Lolita, ¿un plagio de Nabokov?

POR Christopher Caldwell
TRADUCCION José Luis Duran King

El erudito literario Michael Maar encontró un cuento corto fechado en 1916 titulado Lolita. La obra está firmada por el escritor berlinés Heinz von Lichberg, quien narra la historia de un hombre obsesionado por una adolescente. ¿Plagió Nabokov la historia del autor alemán o sólo se trata de una extraordinaria coincidencia?

En una carta ficticia a Vladimir Nabokov por su obra de 1955, Lolita, un psicólogo explica que “el autor” del libro, el pedófilo Humbert Humbert, ha disfrazado los nombres de muchos personajes. Pero no el de la propia Lolita –el objeto de 12 años que obsesiona a Humbert–, ya que “su nombre de pila está estrechamente vinculado con la fibra íntima del libro como para alterarlo”.

 Por su parte, el erudito literario Michael Maar ha especulado que el nombre Lolita de modo similar puede tener un origen que el propio Nabokov ocultó. En el Die Frankfurter Allgemeine Zeitung, así como en The Times Literary Supplement, Maar previno a los lectores acerca de un cuento corto fechado en 1916 titulado Lolita, escrito por un oscuro autor berlinés, Heinz von Lichberg, quien más adelante trabajó para una editorial vinculada con publicaciones nazis.

En el cuento corto, al igual que en la novela de Nabokov, un narrador masculino en primera persona describe su obsesión por una adolescente llamada Lolita con la que emprende un largo viaje que termina fatalmente. Maar encuentra coincidencias en trama, narrativa y en el nombre corto. No acusa a Nabokov de plagio, ya que éste “era un genio por derecho propio”. Maar prefiere utilizar la palabra “criptomnesia”, un proceso en el cual las cosas son aprendidas, olvidadas y que posteriormente aparecen como originales cuando son recordadas. Ya que Nabokov vivió en Berlín de 1922 a 1937, Maar pregunta: ¿pudo el escritor haber estado bajo el “estímulo” de la historia de Von Lichberg? Si fue así, ¿qué nos tiene que decir sobre una de las obras de ficción más famosas y notorias de la segunda mitad del siglo pasado?

Plagiario improbable
La obra de Von Lichberg es un cuento gótico de 18 páginas que se ubica en España. La de Nabokov es el “diario de un loco” que tiene lugar en Estados Unidos y supera las 300 páginas. Por supuesto, la coincidencia de nombres es evidente. Pero incluso si la de Nabokov tuvo en mente de alguna manera el nombre de la heroína de Lichberg eso no significa que su libro sea cuestionable.

Una vez que las obsesiones de los narradores con la juventud son consideradas, otras semejanzas se ensamblan en ese territorio. Maar anota que el narrador de Von Lichberg se enamora en un “amor fatal a primera vista”, lo que no puede sino recordarnos a la Lolita posterior. Así sucede con la mayoría de las historias de amor siempre escritas. Que ambas novelas describan a las adolescentes como “amuchachados” no es más sorprendente que las dos obras describan a los jugadores de básquetbol como “altos”.

Tampoco debe sorprender demasiado la acotación de Maar acerca de que en la primera Lolita “es ella la que seduce al narrador, como sucede con Humbert Humbert”. Como cualquier fiscal público provinciano sabe, el patrón de los ofensores sexuales al intentar justificar sus crímenes es decir que ella lo pidió. Si Nabokov y Von Lichberg revelaron cándidamente su propia lascivia o la pensaron a su manera en la mente de sus narradores, una descripción de la niña como seductora es la primera cosa que uno esperaría encontrar en un relato ficticio.

Nabokov es un plagiario improbable. La afiliación de una voz distintiva literaria lo obsesionó. “El estilo no es un instrumento”, alguna vez dijo en una conferencia, “no es un método, no es una opción sólo de palabras. Al ser mucho más que todo eso, el estilo constituye un componente intrínseco o la característica de la personalidad del autor”.

Entonces, ¿por qué el alboroto? Hoy pocos libros evocan el valor de las emociones que contienen. Los literatos posmodernos se conforman con establecerse en los viejos feudos literarios una y otra vez.

El último tabú
Vincular a Von Lichberg con Nabokov deja a la opinión de los lectores la pregunta de qué tan sucio es un libro como Lolita. Si se considera a Humbert Humbert un pervertido con quien sólo los raros pueden simpatizar, entonces es muy improbable que Nabokov arribara a sus similitudes con Von Lichberg por accidente. En ese caso, un protagonista comprometido sugiere un autor comprometido.

Pero también hay que considerar el vicio de Humbert, como Lionel Trilling lo hizo, como una parte de la herencia humana que la civilización ha intentado cubrir o por lo menos tamizar. Aunque Trilling encontró a Lolita pornográfica y de vez en cuando baja, concedió que “no es [una obra] sobre el sexo sino sobre el amor”. Trilling se refiere al amor cortés –la “pasión” –, con sus alusiones etimológicas de sufrimiento y condena. El arte no transige con el amor de esa forma hoy en día, Trilling aduce, porque “nos hemos hecho tan amablemente perspicaces, tan sensatos” que ninguna pasión nos puede sobresaltar, ninguna opción amatoria es despreciada, nadie es condenado. Amantes tan celosos como Otelo o tan frustrados por el esnobismo como Romeo y Julieta serían inverosímiles. Para crear un protagonista condenado por su pasión hay que buscarlo en el único tabú abandonado que queda en pie: la pedofilia.

Lolita es una oferta amarga para rescatar el amor de las fuerzas de la salud –el matrimonio por un lado y la psiquiatría por el otro–, para reclamarlo para el sufrimiento y el arte. Si a Trilling le asiste la razón, entonces Lolita tiene una estética racional tan apremiante que no resulta una sorpresa que dos autores graviten ella por separado.

Si el elemento racional no existe, entonces las similitudes son sospechosas. Ese es el por qué la presente controversia agrega más escépticos a Lolita que adherentes. El consenso durante los últimos 50 años ha sido que Lolita no es una obra sucia porque es el trabajo de genio original. La nueva controversia atiza las esperanzas de los escépticos de que ahora pueden ganar al contar con el argumento de un tecnicismo: si Lolita no es la obra de un genio original, entonces es una novela sucia. El veredicto parecería ser que ambas tesis tienen la razón.

Tomado de: The New York Times. Mayo 23, 2004.