Bach y Paganini, gurúes de la guitarra

POR Alfredo C. Villeda

Entre los Señores de la Guitarra también hay bandos: de puro feelin´ y de técnica pura. Don Felder, aquel barbón con su lira de doble mástil, ha relatado sobre su experiencia con la legendaria pieza Hotel California: “Hay momentos, de vez en vez, en que parece que el cosmos parte y algo grandioso te es arrojado. Yo estaba en la sala de mi casa de playa en Malibú, un espectadular día de julio de 1975, con mi guitarra de 12 cuerdas entre mis manos y pensando el maravilloso lugar que es este mundo. De súbito aparecieron los acordes de la canción”.
No significa, por supuesto, que Felder no haya trabajado técnicamente la canción junto con Joe Walsh “y dejado todo a la sabiduría de Don Henley”, líder de Eagles, pero hay otros maestros que exponen sus creaciones más en el terreno de la técnica, menos en el de las musas, como Ritchie Blackmore o Yngwie Malmsteen, a quien el fusilero descubrió gracias a la generosa orientación de Fersinho Cortés, joven y talentoso guitarrista, híbrido entre regio y chilango.
Estos dos maestros de la lira tienen puntos en común, sobre todo su deuda con la música clásica o culta, como también suele llamársele. El ex guitarrista de Deep Purple comenta sobre su aclamado solo en Highway Star: “Escribí nota por nota una semana antes de grabarla, y es la única vez que trabajé así. Quería que sonara como alguien conduciendo un auto a gran velocidad, para que fuera una canción que escuchas justo mientras aceleras. Definitivamente quería un sonido Bach, y es por eso que lo escribí, tocando esos muy rígidos arpegios a través de la muy familiar progresión tipo Bach (Dm, Gm, Cmaj, Amaj). Creo que fui el primero en hacer eso con una guitarra (…) Al paso de los años (hay que recordar que esa canción pertenece al álbum Machine Head, de 1972), siempre ejecuté ese solo nota por nota, y si era cada vez más rápido se debía, también, porque iba bebiendo más y más whiskey”.
El fusilero recuerda una antigua crónica, de finales de los 70 o principios de los 80, quizá en la revista Conecte o en Sonido, únicas de la época, en la que se decía que nadie podía presumir haber ido a un concierto de rock si no había estado en uno de Deep Purple, grupo que solía abrir sus reventones justo con Highway Star. Después de múltiples truenes, Ritchie dejó por completo a la banda a principios de los 90, refundó Rainbow y su sello, juego de palabras divertido, se llama “More Black than Purple”.

Si Blackmore evoca a Bach, Malmsteen acude a Paganini. En su columna “Getting into arpeggios”, que publicaba en la revista Guitar World, el gurú de los modernos aspirantes a rock stars exponía: “La gente me pregunta a menudo cómo desarrollé mi técnica. En realidad no hay misterio. Siempre fui obsesivo. Durante años no hice otra cosa que tocar la guitarra. Cuando comencé tocaba mucho rock, me aprendí todos los solos de Ritchie Blackmore, nota por nota, y acabé en el heavy, que de concebirlo impresionante, devino una banalidad. No me malinterpreten. Amo a bandas como AC/DC, pero yo siempre quise ir más allá de lo que estaba oyendo (…)
“Cuando llegué a la música clásica, fue como si un bulbo se encendiera en mi cabeza. Aprendí a tocar piezas clásicas con la guitarra escuchando los discos e intentando entender y absorber lo que los compositores estaban pensando. En aquellos años me sirvió mucho improvisar, porque ahora, cuando lo intento, el circuito de mi cerebro está perfectamente conectado para trabajar con escalas y arpegios que se ajustan a la sucesión. No podría equivocarme en escalas y notas aunque quisiera (…) Fue así como llegué a Paganini, y una vez que supe que esta es la dirección que iba a tomar, fue más fácil concentrarme y motivarme. Se convirtió entonces en un desafío personal aprender las intrincadas piezas clásicas de Paganini y trabajar con ellas hasta tocarlas a la perfección, sin importar el tiempo que me tomara”.
Una encuesta de la revista Guitar World sobre los 100 mejores solos del rock, edición especial publicada en 2001, dejó los siguientes resultados en el top ten: Stairway to Heaven (Led Zeppelin, 1971), de Jimmy Page; Eruption, de Eddie Van Halen (1978); Free Bird, de Allen Collins y Gary Rossington (Lynyrd Skynyrd, 1973); Comfortably Numb, de David Gilmour (Pink Floyd, 1979); All Along the Watchtower, de Jimi Hendrix (1968); November Rain, de Slash (Guns N´ Roses, 1991); One, de Kirk Hammet (Metallica 1998); Hotel California, de Don Felder y Joe Walsh (Eagles, 1976); Crazy Train, de Randy Rhoads (con Ozzy Osbourne, 1981), y Crossroads, de Eric Clapton (1968).
El Mano Lenta, Page y Hendrix repiten en la extensa lista, en la que también figuran Chuck Berry, Stevie Ray Vaughan, Brian May, Mark Knopfler, Tom Morello, Kurt Cobain, Steve Vai, Joe Satriani, Ted Nugent, B. B. King y su Lucille, Neil Young, Robby Krieger, Keith Richards, Carlos Santana, Ace Frehley, Frank Zappa, Steve Howe, Joe Perry, Pete Townshend, George Harrison, Angus Young, Michael Schenker, Johnny Winter, John Fogerty, K. K. Downing y Glenn Tipton, Ritchie Sambora y el gran Jeff Beck. Es decir, la élite de la guitarra. Por supuesto, también están Blackmore y Malmsteen.

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