Stalin. La prestidigitación del dictador

Dentro de la historia de la prestidigitación de los dictadores, Stalin bien podría ser nombrado el santo patrón del deconstruccionismo.

El georgiano creía, a manera de venganza, que la historia no era a fin de cuentas sino ficción, un texto infinitamente maleable. De hecho, su actitud hacia la historia como registro fue una extensión de su actitud hacia la historia como una realidad viviente. Como un fotógrafo en una atmósfera llena de inconvenientes, la sociedad podía ser reconfigurada a voluntad. Todas las clases sociales, por ejemplo, eran factibles de ser extirpadas. Y para su propósito sirvieron con la misma efectividad la pistola que el aerógrafo.
Siniestro y grotesco como la mayoría de los dictadores, Stalin dejó tras de sí una fantasmal recolección de imágenes trucadas y retocadas que sólo hablan de una conclusión atroz: su verdad se sustentaba en una montaña de mentiras.
Y de todas sus mentiras, las fotografías han quedado para la perpetuidad. La vanidad y el revanchismo fueron las dos piezas importantes del engranaje mental de Stalin, aunque ambas estuvieron ocultas durante su era gracias al gran poder que acumuló. Tras la muerte de Lenin en 1924, el parámetro de poder de Stalin sólo estuvo justificado en una competencia absurda por superar los logros del autor de El imperialismo, fase superior del capitalismo.
Aunque Stalin no estuvo en la comitiva que recibió a Lenin en su entrada triunfal a la estación ferroviaria de Petrogrado en 1917, la magia del arte corrigió ese “error” de la historia. En una pintura de Mikjail Sokolov se aprecia a Stalin a la derecha de Lenin cuando éste ha bajado del tren y levanta su brazo en señal de saludo. En otras fotografías, aguafuertes y esculturas, Stalin y Lenin aparecen en una estrecha proximidad física; Lenin confía algo a Stalin o viceversa e incluso se llega al colmo de que Lenin parece recibir instrucciones del futuro sátrapa. Con el correr de los años las imágenes fueron más atrevidas, mostrando a Lenin sentado y a Stalin de pie o a éste marchando con paso firme hacia la conquista del futuro sin haber olvidado meter las mangas de sus pantalones dentro de sus intimidantes botas hasta las rodillas.
La realidad fue diferente. Hacia el final de su vida, Lenin intentó la remoción de Stalin de la secretaría general del Partido Comunista, cosa que pudo haber salvado miles de vidas de haber triunfado en sus propósitos. Y pese a los elementos torcidos que Stalin presentó de su relación con Lenin, lo cierto es que también existieron algunos puntos de acuerdo entre ambos personajes; no hay que olvidar, por ejemplo, que fue Lenin quien inventó la policía secreta soviética y los gulag.
Pero del mismo modo que el campesino georgiano fue un maestro en la invención de imágenes, lo fue más en la desaparición física de sus oponentes políticos, para lo cual fueron de gran utilidad los servicios de la policía secreta. Ahí está el caso de su principal rival por el poder: León Trotsky, quien primero fue desaparecido de las fotografías donde acompañaba a Stalin, a lo que siguió la remoción de sus libros de las bibliotecas del país, antes de ser cruelmente asesinado en Coyoacán en 1940.
Para Stalin fue particularmente importante que todas las fotografías que mostraban a Lenin y Trotsky juntos desaparecieran del mapa político. En las reproducciones subsecuentes de la famosa fotografía de 1920, donde Lenin aparece vestido de soldado enfrente del Teatro Bolshoi, Trotsky fue desvanecido de la imagen con tanta maestría que, en el lugar donde estaba aquél, se aprecian las masas populares. En otra foto de esa misma serie sólo logró salvarse un codo de Trotsky.
Los lambiscones siempre han hecho hasta lo imposible por retratarse al lado de los estadistas. Tal práctica no era muy aconsejable en la época dorada del dictador, tal y como lo demuestran cuatro variantes de un mismo tema. En la primera fotografía Stalin aparece en compañía de tres tovarich, y al fondo un simpático candelero. En la segunda imagen el camarada de la derecha de Stalin y el candelero (¿cuál fue el pecado de este artefacto?) simple y sencillamente desaparecieron. En la tercera versión sólo Sergei Kirov (quien no tardaría en morir a manos de Lavrenti Beria, el perro guardián del dictador) aparece al lado de Stalin. Y, en la cuarta foto, una silla y una columna escoltan a Stalin, quien ahora aparece completamente ¡solo!
Pero aquí no para todo. Stalin también fue el primer promotor del maquillaje político. En una fotografía original, el camarada Stalin luce desconfiado, añoso, maligno. En la versión retocada, la piel del dictador ha sido positivamente maquillada y su cabello y bigote son ahora suaves como los de un ídolo de matiné, sólo el brillo de sus ojos permanece igual.
Aunque Stalin siempre cuidó su apariencia, especialmente su rostro, fue aún más escrupuloso con su estatura, que, pese a no ser tan apantalladora, siempre se las arreglaba para aparecer en las fotografías como el hombre más alto del grupo. Desafortunadamente para el dictador surgido del campesinado ruso, tras su muerte sufrió el mismo destino de aquellos que había castigado en vida. Durante algún tiempo permaneció nuevamente al lado de Lenin en el mausoleo de la Plaza Roja; sin embargo, una noche de 1962 el cuerpo embalsamado de Stalin fue removido subrepticiamente y su nombre borrado de la tumba de granito rojo que alguna vez ocupó, lo que habla perfectamente de que la eficacia soviética en cuestión de desvanecimientos fue algo más que un mito genial