Django Reinhardt: un gitano en la periferia parisina

POR Joel Selvin

El guitarrista francogitano Django Reinhardt vivió en la periferia de País, pero el magistral estilo de interpretar su instrumento trascendió hacia las capitales del jazz al otro lado del Atlántico

Sólo trozos de película le sobreviven, sólo cumplió unos cuantos contratos en Estados Unidos hace más de 50 años, y los registros de primera mano en torno a él son pocos, pero cientos de grabaciones son una prueba contundente: Django Reinhardt fue probablemente el más grande guitarrista que haya tocado ese instrumento.
Aunque el jazzista francogitano –quien falleció a consecuencia de una hemorragia cerebral a los 43 años en 1953– vivió en la periferia de la sociedad francesa, su forma de interpretar la guitarra trascendió hacia las capitales del jazz al otro lado del Atlántico. En consecuencia, su vida es casi una leyenda, avivada por la extraordinaria cantidad de grabaciones que realizó.
La vida de Reinhardt puede leerse como un relato de ficción. A los 18 años fue atrapado por un incendio en su caravana. El siniestro dañó su mano izquierda, inmovilizándole tres dedos. Analfabeto, Reinhardt fue un mujeriego y jugador compulsivo con el que no se tenía garantía de nada, ni siquiera para las presentaciones acordadas con él de antemano. Aun así prácticamente fue el inventor del jazz francés.
Con su biografía largamente postergada, Django: The Life and Music of a Gypsy Legend, el autor Michael Dregni nos devela a Reinhardt el hombre, al bribón y sinvergüenza, al improvisador trascendente, al ser humano fracasado. Reinhardt creció en los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial en La Zona, los campamentos gitanos de París, donde sus habilidades guitarrísticas afloraron en la interpretación del musette, la música popular francesa de la época que se escuchaba en los salones de París, en el mundo de los gadju, es decir, los no gitanos. Su estilo fue influenciado al escuchar el jazz de Estados Unidos interpretado por bandas encabezadas por músicos expatriados de Norteamérica, como la Novelty Jazz Band de Billy Arnold.

Un nuevo mundo
Dregni describe una escena catártica ocurrida en julio de 1931 en un apartamento arriba de una café en Tolón, donde un artista diletante llamado Emile Savitry puso un disco que Reinhardt escuchó con atención. Se trataba de la pieza Indian Cradle Song, interpretada por Louis Armstrong. La percepción del mundo cambió para Reinhardt.
“Fue como ver a un enorme animal, en silencio, aturdido por el resplandor del sol”, cita Dregni las palabras que Savitry dijo en torno a la respuesta de Reinhardt al escuchar la música de Armstrong.
Bajo el aliento y la organización de los fundadores del Hot Club de Francia, Charles Delaunay y Hugues Panassie, Reinhardt y el violinista Stephane Grappelli formaron en 1934 La Quintette du Hot Club de France, iniciando una serie de grabaciones que no sólo permitieron que Reinhardt rotulara su nombre en forma indeleble en los anales de la música sino establecer al jazz como un lenguaje internacional. Reinhardt grabó algunas de sus mejores piezas en los años treinta del siglo XX en sesiones alternando con jazzistas visitantes de Estados Unidos como Benny Carter y Coleman Hawkins.

La guerra llegó a Francia mientras La Quintette estaba de gira en Londres. Reinhardt regresó a casa inmediatamente, dejando pendiente una serie de presentaciones y provocando el enojo de Grappelli, a quien dijo adiós en la banqueta a las afueras del hotel donde se hospedaban. Bajo la ocupación nazi, Reinhardt grabó el que definitivamente es su mayor éxito, Nuages, una lamentación triste que se convirtió en el sonido distintivo de la época para muchos parisinos. Al exterior de la Francia ocupada la pieza no fue escuchada y había rumores de que Reinhardt había muerto. Una gran cantidad de seguidores del jazz arribó a París después de la conflagración buscando específicamente al talentoso músico. Tras la liberación de la ciudad, Reinhardt y Grappelli se reunieron, pero Reinhardt aún no decidía si continuar etiquetado con la música que interpretaba antes de la guerra o intentar el nuevo sonido agresivo llamado bebop que había escuchado en grabaciones de Charlie Parker y Dizzy Gillespie.

Estrellato que no llegó
En 1946 viajó a Estados Unidos por invitación de Duke Ellington. Reinhardt tenía la certeza de que en cuanto aterrizara sería una estrella en el centro del escenario, en la pantalla y las salas de concierto de todo Norteamérica. Llegó sin su característica guitarra Selmer y apareció como invitado especial en una gira de Ellington, la cual incluyó dos presentaciones en Carnegie Hall de Nueva York. Reinhardt casi pierde la segunda presentación debido a un itinerario de bares que realizaba en compañía de un campesino.
Después de nueve semanas en Estados Unidos regresó a París, encontrando clausurado el bar en el que actuaba y con la vida nocturna en una etapa de depresión. Su carrera iba en picada, pues los parisinos identificaban su música con el sonido de la ocupación. No podía encontrar trabajo. Después de una gira por Italia y otra reunión sentimental con el violinista Grappelli en los estudios de grabación de Roma, nunca más volvió a tocar con su asociado más famoso.
Para el otoño de 1951 Reinhardt había abandonado casi por completo la música y se había mudado a Samois-sur- Seine, una ciudad pequeña a las afueras de París, donde mataba el tiempo pescando y pintando paisajes y desnudos. Al momento de su muerte había regresado a tocar a los centros nocturnos de París y a los estudios de grabación, aunque tenía planes de unirse a una gira de estrellas de jazz por Europa y Estados Unidos.

Tomado de: San Francisco Chronicle. Noviembre 21, 2004