El mes de la prostitución

Alfredo C. Villeda

George Bataille llegó a la provocadora conclusión de que uno debe instalar prohibiciones para poder gozar luego de su violación. “El sistema es necesario y también lo es el exceso”, gustaba decir. Ignoro, a propósito de limitaciones, si hay un Día de la Prostitución, pero sé que hubo siglo, el XIX, y un país, Francia, en el que las heroínas eran cortesanas de talante y carácter diversos, desde la malograda Marguerite Gautier, en La Dama de las Camelias, hasta los resignados personajes de Guy de Maupassant en sus relatos “Bola de Sebo” y “El regalo”. Y Manon Lescaut, de Prévost. Y Nana, de Zola, que inspiró la Santa de Federico Gamboa. ¿También Emma Bovary, de Flaubert? Sólo que la colección de amantes influya en la clasificación.
Sabe el fusilero también que hay un mes, noviembre de 2009, en el que prohibiciones, prostitución y nota se amotinaron para colarse a portadas, portales y pantallas, como heroínas y como villanas, según el lector en turno:
1. Una científica británica, Brooke Magnanti, se suelta el cabello y revela ser Belle de Jour, la bloguera y call girl que confiesa y reivindica vía internet la práctica del oficio de marras, homenaje voluntario, exquisito, además, al gran filme de Luis Buñuel y a su actriz protagónica, la eterna Catherine Deneuve. “Lo disfruté”, dice desde su temprano retiro. No opina lo mismo el 70 por ciento de sus ex colegas, que declaran ser agredidas de forma constante, o quienes han experimentado que esa chamba las hace 40 veces más propensas a morir de forma violenta que quienes son ajenas a él.
2. La estrella más sexy de Hollywood, Megan Fox, le dice al New York Times estar hasta el gorro de que la llamen prostituta, cuando lleva cinco años de feliz y fiel relación con alguien, por lo que decreta: me vale madre. Y confiesa que, en efecto, se vale de su figura para crecer en su industria (la del cine, no la otra). Lleva tatuada en un brazo a Marilyn como una alerta para no terminar como la gran rubia a quien Truman Capote retrató en un cuento magistral: “Y sin embargo, era encantadora”. En ese “sin embargo” había más que ponzoña.
3. En apariencia desinhibida, a juzgar por sus monumentales desfiles carnavalescos, una parte de la juventud brasileña da un salto al vacío con el espisodio en una universidad, cuyos alumnos reprueban que una de sus bellas compañeras, Geisy Arruba, use minivestido, y a la voz de “¡puta, puta!” la acosan mientras amagan con agredirla físicamente y tiene que ser escoltada por la policía a la salida. Además, la expulsan, medida que ya se revocó dada la repentina fama de la falsa ramera de apenas 20 años. Por supuesto, ya tiene oferta para posar en Playboy.
4. Brasileña también, Brenda es una transexual de 32 años que, en ausencia de su amiga y colega travestí Natalie, daba servicio a Piero Marrazzo, gobernador de Lazio en desgracia después de que un grupo policiaco lo sorprendió con los pantalones al tobillo mientras era atendido como, quizá él suponía, se merece, y acabó videograbado con teléfonos celulares. Brenda, decíamos, se convirtió el viernes en la segunda vícima mortal de este enredo político-sexual-criminal, al ser hallada asfixiada en un apartamento en Roma, donde tenía preparado todo para salir huyendo tras complicarse esta historia de espías y chantajes. El primer muerto tras explotar el escándalo fue el padrote de Natalie.
Hay en todas estas historias la provocación, prohibiciones, excesos y gozo, la combinación, pues, sobre la que filosofaba Bataille: la copycat de Deneuve es una prostituta confesa (de a devis, no como Denise Richards en el documental Yo, puta), tanto como la transexual muerta en Roma, mientras que la garota univeristaria sólo fue señalada de “¡puta, puta!”, por su minivestido, por una turba de falso recato, farsante, colectivo tan vulgar y primitivo como el que abusó, humilló y despreció en un viaje en diligencia a Bola de Sebo, la heroína del gran Maupassant. Megan Fox, en cambio, desecha los dardos que la crucifican como meretriz y se enfoca en ser algún día Meryl Streep, antes que un “encantador” personaje tipo la Monroe en el cuento de Capote.
El gran Cioran ha escrito que la mujer pública es la criatura menos dogmática: “Vivir sin convicciones respecto a los hombres y a ella misma, esa es la gran enseñanza de la prostitución, academia ambulante de la lucidez”.
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