Philip K. Dick: a qué le tiran los androides cuando sueñan

POR Opera Mundi

Centro de presuntas conjuras internacionales que incluían bioterrorismo, diseminación de enfermedades y proselitismo nazi, el escritor Philip K. Dick destaca por su gran aportación al género de la ciencia ficción. Su célebre creación ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en sus versiones literaria o cinematográfica, es un ejemplo de belleza e imaginación hasta ahora inigualables

El 10 de enero de 2001, el portal APBnews.com, en una nota firmada por Janon Fisher, informaba que a principios de los años setenta el escritor de ciencia ficción Philip K. Dick, cuyas visiones desencantadas inspiraron películas como Blade Runner y Total Recall, argumentaba que había sido elegido por “un organismo internacional de salud secreto” como su vocero a escala mundial. El seguimiento de ése y otros hechos está contenido en unas cartas que actualmente pertenecen a un archivo del Buró Federal de Investigaciones estadounidense (FBI). En una de ellas, fechada en 1972, Dick solicita ayuda al FBI para que éste destruya una conjura que tenía como propósito diseminar por los Estados Unidos una epidemia de sífilis hasta entonces desconocida de consecuencias instantáneamente fatales.
Las teorías de conspiración continuaron e incluyeron acusaciones de proselitismo nazi, utilización de explosivos, bioterrorismo, sabotaje, uso de toxinas y venenos, y en una de sus misivas redacta una peculiar denuncia: “Todos los objetos de una de mis habitaciones han desaparecido, incluyendo una pistola calibre .22 y unos cheques sin fondo”. En otra expresaba su temor a que le dieran un balazo por la espalda, “así que les dejo esta carta cerrada e inmediatamente huyo para Canadá”.
Por supuesto, la policía siempre mantuvo su distancia, pues veía demasiadas semejanzas entre las presuntas conjuras y algunos de los ambientes desplegados en las novelas del autor nacido en Chicago el 16 de diciembre de 1928. Sustentando lo anterior, una de las cinco ex esposas del escritor, Anne Dick, de cuya pluma surgió Search for Philip K. Dick, 1928-1982: A Memoir and Biography of the Science Fiction Writer, negó en una entrevista concedida a APBnews.com cualquier atisbo de conspiración y, en cambio, adujo que Philip “estaba un poco paranoico”. Dijo que en “esa época Dick tomaba enormes cantidades de metanfetaminas”. En descargo de Anne hay que señalar que el excesivo consumo de drogas por parte de Philip Dick ha sido documentado por varios de sus biógrafos. Pero, al momento de colocar en una de las balanzas las excentricidades del autor y en la otra su talento para escribir novelas, esta última virtud minimiza cualquier defecto.

Nexus 6

Philip K. Dick escribió más de 40 novelas, además de una enorme cantidad de relatos cortos. Su libro The Man In the High Castle ganó en 1963 el Premio Hugo por “La mejor novela de ciencia ficción del año”. Asimismo, la mayoría de sus trabajos se ha publicado póstumamente. Las obras de Dick se caracterizan por la intensa psicología de sus personajes, por los conflictos y luchas entre los hombres y las máquinas. Sus historias a menudo las trasmina un humor amargo y una preocupación moral. Conforme ganó madurez como escritor, sus temas se tornaron más espirituales e incluso no estuvieron exentos de especulaciones religiosas, tal y como puede apreciarse en las inquietudes existencialistas que antes de morir agobian a Roy, el bello ejemplar Nexus 6 de la novela Do Androids Dream of Electric Sheep? (Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), novela escrita en 1968 y que fue llevada al cine por el director Riddley Scott con el título Blade Runner.
Con un escaso margen de error puede afirmarse que quien ha conocido, en cualquiera de sus versiones, ya sea literaria o cinematográfica, Do Androids Dream of Electric Sheep? no tiene oportunidad para el olvido. Para los infortunados que la desconocen un resumen no está por demás, sobre todo si éste corresponde a Michael JR Jose, una de las autoridades residentes del Centro de Estudios Philip K. Dick: “Blade Runner, la película, la excelente mirada frankensteiana al futuro, ha otorgado a este libro un nuevo aliento de vida. La obra de 1968 inspiró la cinta, sin embargo el libro es mucho menos competente. La trama gira en torno a un motín y a un cazador de androides. Los saludables tipos han abandonado el planeta Tierra tras una guerra nuclear y Marte es su destino romántico. Los androides, virtuales réplicas físicas de los humanos, son ahora una nueva clase esclava. Quizá la pregunta que subyace en todo esto es: ¿Si Dios creó al hombre a Su imagen, qué sucede cuando el hombre crea su imagen? La respuesta no se estancó en el contexto histórico que circundaba el momento en que fue publicado el libro. Tiene mucha pertinencia actual, a la luz del Proyecto Genoma Humano y de nuestra naciente tecnología de clonación. Desafortunadamente, el tono amargo de Do Androids Dream of Electric Sheep? carece de profundidad y está desprovisto de esperanza o de algún factor de bienestar. La trama también falla en su propósito de integrar los muchos temas inventivos, como es el caso de las religiones impostoras y la falsa esperanza alimentada por el “órgano de humor”, una máquina de fijación cerebral instantánea. Los hombres se presentan como personajes convincentes, no así las mujeres. Para ser honestos, la gran invención del libro es la `Prueba de empatía´, la cual distingue a los androides de los humanos. La prueba es bien utilizada en el libro y también lo fue en la película”.

Divinas ilusiones

Philip K. Dick no pudo sustraerse al espíritu travieso de los años sesenta y sus incursiones por los terrenos de la droga fueron más constantes. Decía que las anfetaminas le proporcionaban la velocidad necesaria para escribir 60 páginas por día. Sin embargo era tal su velocidad que no se detenía a comer, por lo que las descompensaciones no tardaron mucho en llegar. Asimismo, el universo de imágenes y situaciones provocados por los estados alterados de la conciencia inducidos por LSD quedaron plasmados en gran parte del cuerpo novelístico de Dick. También los sesenta significaron para el escritor la obtención del Premio Hugo, su primer ingreso al hospital a causa de una pancreatitis que casi le cuesta la vida, el matrimonio-divorcio-matrimonio con diferentes mujeres (“Me he convertido en un Beethoven –decía–, completamente belicoso y defensivo en términos de proteger mi privacidad”) y el alojamiento en su casa de Santa Venetia de decenas de adictos a las drogas duras.
Para cerrar con broche de oro una década que puede considerarse el periodo más oscuro en la existencia de Dick, el 17 de noviembre de 1971 alguien irrumpió en su casa. Él siempre estuvo convencido que fue la CIA. Nunca quedó nada en claro, lo cierto es que este evento encendió la paranoia del artista, quien a partir de entonces escondía dinamita en su hogar. Dos años después de esos desagradables sucesos impartió en la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá, su famosa lectura Lo androide y lo humano, en la que pueden adivinarse los primeros esbozos de la que a la postre sería su novela más reconocida: Do Androids Dream of Electric Sheep?
Canadá se convirtió en su segunda patria. Su elección no era fortuita. Tras asegurar que en su país ya no estaba a salvo y que había recibido amenazas de muerte, Dick prefirió la graciosa huida antes que la apasionada entrega. Sin embargo, al parecer hubo otros motivos para mudarse a la nación de la hoja de maple: por un lado vivía con amigos y amigas en una especie de comuna y, por el otro, estaba recibiendo un tratamiento contra la adicción de drogas heroicas.
Philip K. Dick, quien falleciera el 2 de marzo de 1982, sembró en la mente del hombre del siglo 20 una metáfora inquietante de la creación. Es a partir de él que tenemos la certeza de que los androides no sueñan sueños propios, lo que finalmente nos explica que no hay mayor angustia en una civilización que carecer de memoria.