D.H. Lawrence: el amor en los tiempos de la tuberculosis

POR Thomas Stuttaford

El amante de Lady Chatterley fue escrita en una atmósfera de infidelidad, en la que Frieda von Richthofe, esposa de D.H. Lawrence, mantenía amoríos con Angelino Ravagli
D. H. Lawrence murió de tuberculosis en 1930, y aunque alcanzó el cenit de su fama –unos podrían decir que el de la notoriedad– con la publicación de El amante de Lady Chatterley, las biografías en torno a él siguen escribiéndose y sus demás libros son leídos y disfrutados. La biografía a cargo de John Worthen incorpora la premisa de que Lawrence se había convertido en un genio descuidado.
Lawrence vivió una agitada vida corta. En los años cuarenta me presentaron en la Universidad de Nottingham a una contemporánea suya. Me dijo que Lawrence era un hombre bastante popular en la facultad, pero que su éxito posterior sorprendió a quienes lo conocían. Para los que dedican más tiempo a la medicina que a la literatura, la vida de Lawrence es interesante en dos aspectos: su tuberculosis y la luz que arroja El reporte Kinsey acerca de su escritura y modo de vivir, un estudio exhaustivo de conducta sexual publicado en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado.
Lawrence sufrió durante cinco años el incremento severo de la tuberculosis. Adquirió la enfermedad en México. La tuberculosis le fue diagnosticada después de una tos persistente que inicialmente no parecía ser más que la consecuencia de una gripe mal atendida. Entonces, como ahora, existen mayores probabilidades de adquirir la tuberculosis en el tercer mundo, donde la pobreza rifa y los estándares de vida son bajos.
Una de las reglas de oro vigentes en la medicina es que si una tos es inusualmente persistente una vez que los síntomas agudos han disminuido, es importante realizar exámenes adicionales.
Los médicos de Lawrence fueron pesimistas desde un principio. Era la época pre-antibiótico, pre-antimicrobiana, cuando los especialistas limitaban su tratamiento de la tuberculosis al aire fresco (pero no al sol directo), el ejercicio moderado y a la alimentación abundante.
El comportamiento de Lawrence en las primeras etapas de la enfermedad ilustra la antigua máxima médica de que la tuberculosis no afecta el deseo sexual sino hasta que el paciente comienza a debilitarse. Anteriormente, los pacientes admitidos en los sanatorios estaban exentos de cualquier tipo de trabajo diario, tenían todo el tiempo en sus manos. Y debido a que muchos hospitales tenían una población mixta, la posibilidad de una nueva y excitante vida social era una tentación que no todos los internos podían resistir.
Hambre uterina
La esposa de Lawrence, Frieda von Richthofen, sobrina del legendario “Barón rojo” von Richthofen, el piloto de la Primera Guerra Mundial, tenía un apetito sexual voraz. Continuamente tenía relaciones con Lawrence en las primeras etapas de la enfermedad de éste. Sin embargo, para 1930, cuando el escritor agonizaba, Angelino Ravagli, el amante italiano de Frieda, prohibió a la mujer que atendiera a su esposo. Existe la teoría de que El amante de Lady Chatterley fue escrito en esa atmósfera, ya que, como Lawrence estaba bastante débil por la tuberculosis, sintió una gran afinidad con el lisiado Sir Clifford de la novela.
La tuberculosis de Lawrence y el efecto en sus deseos y habilidades sexuales, las grandes demandas sexuales de su esposa y las aproximaciones de ésta a las relaciones extramaritales representan también una excelente introducción a la reciente reimpresión de la obra de Kinsey, Sexual Behaviour In the Human Female, parte de su épico estudio publicado en 1953.
La nueva edición incluye una excelente introducción de John Bancroft, quien fue una figura importante en la medicina británica hace más de 35 años, antes de que se mudara a Estados Unidos. Kinsey registró las diferencias en el comportamiento sexual entre hombres y mujeres. No obstante, en los últimos 50 años, desde que el libro de Kinsey fue publicado y la píldora oral anticonceptiva se estableció, esas diferencias han disminuido.
Tomado de: Times. Marzo 18, 2005.