Françoise Sagan: la revolución en un Maserati

POR Opera Mundi

A los 18 años, Françoise Sagan publicó Buenos días tristeza, novela que la catapultó a la fama y a los excesos. Después de probar de todo y con un apetito sexual voraz que incluyó tríos, cuartetos, hombres y mujeres, el final de su vida fue como el de muchos escritores: la ruina física y económica

Françoise Sagan irrumpió a la escena literaria francesa en 1954 con su primera novela Buenos días tristeza, escrita cuando tenía 18 años. La novela narra la historia de una rebelde de 17 años cuyas manipulaciones destruyen las relaciones entre su padre libertino y sus varias mujeres.
Publicada justo cuando los adolescentes emergieron como un grupo social distinto, Buenos días tristeza se convirtió de inmediato en un suceso de escándalo, deleitando y sacudiendo al público con su cinismo y su suave amoralidad. La novela tristeza obtuvo el Premio de los Críticos, el cual significó para Françoise Sagan más de medio millón de dólares, además de una denuncia papal.
Un estilo de vida
La obra literaria de Françoise Sagan ofrece una versión de Francia en la que la responsabilidad social no tiene nada que ver con el estilo de vida, un principio que ella siempre estuvo dispuesta a cumplir.
Uno de los trucos publicitarios de Françoise Sagan era llegar a un club nocturno con un acompañante y salir con otro, estacionando sus autos deportivos a la puerta del club sin importarle las señalizaciones de tránsito.
Para ilustrar este punto, la portada de una de sus novelas muestra a Sagan, a los 19 o 20 años, cubierta por un abrigo de piel de leopardo, con una gran cantidad de sombra bajo los ojos y recargada en la puerta de un Jaguar convertible.
Sin embargo, pese a su apariencia de superficialidad, Sagan fue honesta en lo que concierne a sus limitaciones como escritora y persona.
Cuando le ofrecieron una membrecía en la Academia Francesa ella la rechazó, aduciendo que había leído demasiados libros buenos como para reconocer las diferencias entre el mérito literario de Buenos días tristeza y la controversia que su libro había causado.
La botella bajo la almohada
Desde los 15 años, Sagan era un cliente asiduo de los clubes nocturnos ubicados en los sótanos de la ciudad luz, terminando la fiesta en el Boulevard St Michel… Fue a esa edad cuando empezó a beber whisky, del cual siempre mantenía una botella escondida en su habitación.
Después de fracasar en la universidad pasó dos semanas en cama debido a un accidente en yate, tiempo que utilizó para empezar a escribir Buenos días tristeza, la cual envió al editor Rene Julliard.
Buenos días tristeza fue el primer libro de una saga literaria que abarcaría más de 40 obras, entre ellas varias piezas de teatro, además de guiones de cine y textos de canciones.
La vida de Sagan superó incluso la audacia contenida en sus libros. Alentada por el éxito literario se desplazaba a toda velocidad en su Ferrari a St Tropez, donde cambiaba sus cheques de regalías por fichas de juego, whisky y líneas de cocaína, excesos a los que hay que añadir su prodigioso apetito sexual.
Uno de sus amantes declararía: “[Françoise Sagan] probó todo tipo de experiencia: con dos personas, con una mujer, con tres, cuatro”.
En los años sesenta, Françoise Sagan hizo públicas sus simpatías por la izquierda francesa. Cuando uno de sus compañeros revolucionarios preguntó “¿Qué está haciendo la camarada Sagan en un Ferrari?”, ella respondió: “No es un Ferrari, es un Maserati”.
Problemas económicos
El 9 de abril de 2002, el reportero del The Observer, Paul Webster, en una nota titulada “La tragedia de Françoise Sagan”, describió así a la escritora: “Reducida a una sombra de la adolescente despreocupada que con ese primer libro, publicado en 1954, vendió millones de ejemplares en todo el mundo, Sagan confesó, con la ayuda de un vaso de whisky y un par de cigarrillos, que su mala salud y sus problemas económicos le impedían terminar sus últimos dos libros”.
La crisis económica a la que se refería el periodista tenía como causa la dilapidación de su fortuna en apuestas y excesos, a lo que se sumaba una orden judicial que la obliga a pagar alrededor de 800 mil euros en impuestos por ingresos no declarados, o de lo contrario cumplir una condena de un año de cárcel.
La controversia, que es el recurso jurídico de los gandallas, terminó en la confiscación y venta en subasta de la casa de Françoise Sagan en Normandía.
Sagan todavía tuvo tiempo de destilar su veneno cuando le preguntaron acerca de la “literatura del cuerpo”, practicada por el grupo de escritoras dirigido por Catherine Millet, cuyas obras de contenido sexual explícito se consideran consecuencia inevitable de la atmósfera libertina preconizada en Buenos días, tristeza.
Françoise Sagan simplemente dio una fuerte aspirada a su cigarro y respondió en forma contundente: “No me gusta nada”. Falleció de una embolia pulmonar el 24 de septiembre de 2004 a los 69 años.

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