Historia d´O: una mujer de corazón erótico

POR Toni Bentley

Historia d’O tiene más en común con el suplicio de los santos medievales que con la hembra asediada de la pornografía actual. El libro narra la profunda y perturbadora historia de una mujer que se pierde a sí misma en una ausencia delirante. Susan Sontag calificó el libro como “un ascenso mediante la degradación”

Pecca fortiter –“peca con coraje”– fue la máxima favorita de Pauline Réage, el pseudónimo de la autora de la novela erótica más famosa del siglo 20: Historia de O. Uno puede añadir que durante 40 años el coraje pecador de Réage residió en el secreto –no del pecado sino del coraje. Su identidad fue revelada, en lo que significó una confesión de lecho de muerte, por el periodista británico John de St. Jorre en un artículo en el New Yorker (“El desenmascaramiento de O”) en agosto de 1994. La autora era Dominique Aury. Tenía 86 años y vivía en una granja en las afueras de París. Falleció cuatro años después, no sin antes de que la prensa francesa publicara la historia que puso fin a un largo misterio literario.
Por muchos años se asumió que el libro había sido escrito por un hombre. ¿Qué mujer podía escribir con tanto amor sobre la mortificación femenina? Albert Camus lo afirmó desafiante, definitivamente: “Una mujer no pudo haber escrito este libro”. Como una fantasía masculina de dominación, la historia tiene un sentido sádico, pero como fantasía de una mujer amenazaría 2 mil años de nociones predominantes sobre la sexualidad femenina –además de que trastornaría a numerosos maridos. “Las mujeres son tan inmorales como los hombres”, dice Aury en el fascinante documental de la cineasta estadounidense Pola Rapaport, Écrivain d’O (Escritora de O). “Pero –continúa– aún no lo saben”.

Parábola erótica
¿Quién es O? Su identidad, su simbolismo, ha provocado muchas especulaciones freudianas: agua (eau), orgasmo, objeto, orificio, hoyo, vagina, cero… Para los escritores especializados en el sadomasoquismo, es el eco de O-ring, el cierre del círculo, el nudo eterno. Pero O, y lo dice la propia autora, es la reducción simple de Odile, abreviado para no implicar a una amiga del mismo nombre (quien tenía un amasiato con Albert Camus en esa época). Como para que la conjetura sea infinita, Aury calificó las especulaciones como “todas esas tonterías”. Cosas del arte. Múltiples significados, muchas capas, reflejos de espejos, todo sin intención. Bueno, quizá no todo.
Historia d’O es una parábola erótica sobre cómo alcanzar lo más con lo menos. Tiene más en común con el suplicio de los santos medievales que con la hembra asediada de la pornografía actual. El libro narra la profunda y perturbadora historia de una mujer que desea existir sin existir. “Se pierde a sí misma en una ausencia delirante”. A través de una humillación total, O asciende. Susan Sontag calificó el libro como “un ascenso mediante la degradación”. Esa mujer hoy, desde luego, sería patologizada e, irónicamente, “curada” por los métodos socialmente aceptables de control: la institucionalización y la medicación.
La obra describe detallada, insensiblemente y con prosa elegante el entrenamiento ritual necesario para la autoaniquilación de una mujer. O es penetrada a discreción en cada orificio por varios hombres. Es encadenada, amordazada, probada, violentada, rendida, humillada y, finalmente, marcada con las iniciales de su amo, además de que se le colocan en su centro dos anillos de acero.
“Sólo cuando me haces sufrir me siento a salvo y segura”, dice O a su amo, Sir Stephen. Esto no es sabiduría para los pusilánimes. “Uno se cansa de vivir siempre en la misma piel”, escribió Simone de Beauvoir en el Segundo sexo, “y la obediencia ciega es la única posibilidad para la transformación radical conocida en un ser humano”. (Beauvoir sabía de lo que escribía, al ser esclava durante su vida adulta y por opción propia de Jean-Paul Sartre, su pequeño gran hombre.) Esos franceses son incorregibles.

Seducción literaria
Ahora, en Escritora de O vemos el rostro de la mujer que escribió aquellos infames quehaceres, y el filme revela que la verdadera gran historia de amor erótico es la que subyace, literalmente hablando, detrás de la escritura. El amasiato de 20 años de Aury con el casado Jean Paulhan, de la Académie Française, fue la razón detrás de la Historia de O, y su historia es más conmovedora, si eso fuera posible, que la de la propia O. Paulhan, un admirador del marqués De Sade, provocó a Aury, al decir: “Las mujeres son incapaces de escribir una novela erótica”.
“Lo escribí yo sola, para él”, dice Aury, entrevistada casi al cumplir 90 años, “para interesarlo, para complacerlo, para ocuparlo. Yo no era joven [ella tenía 47, él 69 años] ni particularmente bonita. Necesitaba algo que pudiera interesar a un hombre como él”. Qué políticamente incorrecto. Qué refrescante. Qué desalentador. Su seducción literaria funcionó y mantuvo juntos a los amantes por más de 40 años, hasta la muerte de él a los 83 años. De la diferencia de edades, Aury simplemente dice: “Las mujeres siempre buscamos un padre”. (Después de la muerte de Paulhan, ella “detuvo todo”, aunque vivió 30 años más). La inteligencia de Paulhan, opina un observador, fue “una especie de obsesión” para Aury, y así ella escribió un libro acerca de la destrucción del cuerpo. Demostrando la paradoja más potente de erotismo, Historia de O trata sobre el amor físico destilado, a través de la lujuria, del espíritu, es un himno a la mente.

Un amor después de la guerra
Dominique Aury fue una mujer de logros considerables. Nacida Anne Declos en Bretaña en 1907, asumió múltiples identidades a través de los años. Su fascinación por lo clandestino surgió cuando era una adolescente al descubrir –y devorar– la biblioteca secreta de erotismo de su amado padre (su libro favorito: Les Liaisons dangereuses/ Las relaciones peligrosas). Atractiva literata, Aury vivió con sus padres y con un hijo de un primer y breve matrimonio. Fue bien educada, obteniendo un posgrado en literatura inglesa en la Sorbonna. Su primer encuentro con Paulhan, editor de la multigalardonada La Nouvelle Revue Française, se dio mientras ambos trabajaban para la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Para 1947, Paulhan había cautivado a Aury, y nunca dieron un paso atrás, aunque nunca tampoco fueron monógamos. Él permaneció casado con su segunda esposa y sus encuentros fueron en cuartos de hotel, “siempre con el reloj en la muñeca”. “Cuando avanzas en mi noche”, Aury escribió en un poema, “Tú no eres tú, yo soy otra / Esta otra no sabe quién soy / Tú no sabes que soy tuya”. Aury estaba bien versada en la alteridad erótica, una calidad legítima de las relaciones a las que se debe renunciar.
Después de la guerra, Aury trabajó con Paulhan en la prestigiosa casa editorial Gallimard, así como también en La Nouvelle Revue. Se movió en los círculos más importantes de la literatura francesa, sirviendo en comités de redacción con André Gide y Albert Camus. Fue traductora al francés de Evelyn Waugh, Virginia Woolf, F. Scott Fitzgerald y T. S. Eliot, además de que fue galardonada con la Legión de Honor por sus contribuciones a la literatura francesa.

Un libro decente
Inicialmente publicado en una edición de 600 copias en París en 1954, Historia de O provocó inmediatamente un escándalo, conduciendo a la policía a una investigación y a la amenaza de una acción legal. El renegado joven editor Jean-Jacques Pauvert, entrevistado en Escritora de O, solía llamar la atención al haber ya publicado las obras completas de Sade y Jean Genet. Con una sonrisa traviesa, sin embargo, declara de Genet: “Pero la homosexualidad siempre ha tenido mucho prestigio” –a diferencia del masoquismo femenino. Después de que Historia de O fue rechazada por Gallimard, Pauvert vio inmediatamente el valor de lo que él llama “un libro muy decente… sin el más leve exceso… Sabía que sería una revolución”. El libro nunca ha estado fuera de impresión.
Las recreaciones de escenas de la Historia de O esparcidas en el documental son bonitas y prometedoramente incómodas. Es encantador vera a Pénélope Puymirat como O, apropiadamente francesa y, como estudiante de “filosofía y psicología” que, uno asume está en el estado de ánimo adecuado. La mayor parte del tiempo vemos a O languidecer, desnuda, en poses, constreñida por esposas de piel, instalada en satín rojo: estática en el sadomasoquismo, en lo que es una contradicción de términos. “Amar es vivir en el precipicio”, dice Aury. Sentimentalmente remueve el peligro. “El amor profano y el sagrado son el mismo amor, o debería”, escribe.
Haciendo lo anterior a un lado, las entrevistas hacen que Escritora de O valga la pena: Pauvert, notablemente viejo, encantado con el escándalo; Henry Miller hablando francés con un desafiante y gracioso acento americano, y un guiño a la aspirante Anaïs Nin. La aún glamurosa mujer de letras Régine Deforges menciona casualmente que Aury en algún tiempo caminó por las calles de Les Halles vestida como prostituta. Oh, la puta literaria. Al ser inquirida por Deforges qué hubiera sentido si alguien le hubiera ofrecido dinero, Aury responde quijotescamente: “Me imagino que me hubiera sentido muy complacida”.
Historia de O termina con una apoteosis sorprendente, donde O es mostrada en una fiesta en un sótano renacentista. Está desnuda y sujetada con los anillos que le perforan los labios. La máscara de un búho cubre su rostro, Atenea personificada. La multitud se dispersa cuando ella entra; es un altar viviente. Al amanecer yace sobre su espalda, desatada y, en su triunfo final, “poseída” por unos cuantos afortunados. Ella está ahora más allá de la posesión.
Aury, no sabiendo “cómo terminarlo”, ofrece un segundo final a la Historia de O. Sir Stephen está a punto de dejarla. Incapaz de resistir la pérdida, ella pide su consentimiento para morir. Declos-Aury-Réage fue una mujer que pecó con lo mejor de ellas pero con mayor coraje que las demás. O es algo raro, si acaso se ha visto: una mujer de corazón erótico.
Tomado de: Book Forum. Verano, 2006.
Traducción: José Luis Durán King.

1 thought on “Historia d´O: una mujer de corazón erótico

  1. Sorprendente historia. Aury fue una amante decidida y preparada, consciente de lo que tendría que renunciar. Además contó con un gusto y soporte literario sobre lo erótico y con una fascinación por lo clandestino.

    Gracias por compartir.

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