Richard Speck: los dos lados del espejo

POR José Luis Durán King

Richard Speck es un espécimen único en el universo del crimen, al condensar las personalidades del asesino serial y el de masas

El caso de Richard Speck como asesino de masas es bastante conocido. La madrugada del domingo 14 de julio de 1966, los gritos de una mujer despertaron a los residentes de la calle 100 este del sur de Chicago. La gente llamó a la policía y el primer agente en acudir fue Daniel R. Nelly, quien llevaba apenas 18 meses adscrito al departamento de policía local y que en su vida había contemplado tan de cerca el rostro del mal.
La chica hincada en el balcón gritaba “!Ayúdenme¡ ¡Todas están muertas! ¡Oh, Dios… las asesinó a todas¡”. ¿Quiénes eran todas? ¿Quién era la chica del balcón? Por el momento, el detective Nelly le pidió a la joven que por ningún motivo fuera a saltar del balcón, que él subiría a ayudarla. Así lo hizo el oficial. Sólo que su trayecto al balcón fue un infierno de unos cuantos minutos. Al entrar al departamento, Nelly tropezó con el cadáver desnudo de una joven. Metros más adelante encontró en el suelo a otra mujer, parcialmente desnuda, con señales evidentes en el cuello de que había muerto estrangulada. A unos cuantos pasos de distancia, Nelly sintió el aliento de las parcas al descubrir los cadáveres de tres mujeres, maniatadas y con la garganta cercenada. Finalmente, en una habitación, el agente descubrió los cuerpos de tres chicas más. Hasta el momento eran ocho y todas estaban muertas. Nelly llegó al balcón y ayudó a bajar a la sobreviviente, de nombre Corazon Piezo Amurao.
El diablo toca la puerta
Corazón Amurao compartía departamento con otras ocho compañeras estudiantes de enfermería del Hospital Comunitario del Sur de Chicago. La noche del día más difícil de la ciudad de los vientos, Amurao abrió la puerta del apartamento, pensando que eran algunas de sus condiscípulas que, por ser domingo, habían salido a divertirse. Pero no, era un hombre de veintitantos años en evidente estado de ebriedad por alcohol o drogas o por ambos. Además, en una de las manos traía un argumento contundente, difícil de rebatir: una pistola. La rapidez y determinación en los movimientos del intruso tomaron por sorpresa a las estudiantes. Corazón Amurao, de hecho, al declarar, no recordaba los rasgos físicos del hombre, todo lo que tenía en mente era el tatuaje del agresor en uno de los brazos: “Born to Raise Hell”.
Inicialmente, el hombre se colocó en cuclillas frente a las mujeres, sin saber qué hacer, jugando con el cañón del arma en el piso. Repentinamente, rasgó en tiras una sábana y maniató a las jóvenes. Minutos después de terminar esta tarea, entraron al departamento las dos estudiantes que faltaban por llegar. Al ver lo que estaba sucediendo, intentaron escapar. Fue la alarma que activó la mente deteriorada de Richard Speck. Alcanzó a las jóvenes y las metió en una de las habitaciones. Fueron las primeras en morir, una por estrangulamiento, la otra a cuchilladas.
En una jornada de terror, Speck eligió un par de habitaciones, además del baño, como cámaras de ejecución. Se tomó su tiempo para acabar con la vida de las muchachas. Cuando creía que estaba demasiado manchado de sangre, caminaba al baño para lavarse rostro y manos. Siete de las nueve estudiantes murieron sin que su verdugo les exigiera relaciones sexuales. Era como si estuvieran ahí nada más para morir. La octava víctima fue violada varias veces e incluso Speck le pidió que con las piernas abrazara su espalda, según declaraciones de Amurao. Al terminar de satisfacerse, Speck asesinó sádicamente a Gloria Davy, quien, coincidentemente, guardaba un gran parecido con la que había sido la esposa del intruso.
Antes de llegar al departamento de las enfermeras, Richard Speck había sufrido una decepción más en su vida de perdedor. Cuando creía que había conseguido un lugar en la tripulación de un barco que haría una travesía de varios meses, le informaron que el puesto se había asignado a otra persona. Speck, sin dinero ni fe en la especie humana entró a una sala de billar, donde estuvo bebiendo con otros marineros. Al parecer, éstos le invitaron algo más fuerte, algo que se inyecta intravenosamente y transforma la personalidad de los hombres en monstruos. En ese estado visitó el departamento de las estudiantes, ese estado le impidió percatarse que una de sus víctimas, Corazón Amurao, se había escondido bajo una cama y, con ese truco de primaria, logró salvar la vida y proporcionar la información que condujo a la detención de Speck.
Predador serial
Richard Speck falleció en diciembre de 1991 a consecuencia de un ataque cardiaco que sufrió al interior de la prisión. Llevaba encerrado 19 años. Su cadáver fue cremado y las cenizas enterradas en algún lugar conocido sólo por las autoridades.
Después de muerto, las hazañas de Speck continúan aflorando. Y la más inquietante de ellas tiene que ver con la faceta de asesino serial del individuo que nació para levantar el infierno. Existen claros indicios de que en 1966, año de la matanza de las enfermeras y del divorcio de Speck, éste acabó con la vida de Mary Pierce, una asistente de bar, quien la noche del 10 de abril desapareció. Tres días después fue hallada, desnuda y estrangulada, detrás de la taberna donde trabajaba. En julio, tres muchachas desaparecieron de un vecindario de Indiana al que Speck había llegado. Nunca fueron encontradas. En ambos casos, Speck fue el sospechoso principal, ya que sus antecedentes penales registraban varios ataques y robos a mujeres. Pero no se pudo comprobar su culpabilidad.