Albert Pierrepoint: el verdugo gentil

POR Geoffrey Wheatcroft

Albert Pierrepoint fue el verdugo más eficaz en la historia de la pena de muerte en Inglaterra. Antes de cumplir con su macabra tarea, encendía un cigarro y lo dejaba en el cenicero. La fumada siguiente la daría segundos después, una vez que hubiera encapuchado, ajustado el nudo y dejado caer el cuerpo del ejecutado
Incluso el criminal de guerra más vil debe ser ejecutado rápida y humanitariamente, opinaba el mariscal de campo británico Montgomery, quien fue comandante durante la Segunda Guerra Mundial. O como “Monty” [Clive Francis] lo dice en Pierrepoint, una película estrenada en Inglaterra en 2006 sobre la carrera de Albert Pierrepoint, el verdugo más famoso del siglo 20 en el Reino Unido, aunque él prefería el término más decoroso de “ejecutor”.
Pero ninguna película resulta más dolorosa que los espantosos eventos en Bagdad: la ejecución de Saddam Hussein y sus cómplices, uno de ellos Barzan Ibrahim al-Tikriti, medio hermano de Saddam, quien fue decapitado durante el proceso. Un periódico londinense reportó que los verdugos iraquíes habían estudiado los meticulosos métodos de Pierrepoint. De ser así fue más que evidente que sus enseñanzas no surtieron mucho efecto.
Y hay una relevancia contemporánea. La historia de Pierrepoint también ilustra la profunda división –tanto cultural como política– entre Estados Unidos y Europa en torno a la pena capital. Si los estadounidenses son de Marte y los europeos son de Venus, como dice el refrán, es algo aún discutible. Lo que es cierto es que Estados Unidos conserva su entusiasmo por la horca, algo que produce perplejidad entre los opositores a la pena de muerte en Europa.
Al cliente, lo que pida
Ser un verdugo, o ejecutor, fue un oficio eventual, además de un negocio familiar, en el que Albert siguió los pasos de su padre y un tío. Pierrepoint se retiró (al no llegar a un acuerdo en el monto de sus ingresos) pocos años antes de que la pena capital fuera abolida en Gran Bretaña en 1964. El trabajo regular de este verdugo era administrar un pub en Oldham, Lancashire, que tenía por nombre “Ayuden al pobre estrangulador”. Durante su carrera, ejecutó a más de 400 personas, algunas de esas ejecuciones fueron muy celebradas. Los asesinatos cometidos por Neville Heath, John George Haigh y John Christie continúan siendo materia de libros y películas. Otros “clientes”, como él gustaba llamarlos, son recordados por diversas razones. Las ejecuciones de Timothy Evans, Derek Bentley y Ruth Ellis han sido vistas de maneras diferentes por despertar polémica en torno a la pena capital.
Quizá la más famosa fue Ruth Ellis, quien fue la última mujer en ser colgada en Inglaterra, en 1955, y cuya triste historia fue tema de una película, Dance With a Stranger, donde ella es interpretada por Miranda Richardson. Ellis acribilló a su errabundo amante (interpretado en la cinta por Rupert Everett), después de que éste la terminó. La ejecución de la patética mujer, acusada de crimen pasional, contribuyó a fortalecer la causa abolicionista.
La Segunda Guerra Mundial fue el mejor momento para Pierrepoint o, por lo menos, el más ocupado. Diariamente colgó asesinos: espías alemanes, soldados británicos y algunos cuantos estadounidenses. La anterior es una historia por sí misma. Por la duración de la guerra, el gobierno británico prestó al Tío Sam la prisión Shepton Mallet, en Somerset, que tuvo la función de una cárcel militar. No sólo eran miles de hombres presos lejos de casa sino que muchos soldados fueron ejecutados por asesinato o violación.
Al término de la guerra, Pierrepoint estuvo más ocupado que nunca. Colgó a dos hombres convictos (en medio de una dudosa legalidad) por traición: William Joyce, el locutor berlinés de radio conocido como “Lord Haw-Haw”, y a John Amery, hijo de un ministro del gabinete tori, quien mostró su humor patibulario al saludar a su verdugo con las palabras siguientes: “Siempre quise conocerlo, señor Pierrepoint, aunque no en estas circunstancias”.
Hombre sensible
Después en Hamelin, Alemania, colgó a criminales de guerra. La primera hornada del 13 de diciembre de 1945 incluyó al comandante Josef Kramer y a Irma Grese, su cómplice femenino. Como de costumbre, Pierrepoint cumplió su tarea con eficiencia. Consideraba las ejecuciones como un trabajo que tenía que llevar a cabo. Pensaba que la muerte era por sí misma el castigo y que debía ser infligida con el menor dolor, angustia y humillación para la persona condenada.
Pierrepoint era bastante puntilloso en lo que corresponde al aspecto técnico de su trabajo. Durante una gran parte de la historia, la palabra “colgado” significó estrangulado, hasta que en el siglo 19 se descubrió que, con el nudo de la cuerda correctamente hecho, éste rompería el cuello y causaría una muerte instantánea. La destreza radica en hacer el ajuste necesario para la persona: un nudo muy corto causa el estrangulamiento y muy largo la decapitación. Siguiendo al pie de la letra la Tabla Gubernamental Oficial de Caídas de 1913 (la pequeña gema de la burocracia británica), Pierrepoint media literalmente a sus clientes, calculaba su peso y altura, observándolos cuidadosamente, muchas veces oculto desde algún punto de la celda.
Pierrepoint se habría horrorizado con lo que todos hemos atestiguado en Bagdad, donde Saddam fue motivo de burlas por parte de sus enemigos chiítas, y Barzan fue literalmente desgarrado. Por el contrario, Pierrepoint gustaba dejar su cigarro consumiéndose en un cenicero mientras su cliente llegaba de la celda al andamio, era encapuchado, la soga atada alrededor del cuello y caía, todo en un proceso lo más rápido posible. Esto podría tomarle algo así como siete segundos, según él decía.
Tomado de: The Boston Globe. Enero 21, 2007.
Traducción: José Luis Durán King.