De MILLER a VENUS

Febrero 26, 1977
¡Qué mujer eres! Vienes hasta aquí a echar cartas en mi buzón y no haces el menor esfuerzo por verme. ¿O sí? Sí, tienes un cierto parecido a Filipovna, sólo que ella iba buscando algo diferente. Sabes, pienso que los rusos son enigmáticos, quizá porque son asiáticos y allí todo es misterioso. La gente dice que la lengua rusa es maravillosa y ciertamente el entorno físico –las estepas por ejemplo– ha marcado con poderosa influencia e impregna todo lo que hacen.
Siempre me han intrigado las mujeres que se enamoran de hombres mucho mayores que ellas. Advierto, por ejemplo, que normalmente son interesantes conversadoras, y que llevan vidas llenas de riesgos (no risués), etc., etc. Pero la Nastasia de Dostoiewsky es una extraordinaria mujer, rusa, china o árabe. En cierta manera también lo era mi ex esposa Mora de los Trópicos. (Tenía sangre gitana, rumana y judía. Su sangre tenía gran importancia. Le daba tono a todos sus actos.) Por supuesto que era también una actriz, dentro y fuera del escenario. Y en cierto sentido la actriz que hay en una mujer me fascina. (Supongo que me deben gustar las personalidades múltiples.) Y normalmente aprecio el toque demoníaco (en los hombres como en las mujeres.) La otra noche, cenando, Tony decía que hay un buen número de mujeres en mi vida con las cuales no era necesaria una relación sexual. Casi todas esas mujeres, según caigo en la cuenta ahora, eran personajes altamente interesantes como conversadoras.
¿Por qué te cuento todo esto? Primero de todo, y lamento decirlo, por distraer mi atención del dolor en el pie, que anoche lo tenía muy mal pese a que en apariencia va mejorando. Curiosamente, aunque tengo males de diversa suerte mi salud general es buena. Cada día me siento un poco mejor, aunque cuando se trata de caminar estoy hecho una pena. Y me humilla ir colgado como un tullido del brazo de una mujer guapa, especialmente en un gran restaurante donde todo el mundo te mira. ¿Cómo están hoy tus bellos ojos? No leas durante mucho rato seguido. Un poquito cada vez. Termino ahora con un cálido abrazo. Eres una contradicción total, un ángel con sexo.
                                                                                                           Henry
P.D. Podría escribir mucho más. Y lo haré. Trata de soportarlo. Tengo una paciencia infinita y al mismo tiempo soy el más impaciente de los hombres. ¿Crees realmente que parezco un Orfeo en Brooklyn?