¿Por qué las mujeres?

Sexo, número y clase social
POR Anne Lewellyn Barstow

En general, la brujería, la maldad humana por excelencia,
Se asoció al sexo femenino en la misma medida que la santidad,
La bondad por excelencia, se asoció al sexo masculino.
Christina Larner, Witchcraft and Religion.

Joan Petersen, una curandera, “fue examinada de nuevo del modo más antinatural y bárbaro por cuatro mujeres” traídas por sus denunciantes, que encontraron “un pezón carnoso en sus partes íntimas mayor que el de la mayoría de las mujeres”. Después de que testigos comprados prestaran testimonio en contra de ella, fue ejecutada.
La exploración del cuerpo de una mujer para buscar el llamado pezón del diablo era una de las pruebas más definitivas para determinar si la acusada era bruja. Aunque el examen solía ser llevado a cabo por mujeres —pero no con delicadeza, como demuestra el caso de Joan Petersen—, las sesiones eran frecuentemente presenciadas por funcionarios judiciales de sexo masculino. Cuando el alguacil de Salisbury desnudó a Eunice Cole para ser azotada por brujería, vio “bajo uno de sus pechos… una cosa hinchada, parecida a una teta, que colgaba hacia abajo, de aproximadamente tres cuartos de pulgada de largo y no muy gruesa”. Los hombres que estaban alrededor le vieron “estirársela”; más adelante afirman que Eunice “se la arrancó violentamente”, con lo que sugieren que intentó eliminar las pruebas de su cuerpo. Cuando la examinaron más a fondo mujeres traídas a tal efecto, en su lugar encontraron “una parte de su pierna de la que era probable que hubieran chupado los demonios familiares”.
Esta lujuriosa escena es un ejemplo de lo que se tratará en este libro. Un análisis de este tipo de violencia pone de manifiesto el terror sexual y la brutalidad empleada en la caza de brujas, un tema muy poco estudiado. El historiador norteamericano Lois Banner ha hecho notar que de las constantes culturales características de la sociedad patriarcal —guerra y violación— han sido muy poco estudiadas por la investigación feminista y que una tercera, la pornografía, sólo ha sido estudiada por el movimiento feminista, y no suficientemente. En cuestiones relacionadas con la violencia física, especialmente contra el cuerpo de las mujeres, hemos permanecido extrañamente silenciosos. Añado a su comentario que los autores que han tratado el tema de brujería, feministas o no, también han evitado los detalles de lo ocurrido con los cuerpos de las víctimas y no se han preguntado en voz alta por las implicaciones del hecho de que la mayoría fueran mujeres. Hasta la fecha los historiadores, siguiendo el interés tradicional por los aspectos legales e intelectuales de la historia, han centrado su atención más en los jueces y teóricos de los procesos de brujería que en las mismas brujas, lo cual puede explicar dicha omisión. Pero podríamos preguntarnos si no ha sido la repulsión que sentían ante la idea de la exploración pública y de la tortura de los cuerpos femeninos lo que ha motivado esta elección.
Tener un cuerpo femenino era el factor que más acrecentaba las posibilidades de ser acusado de practicar brujería. Las connotaciones sexuales y la violencia explícitamente sexual utilizada en muchos de los procesos hacen evidente este hecho. El tipo de mujeres que eran acusadas y las circunstancias que rodeaban las acusaciones también dicen mucho de la condición de la mujer en los primeros tiempos de la Europa moderna.
La caza de brujas. Historia de un holocausto. Tikal Ediciones. España.