Elias Canetti: la conciencia de las palabras

POR José Luis Durán King

Al igual que James Joyce, Canetti estaba fascinado y a la vez obsesionado por el lenguaje. Pero la suya no era esa obsesión neurótica que atribula a los puristas de la palabra. No, en Canetti el multilingüismo fue parte de su herencia familiar. Reverenciaba la palabra hablada, en cualquier lengua que se manifestara a sus oídos

Cuando era niño, en su natal Rustschuk, Bulgaria, en la ruta principal entre Sofía y Bucarest, las jóvenes sirvientas de la familia narraban a Elias Canetti cuentos locales de hombres lobo y vampiros. Los padres de Canetti, judíos sefarditas, contaban otras historias, pero lo hacían en una forma antigua del español, así como en alemán, una lengua que su madre le obligó a aprender a los ochos años. En su ciudad misma, el niño escuchaba hablar a griegos, albanos, armenios, turcos, españoles, rumanos y rusos. Aunque también a Rustschuk acudían tribus de gitanos, con su propia lengua y sus muchos dialectos. Por si fuera poco, su abuelo hablaba hebreo. Al crecer, Elias Canetti aprendió inglés, latín, griego y francés, y se convirtió un experto en las formas peculiares del alemán hablado en Suiza y Austria.
Al igual que James Joyce, Canetti estaba fascinado y a la vez obsesionado por el lenguaje. Pero la suya no era esa obsesión neurótica que atribula a los puristas de la palabra. No, en Canetti el multilingüismo fue parte de su herencia familiar. Reverenciaba la palabra hablada, en cualquier lengua que se manifestara a sus oídos. Esa reverencia reposa en el corazón de sus escritos. Incluso cuando la lengua que acaricia sus oídos le es desconocida, Canetti la abriga con interés especial y encanto instintivo, como puede constatarse en una de sus obras más cortas pero no por ello menos hermosa y cercana como lo es Die Stimmen von Marrakesch (Las voces de Marruecos), en la que el autor es cautivado por el sonido de los dialectos arábigos y beréberes, por los lamentos de los ciegos, de los pordioseros, los hombres que pregonan o mendigan en la Mellah, la antigua sección judía de la ciudad.
Ventaja idiomática
Canetti fue un hombre que en la primera mitad de su vida estuvo rodeado por las multitudes y los movimientos de varias diásporas. Paradójicamente, esa existencia febril y agitada en medio de sociedades cambiantes fue la que lo convirtió en un hombre más meditativo y solitario. Sin embargo, para alguien llamado a ser un lingüista y un escritor, empezar su carrera con la ventaja inestimable de haber nacido dentro de un círculo familiar en el que se hablaban varias lenguas, y más adelante mudarse a ciudades como Zurich, Berlín, Fráncfort y Viena, donde es natural educar a la gente para que se exprese en diversos lenguajes, contribuyó a que la inventiva fluyera libremente.
En el primero de sus tres volúmenes autobiográficos, La lengua absuelta: la historia de mi juventud (1977), escribe a propósito de sus primeros años: “Todas las escenas de mi vida estuvieron representadas en español o búlgaro. Más tarde se trasladaron al alemán… No puedo decir exactamente cómo ocurrió… Pero hay una cosa que puedo decir con certeza: los eventos ocurridos en esos primeros años han preservado todo su poder, toda su frescura en mi mente: me he alimentado de ellos por más de 60 años”.
Muerte súbita
La casa de los Canetti era grande y estaba distribuida en varios edificios alrededor de un patio enorme en el que destacaba la residencia del abuelo. Ese personaje extraído del Antiguo Testamento dominaba la vida de toda la familia y, cuando el padre y la madre de Elias anunciaron en 1911 que emigrarían a Gran Bretaña, el abuelo lanzó a su hijo una solemne maldición. Pese a todo, Elias era su nieto favorito. Pero el niño tenía un temperamento violento, que se expresó a los tres años, cuando una de sus primas se negó a enseñarle las letras del alfabeto. Elias fue por un hacha y el abuelo tuvo que intervenir para que las cosas no pasaran a mayores.
De 1911 a 1913, la familia Canetti vivió en Manchester, donde dos de los hermanos de la madre de Elias se habían establecido en los negocios. La libertad social y cultural de Manchester fue un alivio después de la atmósfera sofocante que se respiraba en Rustschuk. Sin embargo, cuando Jacques Canetti, padre de Elias, falleció a causa de un ataque al corazón, la familia tuvo que mudarse al hogar de un tío paterno en Palatine Road, donde Elias jugó el papel de ángel guardián para su inconsolable madre, intensificándose la relación entre ambos, que perduraría durante la juventud de Elias y parte de su edad adulta.
Las descripciones de Canetti de aquellos años de su infancia son hermosamente evocadas. Antes de su muerte repentina, naturalmente atribuida a la maldición lanzada por el abuelo, su padre había empezado a comprarle obras populares para niños, en una serie que incluía a Dante, Cervantes y Shakespeare, así como a los hermanos Grimm, Robinson Crusoe y la historia de William Tell, este último, un trabajo que impresionó a Elias por la belleza y libertad de la palabra. Los domingos, Elias y su padre caminaban por las calles de la ciudad, itinerarios en los que el niño aprendió sus primeras palabras en inglés.
En Manchester, Elias fue inscrito en una escuela de Barlowmore Road, bajo la dirección benevolente de una señorita de apellido Lancashire. Fue ahí donde se enamoró por primera vez. El objeto de su amor era una compañera de nombre Mary Handsome, por quien desarrolló una pasión de intensidad precoz, al grado que su madre tuvo que asistir a la escuela para poner fin a ese frenesí.
En el verano de 1913, Elias, su hermano menor Georg y su madre dejaron Inglaterra por París, Zurich y Viena, donde permanecieron tres años. La madre se encargó de la formación cultural de Elias, apoyándose en largas lecturas de Shakespeare y Schiller. También le enseñó, mediante un método irracional muy alejado de los principios pedagógicos, el alemán. Después de varios meses y de severas reprimendas, Elias hablaba un alemán bastante fluido, aunque su madre nunca estuvo satisfecha con los resultados.
Los años felices
En 1916, Zurich fue el nuevo destino de los Canetti. Elias se refiere a esa época como una de las más felices de su vida, un periodo formativo que abarcó hasta 1921, durante el cual completó su educación académica y descubrió a autores que admiraría por el resto de sus días, como Gottfried Séller, Frank Wedekind, Eduard Mörike, Theodor Store, Jacob Burckhardt y Jeremias Gotthelf, entre otros.
Canetti escribió su primera obra, un ridículo drama en verso influido por Schiller, sobre la vida de Junio Bruto. Aunque también descubrió a su primer gran contemporáneo, el suizo Robert Walter, quien vivía cerca de Zurich, circunstancia que, pese a todo, no pudo ser salvada para que los escritores se conocieran personalmente. En ese tiempo, Lenin también vivía en Zurich. Asimismo, la ciudad albergaba el célebre Cabaret Voltaire, con muchas de sus principales figuras del movimiento dadaísta, una tendencia que no mereció la atención de Canetti.
En 1934, mientras trabajaba en Die Blendung, que a la postre sería su única novela, escapó de la influencia de su madre al casarse con Venecia Taubner-Calderon, la mujer que con el nombre de “Veza” domina gran parte de sus memorias. Su padre sustituto sería el gran periodista Karl Kraus, cuyo estandarte contra la vulgarización moderna de la cultura Canetti hizo suyo.
La obsesión por las multitudes y la violencia de las masas surgió cuando él (de nueve años) y su madre fueron atacados por una turba en Berlín. Había visto grandes manifestaciones en Zurich a causa de la inflación de los años veinte del siglo pasado y, el 15 de julio de 1927, atestiguó la marcha de un grupo de trabajadores hacia el Palacio de Justicia de Viena. La guardia del palacio fue desplegada y alrededor de 90 manifestantes desarmados fueron asesinados. Canetti, completamente aterrorizado, caminó entre los cuerpos ensangrentados. Aquella escena lo acompañó toda su vida, al grado que inicialmente planeó una serie de ocho novelas que intentarían ser una “comedia humana” de la locura, un proyecto influenciado por uno de sus autores favoritos: Balzac.
Sólo un libro de esa serie fue escrito, Die Blendung (1935), traducido al inglés 11 años después por el historiador C.V. Wedgwood (bajo la supervisión del propio Canetti) con el nombre de Auto de fe.
Auto de fe originalmente fue concebido con el título Kant Catches Fire, aunque posteriormente Canetti pensó que era demasiado pretencioso. Sin embargo, el autor mantuvo sus ideas del fuego y de Kant, quien en la obra aparece como un sinólogo brillante y obsesionado. La voz narrativa pondera varios temas –la proximidad del pensamiento abstracto a la locura, la psicología del fascismo, el papel del lenguaje en la sociedad, la decadencia del humanismo liberal– dentro de una comedia negra.
Las virtudes de su terrible pesimismo, así como su forma narrativa fragmentada representaron un desafío para los lectores. Los críticos destacaron el humor insano y el rígido simbolismo de la obra. Pocos, muy pocos, apreciaron de inmediato la calidad del trabajo de Canetti, entre ellos Thomas Mann. Kate O´Brien opinó que “una obra insana y magnificente no tiene posibilidades de perdurar… lo que no nos da derecho a negar el genio o la justificación”.

Masa y poder

El problema de las masas y el poder, que preocupaban a Canetti desde 1925, el autor resolvió abordarlo rigurosa y científicamente. El resultado fue ese híbrido masivo Masse und Match (1960), trasladado al inglés en 1962 como Masa y poder. “Es un libro ambicioso, una combinación de antropología e historia que intenta explicar por qué la psicología de masas es distinta, y a menudo opuesta, a la de los individuos que la componen. Se abre con la afirmación: ´No hay nada que el hombre tema más que el toque de lo desconocido´, frase que capta el estilo aforístico de Canetti y también una de sus mayores preocupaciones: la influencia de las emociones en las inclinaciones racionales”.
A Masa y poder le sucederían tres volúmenes de memorias: La lengua absuelta (1977), La antorcha al oído (1980) y El testigo escuchador (1985), donde condensa parte de su vida antes de la Segunda Guerra Mundial. Además de El otro proceso de Kafka (1969), La conciencia de las palabras, entre otros títulos. Los aforismos forman parte de su libro Toda esta admiración dilapidada.
En 1981, casi medio siglo después de su obra maestra, Auto de fe, y para sorpresa de muchos, Elias Canetti obtuvo el Premio Nobel de Literatura. El comité del Nobel denominó a Auto de fe una de las grandes novelas del siglo XX y la situó en la tradición de Hermann Broch y Robert Musil.
Hasta su muerte, ocurrida el 14 de agosto de 1994, Canetti mantuvo dos hogares, en Londres y su bienamada Zurich, esta última ciudad donde falleció.