Amor y ADN: para bien o para mal

POR Rafael López Méndez

Para los que se quedan sin bailar en todas las fiestas y no logran tener compañera ni en las redes sociales, científicos de Suiza desarrollaron un programa que encuentra a la pareja ideal

Para algunas personas, las relaciones de pareja se han convertido en un problema constante que deriva en que varias de ellas decidan declararlo como un caso cerrado para el resto de sus días. Sin embargo, la ciencia puede ayudarlos a que el “amor” les acomode a la medida de sus necesidades.
Cuestión de suerte, de práctica o simple destino, quienes sufren y se desaniman cada vez que tienen una desilusión afectiva, investigadores de Suiza desarrollaron un programa que encuentra a la “pareja ideal” mediante exámenes de ADN a los usuarios que contraten su servicio.
Aunque esta técnica se utiliza desde hace tiempo en algunas partes de Europa y Asia, el servicio llamado Gene Partner analizó a cientos de parejas para determinar los patrones genéticos que componen las relaciones exitosas.
Con la combinación de algoritmos y una muestra de saliva, la ciencia busca dejar atrás el tiempo gastado (para algunos) en el romance y olvidar aquellas experiencias y desvelos que ocasionan esa incertidumbre antes de saberse aceptado.
No obstante, hay corrientes que dudan sobre este servicio (en los cuales me incluyo), pues argumentan que en ese sentido hay cuestiones que el ADN no regula, como la cuestión cultural, las ideologías y el propio sentido común.
En el supuesto de que la prueba de ADN señale a dos personas que son compatibles en sus orígenes celulares, no quiere decir que lo sean en el momento presente, ya que en el transcurso de la vida las situaciones emocionales, junto con las capacidades intelectuales, la cultura adquirida, gustos y necesidades, se modifican conforme nuestro entorno nos lo exige.
Presunto infiel
Pero también está el otro lado de la novela, en el cual las personas llevan el ADN del presunto infiel y su “amante” para asegurarse de que les son desleales. Esta técnica, que no está regulada, se desarrolla justamente en la Ciudad de México.
La compañía Mexigen, en voz de su director, Jorge Guillén, señala que este producto tiene diferentes niveles de resultados y depende únicamente de hasta dónde el usuario quiere llegar.
Para realizar este análisis, la persona debe llevar una prenda (condones o ropa interior) que contenga fluidos biológicos para que el laboratorio haga las pruebas necesarias para determinar la compatibilidad de los genes con la infidelidad.
Sin embargo, las leyes sobre el uso del ADN señalan que para realizar estas prácticas se necesita el consentimiento por escrito de las personas estudiadas.
En este sentido, este test tendría un sentido útil en cuestiones legales, que conllevan cantidades de dinero muy grandes entre dos personas que tuvieron un mutuo pasado sentimental.
Lo cierto es que hasta ahora, los resultados para bien o para mal de estos servicios no han sido revelados; no hay quejas ni felicitaciones de sus usuarios, lo cual deja una única conclusión: toda esa “química amorosa” depende del momento anímico por el que atravesamos y no de los genes con que nacemos.
Por más que la ciencia busque simplificar la vida diaria, la esencia humana mantendrá la necesaria incertidumbre de la eterna búsqueda hacia la felicidad sentimental.
¡Ay, el amor…!