Dante, 1969 y el cometa Woodstock

POR Alfredo C. Villeda

Las reuniones de grandes figuras de las artes o del pensamiento son como esas especies raras sólo conocidas por expertos, ajenas para el lego y el ciudadano de a pie. Tan extrañas, que a veces sólo tenemos noticia de ellas en obras de ficción, en alegorías, poemas épicos y antologías elaboradas ex profeso. Una de las más célebres debe ser, por eso, la que en los jardines del limbo atestiguó Dante, donde reciben, a él y a Virgilio, Homero, “poeta soberano”, el “satírico” Horacio, Ovidio y Lucano: “Y muchos más honores me rindieron,/pues el sexto fui yo en la compañía/de los sabios que allí se reunieron”. A sus 35 años, en los primeros versos de su obra mayor, el florentino ya se sabía inmortal a las orillas del lago Aqueronte.
“Tras los ojos alzar, vi a quien concilia/todo saber en sí: sentado estaba/entre la filosófica familia./De sabios un concilio allí le honraba:/Sócrates era, con el gran Platón,/el que más al maestro se acercaba;/Demócrito, que al mundo cree ilusión,/Diógenes, Anaxágoras y Tales,/Empédocles, Heráclito y Zenón;/y el que estudió sustancias vegetales,/Dioscórides, digo; allí vi a Orfeo,/a Tulio, Lino y Séneca morales;/al geómetra Euclides, Tolomeo;/Hipócrates, Galeno y Avicena;/y Averroes, cuyo gran Comento leo.” El gran maestro aludido es, obvio, Aristóteles.
Hay otras épocas que poco o nada ofrecen en las artes, como la sequía de poetas durante el imperio de Napoleón Bonaparte ya reseñada con antelación por el lego fusilero. Y otras pródigas, como la medianía del siglo XX, que reunía en París, en torno de una misma mesa, a Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa y Cortázar. O como 1969, el año Woodstock, cuyo recital acaba de cumplir cuatro decenios, que no sólo representó el punto de partida, de quiebre, por el magno concierto, sino porque es el año del lanzamiento de un puñado histórico de álbumes mayores de la historia del rock.
Un pequeño poblado inglés vio nacer, desarrollarse y consumarse a un trío de guitarristas que se conoció no obstante ya en su adultez recién estrenada, los tres miembros de un mismo grupo en distintos momentos y conocidos como La Santísima Trinidad: Jimmy Page, Eric Clapton y Jeff Beck, con The Yardbirds. No lejos de ahí, otro grande de la lira se aprestaba a unirse a la ahora banda de culto, Deep Purple: Ritchie Blackmore, quien después fundaría otra gran agrupación metalera, Rainbow. Insólito cónclave de figuras en un espacio tan reducido como el Reino Unido.
El 69 del rock, así, va más allá de Woodstock. La revisión comienza en enero, cuando aparece el álbum inaugural y homónimo de Led Zeppelin, Goodbye de Cream y Bayou Country de Creedence Clearwater Revival; en febrero se forma la banda Blind Faith; en marzo los Allman Brother y Velvet Underground lanzan sus primeros discos, y en abril Sly and the Family Stone presentan Stand! Antes de que se hubiera digerido ya semejante festín, en mayo The Who produce Tommy, Jethro Tull Stand Up y Crosby, Still & Nash el álbum del mismo nombre.
En junio del 69 dos grandes de la guitarra aportan su obra: Frank Zappa promueve Uncle Meat y Jeff Beck su Beck-Ola. Jim Morrison y Las Puertas lanzan un mes después The Soft Parade, Grand Funk Railroad difunde On Time y James Brown el clásico Say it Loud I´m Back and I´m Proud, y para agosto, además del célebre recital de amor y paz, los hermanos Fogerty engendran Green River, Santana estrena el álbum que lleva su apellido y nacen los Stooges. A septiembre le basta con Abbey Road, de los Beatles.
El año cierra en grande con Arthur… de los Kinks, Second Winter del güero Johnny, la obra maestra progresiva In the Court of the Crimson King, de King Crimson, y el segundo obús del Zeppelin de plomo, todo en octubre, mientras que noviembre selló el futuro de tres grupos que convivieron un largo trecho: Greatful Dead grabó Live/Dead, Jefferson Airplane Volunteers y Captain Beefheart su Trout Mask Replica. La cerecita, en diciembre, es el Let it Bleed de los Rolling Stones.
Tan insólita la especie, como se decía antes, que no se ha repetido un 69 en materia de creación en cuatro décadas de rock. Mejor ya hubo dos conciertos con presuntas buenas intenciones, Live Aid y Live 8, que reunieron a la élite de la música a mediados de los 80 y de los 2000, antes que un año de álbumes colosales como los aquí señalados, que no reseñados, tarea esta exclusiva de conocedores como los redactores de la revista Guitar World, refriteados para esta entrega. Digno de conmemorar entonces ese año distante no sólo por el cometa Woodstock, sino por su cauda de polvo interestelar.

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