega el sexo y la violencia en nuestra cultura de entretenimiento, y cómo dos individuos pueden terminar entreverados”, ha dicho el autor en torno a su obra.
El concepto del choque germinó en la confusión social de finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado, un periodo histórico alimentado por el asesinato de los Kennedy, la actuación criminal de la familia Manson y la guerra de Vietnam. “La violencia tomó el lugar del sexo, yo creo, como el elemento más excitante y disponible para escritores y cineastas, por lo que se convirtió en el motor principal de la cultura de entretenimiento”, decía Ballard.
Para probar su hipótesis, Ballard presentó una muestra de arte en una galería de Londres en abril de 1970, en la que las “obras” desplegadas fueron tres coches chocados. “La reacción de la gente que visitó la galería me convenció de que yo había hallado algo. En la inauguración hubo mucha gente ebria, pero esas mismas personas regresaron una y otra vez, ya completamente sobrias, para observar más detalladamente los autos. Hubo una gran confusión de emociones. Vi la luz verde, me senté y empecé a escribir Crash”, explicaba el escritor el origen de su novela, pues, para él la tecnología moderna, ya sea en forma de un motor de carro o de un elevado edificio, ha encendido en la gente sus peores impulsos y facilitado la erupción de la peor naturaleza de las personas.En esta peculiar concepción social de Ballard quizá tenga algo que ver que parte de su infancia transcurrió en China en tiempos de guerra. Nacido en Shanghai en 1930 de padres ingleses, con la guerra chino-japonesa de 1937 el paraíso colonial de los Ballard se transformó en un campo de internamiento. De aquellas experiencias surgió la obra semiautobiográfica Empire of the Sun, que posteriormente sería llevada a la pantalla grande por Steven Spielberg. ¿Qué aprendió Ballard de aquellas experiencias? Responde: “Fue una gran educación; cuando ves la verdad sobre los seres humanos es algo benéfico pero muy desafiante, y aquellas lecciones las he cargado toda mi vida”.