ALDOUS HUXLEY: un ensayista que escribía novelas

POR Dennis Drabelle

Aunque Aldous Huxley es autor de varias novelas, entre ellas Counter Point y Brave New World, quizá su mayor logro no lo alcanzó en ese género sino en su contribución a la psicología de la religión

Aldous Huxley falleció mientras viajaba en ácido. El 22 de noviembre de 1963 (el día en que John F. Kennedy fue asesinado), mortalmente enfermo de cáncer, incapaz de hablar, escribió una petición para que le inyectaran LSD, una droga que él había tomado varias veces en el pasado. Su doctor de cabecera consintió la petición. La segunda esposa de Huxley le administró una inyección y, dos horas después, una más. En concordancia con los principios de El libro tibetano de los muertos, ella lo ayudó a irse. Cuando ese momento llegó, así lo hizo.
El LSD no era nada nuevo para el hombre agonizante, pues por muchos años había consumido y escrito de los alucinógenos y sus efectos. Los entusiastas de la contracultura tienden a glorificar esos aspectos de la carrera de Huxley, mientras que los moralistas siempre están dispuestos a subestimar el consumo de drogas del escritor, como si fuera una vergüenza para la literatura. Con una postura imparcial en torno al cómo y por qué utilizaba las drogas, Nicholas Murray elaboró una biografía del escritor más veleidoso del siglo 20: británico y estadounidense, escéptico y creyente, clasicista en su estilo e iconoclasta de temperamento.
Obsesivo
Huxley nació en 1894 en una familia de impecable pedigree intelectual. Fue nieto de Thomas Henry Huxley, uno de los primeros apologistas de las teorías de Darwin, las que defendió con gran elocuencia; nieto, asimismo, de Thomas Arnold, el afamado director de la Escuela de Rugby School; y sobrino de Matthew Arnold, el poeta y crítico. Sus padres fueron maestros. Su hermano Julian un connotado biólogo.
Después de que una inflamación ocular frustró su ambición de ser médico, Huxley estudió literatura. Mientras estaba en Oxford exploró el mundo de Garsington, donde Lady Ottoline Morrell buscaba sus talentos. Con un cuerpo más bien desgarbado, su extraordinario ojo “lechoso” y su talento de conversador, exhibió desde un principio una gran habilidad para no pasar desapercibido. Llamó la atención incluso de Marcel Proust, quien incorporó una observación de Huxley en la obra En busca del tiempo perdido.
Tras graduarse, Huxley dio clases en una preparatoria durante un tiempo y comenzó a escribir poesía, ensayo y ficción. Alcanzó el éxito rápidamente con un oleaje de novelas, destacando la brillante y cínica Antic Hay/ Danza de sátiros (1923). En Point Counter Point/ Contrapunto (1928), su novela más ambiciosa, intentó aproximarse mediante la ficción al efecto de la música polifónica como orquestadora de los pensamientos y acciones de una gran cantidad de personajes relacionados por la sangre, el matrimonio, la amistad y los negocios. Aunque su estatus como profeta lo adquirió con su novela Brave New World/ Un mundo feliz (1932).
Como Nicholas Murray lo apunta, uno de los atributos más fascinantes de Huxley era su agudo conocimiento de sí mismo, acompañado de una gran voluntad para difundirlo. Por ejemplo, como frecuentemente lo indica el biógrafo, Huxley advertía algún defecto en su trabajo y de inmediato trataba de enmendarlo. Sus novelas muchas veces son más tendenciosas, fuertes o de contenido intelectual que el desarrollo de sus personajes, algo a lo que él siempre estaba atento y abierto a admitirlo. “Por profesión soy un ensayista que en ocasiones escribe novelas”, declaró en una entrevista.
Por otro lado, a causa de su abolengo no tuvo necesidad de recorrer algunos caminos. Su abuelo Huxley era famoso por haber debatido con Samuel Willberforce, obispo de Oxford, quien opuso las teorías de Darwin a los terrenos bíblicos. Y su tío abuelo Matthew escribió Dover Beach, la lírica gnóstica definitiva. Para Aldous, abrazar la religión ortodoxa hubiera significado una reincidencia. En cambio persiguió la aprehensión directa de la Unidad (el término que asignó a Dios) a través de la meditación y la lectura extensiva de la literatura mística en todas sus expresiones.
Entre los frutos de esa labor hay tres libros con temas religiosos: The Perennial Philosophy/ La filosofía perenne (1945), una antología con comentarios extensivos, de los escritos acerca de lo que Huxley llamó “El supremo factor común” de la fe en el mundo; Grey Eminence/ La eminencia gris (1941), una biografía del padre José, un contemplativo que llegó a ser el ayudante principal del cardenal Richelieu y que trabajó diligentemente para prolongar la Guerra de los Treinta Años al identificar el avance de Francia con la voluntad de Dios; y The Devils of Loudun/ Los demonios de Loudun (1952), una narración indecente de fanatismo religioso en el siglo 17 de Francia.
Fe y alucinógenos
En el ínterin, Huxley, su esposa e hijo emigraron a California. Se suponía que no iba a ser una reubicación permanente. Pero la guerra llegó, la familia se enamoró de la colonia de intelectuales transplantados en Los Ángeles, del calor y del sol, por lo que Huxley decidió escribir guiones para los estudios de Hollywood y radicar en esa ciudad.
California se mostró muy receptiva al extravagante Huxley, aunque no hizo eco a la sincere e incansable búsqueda religiosa del escritor. El problema era que él sabía a través de sus lecturas que la verdadera mística alcanza una relación casi indescriptible con la Unidad que él mismo pareció incapaz de efectuar. Su ruptura llegó después de que él comenzó a utilizar alucinógenos, primero mezcalina y después ácido, los cuales le eran regulados en ese entonces.
Murray denomina a Las puertas de la percepción (1954), la obra en la que Huxley narra su consumo de drogas (de la cual una de las copias cayó en manos de un aspirante a músico de rock llamado Jim Morrison), “más bien un libro triste que un intento por alcanzar mediante métodos artificiales lo que Huxley no pudo encontrar por la ruta simple de la percepción artística”.
Aunque el biógrafo anota las objeciones de Huxley al respecto: “No soy tan tonto”, decía, “para comparar lo que ocurre bajo la influencia de la mezcalina con la realización del propósito último de la vida humana, la Iluminación, la Visión Beatífica. Lo que estoy sugiriendo es que la experiencia de la mezcalina es lo que los teólogos católicos llaman ´una gracia gratuita´, no necesaria para la salvación, pero potencialmente provechosa para ser aceptado gentilmente, de hacerse posible”. Huxley también recuerda a sus detractores que adentrarse a un estado alterado –como el ayuno de comida o sueño, al igual que la mortificación de la carne— ha sido un lugar común entre los buscadores místicos. Por ello, Huxley se autodenomina un agnóstico, ya que no puede responder la pregunta que parece ser la más importante para los creyentes ortodoxos: ¿Puede actuar la Realidad Divina para influir los asuntos cotidianos? Quizá por eso, el logro mayor de Huxley como escritor no son sus novelas sino sus contribuciones a la psicología de la religión.
Tomado de: The Washington Post. Abril 20, 2003.
Traducción: José Luis Durán King.