Enero 21, 1950. La muerte de Orwell

El 21 de enero de 1950, hace 60 años, murió George Orwell, a los 46 años. Los logros de sus últimos años parecieron desnivelarse por una serie de problemas personales En 1945, un poco más de un año después de la adopción de un niño de un mes (su único hijo), la esposa de Orwell murió en una mesa de operaciones. Cuando la severidad de su tuberculosis se hizo patente, Orwell buscó desesperadamente una esposa que aceptara algunos papeles de enfermera y madre, además del inminente papel de viuda. Forzado a pasar la mayor parte de sus dos últimos años en el hospital, tuvo que reconsiderar sus esperanzas, desde pensar que él podría vivir hasta que su hijo tuviera 13 años, hasta la ironía de que el perfil del autor famoso de 1984 aparecería ahora como un obituario. Después de una de las visitas postreras a su amigo Malcolm Muggeridge, éste notó que pese a los adornos navideños que colgaban de la cabeza de Orwell, y aunque vestía la chaqueta púrpura que le había regalado su segunda esposa, “el hedor de la muerte flotaba en el aire”.
El golpe más duro para Orwell ahora que estaba cerca del final fue percatarse de que, contraviniendo las órdenes de los médicos de reposo absoluto, él debía de estar sentado más que antes en su máquina de escribir. Consciente de que algunos lectores encontraban su escritura demasiado seria –“Él no podía sonarse la nariz sin moralizar sobre la industria del pañuelo”, alguna vez dijo Cyril Connolly—, Orwell trataría de explicar cómo se sentía al ser obligado por las circunstancias a “convertirse en una especie de panfletista”. En ¿Por qué escribo? (1947) afirma que él aspiro alguna vez a escribir “novelas enormemente naturalistas con finales infelices, repletas de descripciones detalladas y sonrisas contenidas”, pero parece que ese derecho nunca le fue otorgado o quizá se debió a “los tiempos tumultuosos, revolucionarios, que nos tocó vivir”.
La gente que lo visitó en su cuarto de hospital notó con tristeza que sus cañas de pescar estaban en una de las esquinas, listas para usarse. Las últimas líneas de A Little Poem sugieren que, de no haber sido por las guerras mundiales, el sistema de clases, el totalitarismo y la tuberculosis, él pudo haber alcanzado algo más: “No nací para una época como ésta”.