Hans Christian Andersen: la historia del rey feo

POR Helen M. Jerome

Hans Christian Andersen, el creador de clásicos infantiles como El patito feo y El nuevo traje del emperador, fue en la vida real un personaje familiarizado con la desolación, la que plasmó en sus cuentos y en sus personajes ahora reconocidos internacionalmente

Hans Christian Andersen (1805-1875) prácticamente inventó la literatura moderna para niños, al incorporar la fantasía como elemento central de su ficción. En sus cuentos aparece por vez primera la magia de los juguetes y los animales que hablan. Sin embargo, el ascenso social de ese hijo de lavandera, cuya fama le permitió hablar con reyes y príncipes, tuvo un alto costo en su vida, así lo considera la crítica literaria del Financial Times, Jackie Wullschlager, autora de Hans Christian Andersen: The Life of a Storyteller.
“Creo que hay algo muy amargo en ascender tan rápidamente”, dice Wullschlager. “Pierdes la noción de dónde vienes”. La autora señala que Andersen, poseído por una insaciable “hambre de reconocimiento”, saboreó la fama y la aprobación durante su vida, aunque también se le vio vagando “desconsoladamente en las librerías buscando sus propias obras, en un intento extraordinario por llamar la atención”.

Un ser trágico
La voz innovadora de Andersen ha influido a varias generaciones de escritores, desde Lewis Carroll hasta J.K. Rowling. No obstante, cuando Wullschlager inició su investigación del gran danés encontró que la relación entre la vida de Andersen con su obra había sido virtualmente negada fuera de su patria.
Wullschlager es la primera biógrafa en reconocer a Andersen como un escritor mayor europeo, a la altura de Charles Dickens y Honoré de Balzac. “Yo estaba impactada con la imagen de sacarina del cuentista, cuando en realidad es un ser trágico, profundo, con una obra terrible y provocadora”, señala la escritora. “Eso me intrigaba y empecé a investigar”.
Su indagación comenzó en serio cuando una amiga suya, de la fundación Winston Churchill, se lo solicitó en Dinamarca. No sólo llevó consigo de Londres a su esposo y a sus hijos sino que también aprendió danés para la mejor realización de su proyecto (ya estaba familiarizada con el alemán).
La biografía de Wullschlager enfatiza las formas en que la vida privada y, sobre todo la homosexualidad, influyeron en el arte de Andersen. La autora califica a Andersen como un marginado, tanto social como sexualmente, e interpreta sus famosos cuentos, como La sirenita y El patito feo como semiautobiográficos.
Con el éxito llegó la realización, lo que trajo consigo una satisfacción más profesional que personal. “Puedes imaginártelo exclamando, ‘Voy por la inmortalidad en una forma diferente’”, dice Wullschlager. “El reconocimiento literario fue su equivalente de la felicidad social o sexual”.
Además de intercalar la vida y la obra para crear un retrato del genio cuentista, el libro también destaca por sus sorprendentes traducciones, que superan por mucho las que se habían hecho en el pasado de los cuentos de Andersen. Durante muchos años no hubo traducciones hechas directamente del danés al inglés, por lo que los estudiosos del tema trabajaron en versiones llenas de errores provenientes del alemán. “El error más famoso es ‘feo’ traducido como ‘verde’”, argumenta Wullschlager. Asimismo, el humor se había perdido por completo y los traductores no podían entender los localismos, así que intentaban embellecerlo, en un esfuerzo que inevitablemente desembocó en “un estilo de guardería victoriana”, aduce Wullschlager, quien abunda que “incluso hoy la obra de Andersen continúa leyéndose en traducciones pobres. Todavía no hay ediciones escolares en inglés de los cuentos de Andersen ni un volumen bien traducido de sus obras completas”.

Los cuentos de Andersen contienen personajes que se han convertido en “arquetipos que alcanzan las profundidades de la psique humana, que hablan sobre la muerte, el amor, el significado de la vida, de todas las grandes cosas”, dice Wullschlager. Por lo mismo, sus santificadas memorias y sus tres autobiografías no hacen mención de nada potencialmente escandaloso, como en un momento dado podrían considerarse sus inclinaciones homosexuales.
Wullschlager cree que Andersen trabajó arduamente la escritura de sus diarios con la esperanza de que en la posteridad no se supiera más que su verdad, la versión “oficial”. “La fluidez de los diarios me hace pensar que desde cierto punto él esperaba ser leído, por lo que nunca destruyó nada. Creo que le agradaría saber que mucha gente actualmente lo comprende perfectamente”.