Opio: la atracción turística

Por Opera Mundi

1868, un jugador de San Francisco fue registrado como el primer hombre blanco en fumar opio. Poco después muchos más lo imitarían. Los fumaderos de opio fueron un asilo para los caucasianos marginados por la sociedad blanca formal. Esos lugares eran considerados generalmente como centros para actividades criminales
De acuerdo con el libro Opium the History, el consumo de opio llegó a Estados Unidos con la primera migración de trabajadores chinos adictos por el expansionismo comercial de la droga impulsado por la política británica. Los primeros fumaderos surgieron dentro de la propia comunidad china. Pero pronto se extendieron, ofreciendo opio, por supuesto, pero también juego, prostitución y usura.
“En 1874, el senador estadounidense J.P. Newman se refirió a los chinos de la manera siguiente: ‘Ellos han llegado a nosotros debilitados, han llegado enervados por la influencia del opio… Por lo tanto, les damos la bienvenida, pero no podemos recibirlos como fumadores de opio´” (p. 194, Opium A History, de Martin Booth).
En 1868, un jugador de San Francisco apellidado Clendenyn fue registrado como el primer hombre blanco en fumar opio. Poco después, muchos más lo imitarían. Los fumaderos de opio fueron un asilo para los caucasianos marginados por la sociedad blanca formal. Esos lugares eran considerados generalmente como centros para actividades criminales. La palabra dive es una abreviación de diván. Eso significa “una habitación de concilio” en los países orientales. Otros significados en el diccionario se refieren a una habitación para fumar, así como un gran sofá sin apoyos para los brazos. Todas las referencias pueden vincularse a los fumaderos de opio.
Existe un amplio espectro en lo que concierne a tamaño y distribución ofrecidos por aquellos que concurrían a los fumaderos de opio. Algunas eran casas elaboradas, capaces de albergar hasta 24 fumadores al mismo tiempo, mientras que otros sólo eran cuartos traseros de lavanderías chinas.

Subcultura de la droga
Martin Booth establece que el opio alcanzó su cresta más alta en 1883. De acuerdo con los registros, 208 mil 152 libras de opio para fumar fueron importadas por Estados Unidos, principalmente a través del puerto de San Francisco. Para finales del siglo XIX, los fumaderos de opio se consolidaron en lo que Booth denomina “el lugar de nacimiento de la subcultura de la droga en Estados Unidos, una fusión cosmopolita de costumbres, mitos y valores, de oriente y occidente”.
En la cultura del consumo de opio surgió una jerga. “El trazo largo” se refería a la habilidad para inhalar una píldora entera de opio de una sola bocanada. Correspondía a los “jefes” preparar las píldoras. Las pipas utilizadas y los hábitos de fumar opio eran conocidos como “yen”, del verbo “fumar” en el dialecto pequinés. Dicho vocabulario era especialmente popular en los círculos literarios que frecuentaban los fumaderos de opio.
La atracción mística de los fumaderos de opio fue ganando una gran atención. “El demonio chino del opio” sugería que los fumaderos estaban considerados “algo que se debía ver” dentro de la atracción turística de San Francisco. Los turistas enviaban tarjetas postales a sus amigos y familiares describiendo una gran variedad de circunstancias que uno podía encontrar cuando visitaba alguno de los muchos fumaderos de opio de San Francisco. Las cartas hablaban de las pipas y de curiosas posturas de los consumidores, todo con la esperanza de embellecer sus aventuras.
Willard Farwell escribió acerca de sus impresiones de la atmósfera dentro de los fumaderos de opio, aduciendo que por su potencia era tangible a los cinco sentidos. Decía que podías ver el humo del opio, sentir el vapor del opio, saborear el delgado aire del opio, oler el humo de opio e, incluso, escuchar al fumador del opio dando sus aspiradas a la pipa.
Círculo literario
Los escritores fueron atraídos por los fumaderos de opio con la esperanza de que la droga los ayudara a liberarse de sus inhibiciones y les permitiría contar con experiencias nuevas para escribir con mayores formas expresivas. Rudyard Kipling y Mark Twain fueron dos de los escritores seducidos por ese señuelo. Mark Twain escribió que los jugos de los tallos de la amapola son tan potentes que pueden hacer girar el estómago de una estatua.
Barbara Hodgson sugiere en su libro Opium que el consumo de la droga fue practicado por un afluente menor de la sociedad. Ese grupo también deseaba escapar de las presiones de su ambiente y disfrutar la libertad de ingresar a la dimensión fabulada que el opio les ofrecía.
La sociedad decente temía que esa atracción opiácea creara un incremento de los fumaderos. Dicha actitud fue reforzada mediante el odio racial. Las historias basadas en ese temor fueron escritas y publicadas en los periódicos locales. Muchos de los escritores fueron acusados por describir fanáticamente los fumaderos.
No todos los escritores de la época abordaron los males del opio ni todos los escritores se refirieron extensamente a los fumaderos de la comunidad china. Algunos escritores hicieron la crónica de varios fumaderos en otras partes de la ciudad a los que acudían los caucásicos. The Hatchet Men de Richard Dillon apunta que tanto mujeres como hombres eran visitantes asiduos de los fumaderos. Dillon se refiere a un fumadero en particular de San Francisco que era frecuentado solo por mujeres y que se llamaba Blind Annies. Presunciones inexactas asumían que toda mujer que acudía a los fumaderos era una prostituta. Opio, racismo, sexo y alta sociedad se convirtieron en el combustible de los tabloides.
Elite contracultural
En 1875 y 1876, San Francisco y la ciudad de Virginia aprobaron una ordenanza que prohibía fumar y poseer opio, incluyendo la parafernalia necesaria para consumir u organizar un fumadero. Sin embargo, sólo los fumaderos a los que asistían los caucásicos fueron clausurados. Los pequeños fumaderos frecuentados por los chinos fueron ignorados.
Pero por inventiva no paró. La gente blanca simplemente se asentó cerca de los fumaderos de las comunidades chinas. Mientras que la población adinerada de ese mismo sector organizaba sus fumaderos privados, abasteciéndose con los mercaderes chinos de opio. El libro Opium A History de Martin Booth establece que para la década de los veinte del siglo pasado la mayoría de las ciudades de Estados Unidos contaban con fumaderos. Los consumidores ricos, especialmente aquellos conectados al negocio del espectáculo, tenían fuero para evitar arrestos por posesión de pequeñas cantidades de opio. En la autobiografía de Errol Flynn, My Wicked, Wicked Ways, describe con lujo de detalle su experiencia en un fumadero e insiste que el opio aumentaba sus capacidades sexuales.
Fumar opio se volvió una moda. Los fumadores, coloquialmente conocidos como “pipies”, se consideraban una elite en la contracultura de las drogas. Con el tiempo fumar opio se hizo más y más raro y el contrabando disminuyó.
Los fumaderos de opio no fueron un fenómeno exclusivo de Estados Unidos. Los británicos también tuvieron los suyos. En el libro Opio de Hodgson, señala que el consumo de opio en Gran Bretaña “fue confinado a un nivel alto de la sociedad que tuvo poco que ver con el consumidor ordinario”. La investigadora sugiere que “el círculo literario de la época, que incluía a autores como Charles Dickens y Arthur Conan Doyle, retrataron el lado este del barrio chino llamado la Casa de la Lima como el lugar más misterioso de la tierra.”Un lugar que constantemente estaba cubierto por la niebla y el humo de opio” y que rápidamente se desbordó a otros segmentos de la sociedad. Los pecados de los que esos autores hablaron acerca de la Casa de la Lima son cuestionados en el libro de Hodgson. La autora pone en duda qué tan realistas eran los escritores del círculo literario de entonces al presentar un registro objetivo. Virginia Berridge, coautora de Opium and the People (1981), provee estadísticas que muestran que la población china en el Londres de esa época era pequeña, transitoria y tranquila, no merecedora de la atención histórica que ha recibido.
Al llegar la Segunda Guerra Mundial muy pocos fumaderos de opio sobrevivieron.

Tomado de. Poppies Shop. www.poppiesshop.com/opium/opium.html