Brian Jones: el último de los decadentes

POR Jeremy Reed
A 40 años de la muerte de Brian Jones, el multi instrumentista de The Rolling Stones, el recuerdo de este músico sigue presente como una de las primeras individualidades autodestructivas de las muchas que han pisado los escenarios del rock

Brian_1(rollingstone.es)

Fue un Brian disociado y espantado el que regresó a Londres en busca de Pallenberg. Sin que lo supiera Brian, cuya desesperación aumentaba hora con hora, Richards [Keith] y Pallenberg se habían ido juntos a St. John Wood, de donde no saldrían sino hasta una semana después. Jones hacía llamadas por todo Londres, frenéticamente, sin éxito, intentando conocer el paradero de Pallenberg. Cuando Brian por fin logró contactar a Anita, su petición de ser escuchado recibió la siguiente respuesta: “No, eres demasiado ojete como para vivir contigo. Keith y yo vamos a intentarlo juntos”. Para Brian, ese rechazo significó un colapso moral completo y lo encaró con una decisión que hasta entonces había postergado: ingresó por sí mismo a la Clínica del Priorato de Roehampton el 9 de marzo de 1967, donde era visitado por su amigo Nicholas Fitzgerald. Nicholas nos dijo que había encontrado a Brian vestido con una bata dorada, profundamente deprimido y sin ganas de discutir acerca de los eventos traumatizantes que lo condujeron a su colapso actual.
Construido en 1811 como una residencia privada de 4 mil acres, el Priorato se convirtió en un hospital psiquiátrico en la década setenta del siglo XIX. A Brian no resultaba extraño ese edificio —situado en los bordes de Kew y Richmond— ni su tolerante pero al mismo tiempo severo régimen, al cual había se había sometido en diversas ocasiones para recobrarse de sus recaídas nerviosas. La prístina habitación de muros con magnolias que él ocupaba era lo suficientemente cómoda como para prepararlo para la inminente gira de The Rolling Stones por Europa, que iniciaría dentro de dos semanas. Aunque Brian estaba fundido en su aspecto emocional, minado psicológicamente y con la moral por los suelos en lo sentimental, era imperativo que ocupara su lugar en la banda, cuya gira se tambaleaba por culpa de él. Y a pesar de que sólo tenía 25 años y de que era adulado al grado de recibir miles de cartas de sus simpatizantes cada mes, la vida privada de Brian Jones está comprobado que era un continuo desastre.

Pocos de sus seguidores habrían reconocido al Brian fragmentado y alienado que yacía exhausto en su cuarto monástico del Priorato. Sus dependencias eran curables por lo menos en hipótesis, y había razones para creer que llegaría un momento en que Brian dejaría para siempre las drogas, pero su devastada psique interior estaba aún más dañada que su aspecto exterior. Todo lo que Brian había asimilado en su vida era rechazo. Su extrema sensibilidad y su tendencia hacia una forma narcisista de auto-reverencia hacían que no pudiera asimilar el rechazo. El atractivo muy de los sesenta de Anita Pallenberg, así como la magnitud generada por su fuerte personalidad, hicieron creer que sería la contraparte ideal de Brian. Sin embargo, no sólo sufrió una forma brutal de rechazo sino que perdió en Anita a alguien que había sido sumamente importante en su larga lucha contra la paranoia. Brian se sintió humillado y sin la oportunidad de compartir su decepción dentro de la infraestructura política de la banda, por lo que volvió la agresividad hacia sí mismo.

En términos de calidad, la gira en la que Brian participó probó ser una de las peores del grupo. Actuando en nueve países europeos, la banda y su equipo humano fueron sometidos a una revisión metódica en toda aduana por la que pasaban. La asociación del grupo con las drogas era de conocimiento internacional. Brian, al igual que sus colegas, a menudo era desnudado por las autoridades aduanales, quienes buscaban sustancias ilegales. Al final de su exhaustiva gira, The Rolling Stones llevó a cabo un concierto histórico detrás de la cortina de hierro, en Varsovia, Polonia. Afuera del Palacio de la Cultura, la policía, en su intento por apagar un brote de insurgencia juvenil, arrojó chorros de agua a la multitud, antes de liberar a los doberman y de rociar gas en los ojos de los jóvenes. Dada la frágil condición mental que en esos momentos aquejaba a Brian Jones, esos sórdidos eventos sólo contribuyeron a crear mayor presión en él.

La educación de Brian, junto con su carácter introvertido, le impedía discutir sus problemas personales con sus amigos. Sus necesidades, cuando las hacía manifiestas, eran de índole práctica, mientras que sus cicatrices internas permanecían intactas y nunca alcanzaban la categoría del discurso. Brian intentó conciliar sus emociones pero, al fracasar, regresó a sus antiguos hábitos.

Brian_2(www.efeeme.com)

Un amigo de Brian, Christopher Gibbs, ofrece un retrato del caos en que se había convertido la casa del músico en Courtfield Road, cuando, mediante el alcohol, intentó exorcizar el aura demoníaca de Pallenberg: “Vivía en un completo caos. Tenía cientos de prendas hermosas, pero éstas estaban esparcidas por todo el piso. Había también docenas de instrumentos rotos que no habían sido reparados; estaban amontonados por todos lados. Era un desorden terrible, pero así era como él se sentía… No vivía como una persona normal… No se acostaba por la noche y se levantaba por la mañana; se levantaba y acostaba cuando sentía que tenía que hacerlo. No tenía nada qué hacer cuando rugían los autobuses o los bancos estaban abiertos ni le importaba si era de día. Todo revoloteaba alrededor suyo. Podía arribar a un restaurante justo en el momento en que iban a cerrar y se sorprendía porque ya no había comida, y entonces hacía un escándalo por ello”.

La incapacidad de Brian Jones de diferenciar el día de la noche y su fracaso por imponer una disciplina estructurada en su vida sugieren a un individuo divorciado radicalmente de la realidad. El psiquiatra de Brian había postulado que una sentencia de prisión podría devenir en una ruptura psicótica en una parte de su paciente y en un alejamiento total de la realidad. Que Brian viviera en un estado de psicosis está fuera de toda duda y que tal condición se agravaría con el consumo severo de alcohol y drogas, también. En términos de tradición decadentista podemos invocar la figura del conde Eric Stenbock, como una situación análoga en la ruptura de Brian con la realidad.

La riqueza de Stenbock y sus hábitos de opiómano y alcohólico alentaron a este conde a quemar las naves del mundo práctico. Pronto, finalmente optó por habitar un microcosmos privado, inspirado por las drogas. Durante sus cortas estancias en el mundo real escribió algunas historias de vampiros, compiladas en Studies In Death (1894). Aislado y socialmente proscrito a causa de su homosexualismo, Stenbock construyó a su alrededor un mundo de fantasía. Según palabras del biógrafo de Stenbock, John Adlard, el conde en sus viajes “tenía que ser escoltado, y con él iba un perro, un mono y un muñeco con apariencia humana. Él estaba convencido de que el monigote era su hijo y se refería a él como le petit comte. Todo el tiempo lo traía consigo y, cuando no estaba cerca de él, preguntaba cómo estaba de salud. Los Stenbock tenían la certeza de que un cura deshonesto —quizá un jesuita— había obtenido del conde una gran suma de dinero bajo la pretensión de pagar la educación de le petit comte.

El cariño por la ropa cara es sólo uno de los elementos que Stenbock comparte con Brian Jones. Asimismo, ambos hombres eran presumidos, ajenos a las convenciones sociales y buscaban el refugio de los estimulantes para soportar las demandas de la realidad y generalmente vivieron fuera de la ley. La riqueza y abolengo de Stenbock, junto con la ausencia de leyes antinarcóticos que regularan el consumo de opio y hachís en el Londres de los años 90 del siglo XIX, le permitieron fumar sin temor a la interferencia policiaca. Contrariamente a Oscar Wilde, la abierta homosexualidad de Stenbock se mantuvo alejada de las persecuciones. No sucedió lo mismo con los parámetros de su vida privada, la cual, al igual que Brian Jones, por ser un personaje famoso, se convertía en un escándalo público. En los casos de Stenbock y Brian Jones sus experiencias en el amplio espectro de las drogas terminaron por arruinar sus respectivas mente y salud.

Un aliciente importante para reforzar la frágil personalidad de Brian se presentó al momento de demostrar su independencia musical del proyecto de The Rolling Stones. Su amplio conocimiento de diferentes instrumentos musicales, así como su intuición artística, eran factores que permitían augurarle un proyecto personal capaz de llegar a buen puerto. El trabajo se convirtió en una obsesión y por primera vez en su vida mostró disciplina al momento de hacer sus tareas, disciplina que por cierto había estado ausente en sus últimas sesiones con The Rolling Stones. Con la colaboración de Jimmy Page en la guitarra y Nicky Hopkins en el piano, Brian llenó el estudio con instrumentos tan diversos como flautas, cítaras y banjos. El resultado de las sesiones fue un éxito inspirado. Jones demostró sus habilidades al mundo y removió un poco el sentimiento de inferioridad que él sentía en presencia de Jagger y Richards.

Brian_3(tekumseh64.wordpress.com)

Que Brian Jones fuera el miembro de los Rolling más admirado por otros músicos debido a su virtuosismo fue algo que paradójicamente contribuyó a la pérdida de su autoestima. Jagger y Richards conspiraron para que Brian se sintiera como una víctima impotente en los estudios de grabación. Aterrorizado por ser rechazado en la banda, Jones llegaba a las sesiones completamente ebrio. El productor de los Stones, Jimmy Miller, declaró: “Los 18 meses que estuvo con el grupo estuvieron plagados de problemas personales de Brian, y sus diferencias musicales con el resto de la banda iban en aumento. Él era por entero un músico y nunca se adaptó completamente a la imagen comercial que demandaba The Rolling Stones”.

Las oscilaciones en la personalidad de Brian Jones dependían mucho de cómo estuviera su autoestima. Parecía ser incapaz de confrontar sus demonios internos sin ayuda de las drogas, por lo que volvió a los Tuinols y Mandrax para encarar las sesiones de grabación. Si hubiera confrontado sus obsesiones con la ayuda de un especialista jungiano o de la psicología arquetípica, es decir, sin fármacos, hubiera existido alguna posibilidad de que saliera adelante. No fue así, el humor negativo de Jones lo condujo al nihilismo y a retacar sus bolsillos con drogas lo mismo prescritas que ilegales.

Todo en la vida de Brian daba la apariencia de colapsarse. Su paranoia rápidamente se expresaba en diversas manías. Se obsesionó, por ejemplo, con la idea de que su teléfono estaba intervenido. Creció en él la sospecha de que los carros estacionados en la calle los ocupaban personas que lo vigilaban día y noche, por lo que en una ocasión ofreció una improvisada conferencia de prensa desde su balcón. Su deterioro nervioso era evidente. Ahora semejaba a otra persona rubia, también degenerada en su sistema nervioso, Marilyn Monroe, cuyos síntomas de desorden interior devastaron rápidamente su belleza. Sin el menor apoyo de sus colegas Jagger y Richards, la reacción de Brian Jones a la crisis fue de fractura emocional.

Faltaba muy poco para la fractura total…

Tomado de: Brian Jones: The Last Decadent. Creation Books, 1999.
Traducción: José Luis Durán King.