Columbine: las escuelas, lugares del Apocalipsis

El presente texto, la autora lo publicó a propósito de la masacre en la Columbine High School el 20 de abril de 1999 y representa una reflexión atinada en torno del estado que guardan los adolescentes de Estados Unidos

POR Camille Paglia

El presente texto, la autora lo publicó a propósito de la masacre en la Columbine High School el 20 de abril de 1999 y representa una reflexión atinada en torno del estado que guardan los adolescentes de Estados Unidos
Las 13 cruces representan el número de víctimas en la Columbine High School (zimbio.com)
Tengo serias interrogantes acerca de si la educación de las escuelas públicas tal como la conocemos ayuda a la gente o le tuerce sus psiques. Es una construcción no natural reciente y es un desarrollo relativamente reciente en la historia del mundo. Es una jaula para todas las energías hormonales naturales que no pueden ser expresadas, y creo que todo el sistema debería ser aplastado y comenzar de nuevo. Las explosiones de violencia que hemos visto han ocurrido principalmente en las escuelas suburbanas ya que éstas son un mundo en sí mismas. No tienen la realidad de un ambiente urbano ni múltiples tipos de personas con intereses diferentes. En los ambientes rurales y suburbanos, la escuela ha adquirido demasiada importancia en la vida de los jóvenes. Se ha convertido en el símbolo último de una realidad que quieres destruir si no la puedes hacer funcionar a tu manera.
La gente continúa diciendo que los videojuegos y las películas causan la violencia. Es absolutamente al contrario. Parte de la atracción que la gente joven siente hacia los videojuegos violentos es simplemente una reacción a su sistema de aprisionamiento escolar y a sus ambientes suburbanos ñoños, los cuales son completamente homogeneizados de costa a costa. Los videojuegos son la única cosa que proporciona a la gente joven una experiencia sensorial. Esos jóvenes ansían algo y su mundo entero lo representa la cultura popular y los medios. No digo que eso no sea terrible. Pero para los chicos de esos ambientes banales, la cultura popular se ha convertido en un espectáculo grotesco atomizado y alucinante. Viven con un espectáculo grotesco en sus mentes. Y los videojuegos duros o la música de speed metal inspiran la mayoría de los sentimientos juveniles, puesto que no hay nada más en el ambiente cultural para inspirarlos.
Solía haber mensajes espirituales en la música popular. El mensaje de mi generación, que provino de la música y de las excelentes películas extranjeras de los años sesenta, era algo mucho más grande que la insignificancia suburbana de la cultura estadounidense de la posguerra. La música de Jimi Hendrix o de los Stones estaba conectada con algo más grande que tú mismo, y ese sentido ya no existe ahora. Por eso comprendo verdaderamente ese impulso hacia el drama de las armas y las amenazas de bombas. ¿Hacia dónde más pueden mirar los jóvenes? ¿Hacia un buen trabajo? ¿Hacia el servicio público?
Recipiente para el fascismo
Eric Harris y Dylan Klebold durante el ataque (nsrc.eve-ex.com)
Cuando retrocedo a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, me doy cuenta de que me sentía como una prisionera. Experimenté la misma atmósfera hogareña que la gente joven ahora sufre. A menudo he dicho que la Dimensión desconocida fue el último mandamiento de aquella era, pues mostraba a la hermosa superficie ordenada alterada por fuerzas subterráneas, ocultas o demoniacas. Sólo cuando me hice adulta me di cuenta que nuestros padres habían estado reprimiendo los horrores de la realidad, intentando darnos una mejor vida de la que teníamos. Ellos vivieron la Depresión, la Segunda Guerra Mundial, la bomba atómica, y deseaban mantener esa realidad elemental lejos de nosotros. Pero la realidad continuó ahí: todos mis conocidos tenían padres con alguna experiencia de guerra.
Pero la gente joven de ahora no tiene nada. Nada ha sucedido en sus vidas. Y cuando tienes una situación como ésa –de blancura, anomia y apatía– obtienes un recipiente para cultivar el fascismo. Jóvenes como los asesinos de la Columbine admiran a Hitler porque él tuvo una misión. Una visión enorme, panorámica como la de Hitler, les atrae; les proporciona un sentido de lo que es ser un hombre. Pero miren a Hitler. Miren a los líderes nazis. Eran mutantes. Ninguno de ellos fue un espécimen de masculinidad, aunque estuvieron enamorados del culto a la hombría. Y, cuando un hombre es humillado –como lo fueron los alemanes en la Primera Guerra Mundial– obtienes al guerrero fálico, rígido, eyaculatorio, que hace de las armas su tótem.
Anhelo por la masculinidad
(blogs.longwood.edu)
Uno de los problemas más grandes en la actualidad es la supresión de la masculinidad en nuestra cultura; no sólo el feminismo lo ha cuestionado sino que no existe una sola habitación en nuestro sector económico de servicios para alguien genuinamente masculino. Ahora los hombres y las mujeres hacen exactamente el mismo tipo de trabajo; son intercambiables en la oficina. Tienes que ser como todos los demás, y el entrenamiento empieza temprano. Tan sólo sentarte en la escuela aprendes cómo te debes sentar en la oficina. Todo es represión, sumisión, llevada hasta los límites. Se aseguran de que encajes en el pequeño hoyo cuadrado. Les decimos a los jóvenes quiénes son de acuerdo a su peso hormonal: “Siéntate en esa silla. Y si no puedes sentarte perfectamente durante una hora y media, entonces hay algo malo en ti”. La energía masculina ordinaria, saludable, es tratada como si fuera algo que necesita reformarse, por eso hay un dopaje masivo con Ritalina. La gente dice que el tabaco y el alcohol son malos, ¡pero que la Ritalina es buena! Yo digo, denles tabaco, denles licor. Esas cosas aumentan la vida, aumentan la creatividad. El arte supremo ha sido creado con tabaco y licor. Pero en lugar de eso ampliamos la prescripción de químicos. ¿Nos están afirmando que necesitamos grandes cantidades de Ritalina para mantener a los jóvenes en clases?
Cuando miramos la historia pareciera que lo único que han propiciado los hombres es enfrentarse en la guerra y contra la naturaleza, situaciones donde los hombres pueden hacer cosas que las mujeres no. Pero en Estados Unidos los jóvenes carecen del sentido de librar una guerra contra los elementos. Los jóvenes de los suburbios no tienen sentido de la enormidad, de la sublimación de la naturaleza. Y nadie rinde honores a la naturaleza, excepto el movimiento ecologista, que trata a la naturaleza como víctima. Por ello la atracción que los jóvenes sienten hacia las armas es un anhelo desesperado por algo convencionalmente masculino. Hay un psicodrama sexual pervertido aquí que los medios han ignorado. Cuando analizas el estilo de vida de aquellos muchachos de Colorado (Columbine), por ejemplo, ves una crisis de masculinidad: ves cómo se comportaron, ves sus ambientes hogareños, todo era tan hermoso, tan genérico. Incluso la forma tan infantil como los adolescentes blancos de los suburbios han vestido en la última década es señal de que algo anda mal. En su intento patético por imitar a los jóvenes negros urbanos –pantalones flojos, tenis con las agujetas desamarradas, playeras y gorras de béisbol colocadas al revés– se convierten en clones ridículos.
Las 13 víctimas (guardian.co.uk)
Poco después de la masacre escribí sobre cómo los jóvenes de la Columbine hablaban exactamente el mismo lenguaje y tenían las mismas pandillas que nosotros alguna vez tuvimos, creo que a finales de los años treinta. Hay unas cuantas subpandillas ahora, como los góticos y demás, aunque esencialmente la jerarquía persiste, con los atletas y los líderes optimistas en la cima. Existe un impulso aristocrático en la vida humana que siempre producirá una elite, sin importar de qué tipo. La idea de la igualdad fue sólo una visión utópica falsa. Siempre habrá gente elegida y siempre ha habido una gran cantidad de pláticas acerca de golpeadores de maricas entre los adolescentes. No me he cansado de señalar que no hay forma de erradicar la homofobia entre los jóvenes, puesto que es un estadio importante en el desarrollo de la juventud a la edad adulta. Hay un momento en que el joven tiene que dejar a su madre y separarse de las cosas femeninas. Una joven tiene una menstruación que le dice que ahora es una mujer, pero no existe una marca semejante para un joven, y esto se aplica para todas las culturas en la historia del mundo que he podido investigar.
Por eso un joven necesita ser aceptado en el mundo de hombres. Tiene que vincularse con los hombres. Pero el vínculo tiene que ser en un sentido de camaradería y, para demostrar que ese vínculo no es sexual, denuncia al homosexual. En ocasiones, a los que la mayoría del grupo ve como gays resultan los más peligrosos contra los gays, por lo que las personas que golpean a los gays están golpeando esos impulsos en sí mismos. Y creo que las atrocidades en la Columbine provinieron de los mismos dilemas psicológicos que impulsan a los jóvenes a golpear gays. Hay definitivamente un paralelo entre lo que sucedió a Matthew Shepard en Wyoming en 1998 y lo que ocurrió en Columbine. Es un asunto de afrontamiento de la masculinidad, por lo que es totalmente absurdo decir que requerimos una legislación de crímenes de odio para luchar contra la homofobia.
La testoterona es un agitador. La razón por la que no puede verse este tipo de actitud entre las muchachas es porque el estrógeno actúa más como un tranquilizante. Las muchachas se vuelven tranquilas, lo cual ha sido malinterpretado por las propagandistas feministas como una pérdida de confianza. ¡Discúlpenme! Algo sucede con ellas. Se llama estrógeno. Hace que tu cuerpo se desarrolle y tranquiliza tu cerebro. Por supuesto, las mujeres tienen sus ansiedades propias, pero eso es otra cosa. De cualquier forma, el problema es que la gente no tiene voluntad para encarar las realidades de la masculinidad. En vez de eso tenemos a todos esos terapeutas que van con Oprah a decir: “Tenemos que hacer jóvenes más empáticos. Que lloren más, y así no portarán armas”. ¡Esto es un malentendido de lo que es un hombre! Esos chicos necesitan sentir que son hombres, y la última cosa que necesitan son consejos. Eso no logra nada sino quizá pacificarlos. No resuelve el problema a largo plazo.
Y culpar a la tecnología tampoco es correcto. La gente quiere culpar a la Internet o, nuevamente, a los videojuegos. Ésas no son las causas. Es una carencia de alternativas. Hace algunos años empecé a ver cómo no hay manera de separar a los jóvenes de sus computadoras. Las muchachas también lo hacen, pero ellas raramente son las hackers, las que pasan más de 12 horas al día intentando ingresar al complejo de la industria militar. Este pequeño hoyo artificial dentro de otro, atiborrado de una realidad de destrucción, es una cosa masculina. Y una gran parte de la masculinidad naufraga en el prestigio de nuestra cultura, la mayoría de las personas acuden a los medios y a la tecnología, los cuales ofrecen imágenes cada vez más grandes de destrucción.
Una educación espesa y vacía
Los perpetradores (tumblr.com)
No, tenemos que voltear a otro lado, a la familia nuclear, por ejemplo, es una unidad social nada saludable. Nunca en la historia se había exigido a la familia nuclear llevar a cuestas la carga que ahora lleva, que es educar a los hijos. Fue la familia extendida la que educó a los hijos de los viejos, y la identidad de uno se creaba con el conocimiento tribal. Dos padres no pueden educar a los hijos, no en una cultura tan compleja como la nuestra. Y, en la escuela, muchos chicos han encontrado que ahí no es el hogar, que tampoco hay vecinos en quienes confiar o abuelos que vivan cerca y les echen un ojo.
Los jóvenes están abandonados y no tienen forma de llegar a algún lugar si no es en carro. Dependen de las mamás para que los paseen. Son transportados de hogares tranquilos en ambientes tranquilos hacia escuelas tranquilas, hacia centros comerciales tranquilos, trasladándose de un lugar a otro en enormes vehículos deportivos. ¡Es horrible! Así que cuando llega el momento en que tienen la edad suficiente para obtener la licencia de conductor, se matan a sí mismos porque no saben manejar. Hay una carnicería constante por todos lados. Y ahí tienes esa cultura terrible en los suburbios, desarraigada, basada en los carros. Una de las cosas más importantes que necesita la gente joven de los suburbios es dar la vuelta por ahí sin depender de sus padres, o tener sus propios carros. Necesitamos un mejor sistema de tránsito masivo para estos chicos.
Hay algo peligrosamente solipcista para nuestros jóvenes. Saben menos y menos del mundo que los rodea. Saben menos y menos de historia. Por supuesto, es la influencia de mi generación: quisimos darles una educación que pareciera relevante para sus vidas, pero al final el resultado fue una educación espesa y vacía. Todo lo truculento ha sido removido de su educación, porque no queríamos incorporárselos. Pero yo digo, dejen que la educación les muestre los horrores, así no tendrán que ir por ellos a los videojuegos. Sí. Se han enterado del sistema esclavista y del Holocausto, pero a la manera de las computadoras personales.
Di clases a jóvenes durante mucho tiempo y comprendí exactamente lo que ellos aprendían y lo que no. Y obtuve resultados sorprendentemente positivos enseñándoles el sentido del tiempo, yendo con ellos hacia atrás, mostrándoles las civilizaciones antiguas, la arqueología. Les encanta aprender acerca de la destrucción de las culturas antiguas, es el tipo de horror que necesitan. La destrucción es un tema importante en la experiencia humana, y no la obtienen en su educación. Si estudian a los aztecas aprenderán que fue un pueblo maravilloso, y no pondrán demasiada importancia a los sacrificios y a los corazones palpitantes entre los pechos abiertos. Las cosas que podrían interesar a los jóvenes se han matizado para su educación. Lo mismo ha sucedido en la religión. El catolicismo romano solía ser un ritual latino muy íntimo basado en la sangre, las entrañas y el sufrimiento; todo mundo ha visto imágenes de Jesús con sangre manando de sus heridas. Pero ahora, cada que se construye una iglesia católica romana, parece un hangar de aeroplano o una oficina. El cielo les ha prohibido utilizar imágenes de sufrimiento o martirodomos. Aquellas estatuas de Jesús en la cruz con las entrañas salpicantes han sido arrinconadas en el sótano. Son consideradas vulgares y demasiado tribales.
Por ello requerimos un cambio social masivo. Creo que la gente joven debe ser libre en la pubertad para elegir si quieren valerse por sí mismos o continuar en la escuela. Quiero decir, dejen que abandonen la escuela a los 14 años si ellos así lo desean. Sin embargo se les niega cualquier decisión libre. Son tratados como pupilos del Estado, como prisioneros de sus propios padres. Debemos retornar a la idea del entrenamiento vocacional: observar con mayor detenimiento para comprender lo que esos jóvenes harán con sus vidas. Y terminar con la segregación por edades en los salones. En mi experiencia, cuando tienes edades mezcladas en el salón de clases, haces a un lado la parálisis increíble que causa la tensión sexual entre hombres y mujeres jóvenes. Están hiperconscientes de que son seres sexuales y están muy preocupados por su estatus social. Si traes gente de otras edades, entonces todo se relaja.
Después de cumplir su misión, Eric Harris y Dylan Klebold se suicidaron (tumblr.com)
Mediante la educación necesitamos ofrecer cosas que sean útiles verdaderamente, cosas que den a los jóvenes la perspectiva, la visión y el conocimiento del mundo. ¡Por Dios! –y lo digo esto como atea– enséñenles las religiones del mundo, enséñenles las culturas étnicas. La etnicidad –que dio a la gente de mi generación un sentido vibrante y real de conocimientos– ha desaparecido. La gente joven está totalmente asimilada, lo que representa un problema muy serio. También pienso que las lenguas extranjeras deben enseñarse mucho más pronto. Es sorprendente la manera en que nunca se te permite escuchar a alguien hablar un idioma extranjero. Nuestros jóvenes no saben que existe un mundo al lado de ellos.
Así, cuando los jóvenes dicen, “¡Vamos a destruir la escuela! ¡Vamos a conseguir armas y matar a todos!”, es como un alarido desesperado que da significado a sus vidas. Y es una forma de ponerse de pie, de ser famoso, lo cual es una urgencia humana elemental que se remonta a tiempos antiguos. El hombre que destruyó el Gran Templo de Diana en Efeso, una de las siete maravillas del mundo, lo quemó para alcanzar la fama. Y hay una serie interminable de perdedores –como Lee Harvey Oswald, Mark David Chapman y el acechador que disparó a Ronald Reagan para llamar la atención de Jodie Foster– que se sienta en sus habitaciones ponderando el acto que le dé fama. Es un impulso humano esencial, y la forma en que los medios han cubierto los eventos recientes ha contribuido al crecimiento del fenómeno, lo cual es increíblemente irresponsable.
Creo que fue absolutamente estúpido que después de Colombine las revistas colocaran en sus portadas las fotografías de los jóvenes. Todo eso lo que hace es reforzar la idea de que si no puedes lograr ser bueno obtendrás fama convirtiéndote en un gran criminal. Las historias de portada sobre la masacre de Colombine garantizaron que habrá crímenes de imitadores, pues los jóvenes asesinos fueron presentados de manera glamorosa. Cuando vi las revistas pensé: esta es la manera de envasar a un asesino. Por supuesto, queremos saber cómo son los asesinos, pero también debemos decir a los otros chicos: “Esos jóvenes eran iguales a ustedes”.
Tomado de: Interview, julio de 1999.
Traducción: José Luis Durán King.