PORNO, ANFETAMINAS Y BRUJERÍA

Ballerina, striper, atacada y entusiasta practicante de la brujería, Viper, la estrella del cine porno de los años ochenta, desapareció repentinamente, un suceso que intrigó a sus amigos, algunos de los cuales llegaron a pensar que estaba muerta

Decir que la vida de las estrellas del cine porno está rodeada por el escándalo suena a perogrullada, aunque en el caso de Viper la premisa adquiere una dimensión por demás exacta. En la primera Conferencia Mundial de la Pornografía, celebrada en 1998 en la ciudad de Los Angeles, Estados Unidos, el productor Bill Margold dijo que su carrera la dedicaba a la memoria de Viper, quien desapareció de la industria caliente hace ahora ya 20 años sin dejar rastro, especulándose en ese entonces que había fallecido.


Viper fue una de las diosas porno de los años ochenta del siglo XX. Delgada, pelirroja, de ojos verdes, con un tatuaje que le cubría el torso y una agresividad dentro y fuera de la pantalla, desafió incluso a los profesionales con los que colaboró. Su vida es un ejemplo de actividades encontradas: fue bailarina del prestigioso American Ballet Theater de Nueva York, formó parte de la Marina de Estados Unidos, practicó el striptease y la prostitución en Baltimore, además de que fue una practicante entusiasta de la brujería. Tras una existencia tan azarosa, de repente dio la impresión de desvanecerse en el aire, un suceso que intrigó incluso a sus amigos más cercanos, quienes temían que estuviera presa o, en el peor de los casos, muerta.

Sueño a medias
Stephanie Green nació el 12 de septiembre de 1959 en Oak Ridge, Tennessee, a la sombra de una planta procesadora de uranio. A principios de los años sesenta su familia se mudó a New Hampshire, donde la niña empezó a tomar clases de ballet, actividad en la que sobresalió al grado de ingresar a la New Hampshire Ballet Company, donde permaneció de 1968 a 1976. Un año después, Stephanie buscó y encontró –aunque fugazmente— su sueño de infancia: formar parte del American Ballet Theater, con sede en Nueva York.
El sueño se cumplió a medias, ya que la joven fue relegada a un segundo plano, además de que desarrolló desórdenes en su asimilación de alimentos. En 1978 arrojó al bote de la basura diez años de entrenamiento y decidió enrolarse a la marina de su país, en la que obtuvo varias condecoraciones –una de ellas por su precisión con el rifle— y de la que fue expulsada a causa de “fraternizar” demasiado con sus compañeros de armas, pese a que en 1983 se había casado con un colega, con quien tuvo una hija.

Tras abandonar la marina, empezó a trabajar en clubes nocturnos de mala muerte y a rodearse con personas de la peor ralea, por ejemplo, una pandilla de motociclistas, con la que se aficionó a las anfetaminas. Uno de los miembros de la pandilla era Harry Von Groff, artista alternativo a quien correspondió hacer el tatuaje ofídico en el torso de Stephanie. Fue precisamente ese tatuaje el que distinguió a la mujer cuando decidió viajar a Los Angeles e ingresar al mundo del cine porno, donde fue acogida por Bill Majors y Bill Margold, dos empresarios del entretenimiento para adultos.

“El ascenso y caída en la industria de los filmes XXX toma aproximadamente cinco años”, asegura Bill Margold. La carrera de una estrella femenina del cine porno –ya sea que se retire después de haber hecho su fortuna o de ser destruida por enfermedades, drogas, alcohol o por el abuso físico en manos de sus explotadores— duran entre tres y cuatro años. Viper sobrevivió un poco más, a pesar de que en primera instancia el público no la recibió con agrado a causa de su apariencia punk y de su inquietante tatuaje.

La carrera fílmica de Viper empezó con la cinta White Trash y alcanzó su cúspide con Mystery of the Golden Lotus e inició su descenso con Erotic Heights, aunque participó en más de 100 películas XXX. En el trayecto hacia el precipicio –cuando las anfetaminas eran parte de su dieta diaria, así como también lo eran la brujería y los problemas legales—, primero cayó en manos de productores de cintas de porno duro y después en una unidad de cuidado de salud mental del Cedar´s Sinai Hospital, al ser encontrada deambulando desnuda en pleno Boulevard de Santa Mónica.

El 21 de septiembre de 1991, el auto de Viper fue hallado abandonado en una sección de alta criminalidad de Little Rock, Arkansas, en la que había una nota que decía: “Viper está muerta y enterrada”. Sin embargo, pocos días después de este episodio, Bill Margold recibió una carta fechada en Filadelfia, escrita por el puño y letra de la ex actriz. Más adelante, el productor recibió otra misiva, ahora con matasellos de Filadelfia. Después… nada.

En 1998, la madre de Viper confirmó que su hija estaba viva y que su pasado había quedado atrás. “Está muy bien y contenta con su vida; a los 39 años está aprendiendo un nuevo oficio”, decía el mensaje enviado por la madre de una de las estrellas más rutilantes en la historia del cine porno.