Günter Grass en la mira de la Stasi

Alfredo C. Villeda

En una estrategia para calentar el lanzamiento de su autobiografía, como si un Nobel necesitara de esos ardides publicitarios, Günter Grass confesó en 2006 haber sido integrante de las juventudes hitlerianas, y dejó entrever, sólo entre líneas, que era un muchacho que no sabía lo que hacía, que nunca empuñó un arma, que jamás mató a nadie y que, por supuesto, era ajeno a los sentimientos antisemitas.
La famosa autobiografía, Pelando la cebolla (Alfaguara 2006), vino a confirmar la confesión de parte, pero el fusilero tuvo a bien aclarar en ese entonces, en este espacio, que Grass se había delatado desde 1999, cuando publicó su libro Mi siglo, compendio de 100 relatos titulados con cada año del siglo XX, uno de los cuales tiene como protagonista a un fotógrafo, alter ego del novelista alemán, que se ve enredado en esos colectivos nazis devenidos soportes del posterior genocidio contra los judíos.
Ignoro si esas tácticas publicitarias tengan el éxito que las casas editoriales esperan, sobre todo cuando el personaje a promover es un ganador del Premio Nobel. Eso sí, qué difícil para un autor que escribe tan joven una obra monumental, como El tambor de hojalata, superar ese nivel. Piense usted, si se vuelve la mirada a otro ámbito de la creación, en el grupo de rock irlandés U2. Después de escuchar su álbum Joshua Tree, que data de 1987, resultaba arduo esperar que mejoraran esa producción, y uno ya sólo preveía experimentación. Quizá a eso respondan algunas campañas de promoción de gigantes.
El caso, de vuelta con Grass, es que está por publicarse un libro en Alemania con el título Günter Grass im visier: Die Stasi-Akte, es decir, Günter Grass en la mira: los archivos de la Stasi, de Kaï Schluter, quien investigó más de 2 mil expedientes de la policía secreta de la ya desaparecida República Democrática Alemana, desclasificados a partir de 1990, un año después de la caída del Muro de Berlín, un año después de lo que el mismo escritor llamó “la reunificación insensata”.
La historia de este nuevo libro, empero, va más atrás. Recupera los informes del servicio de espionaje que comenzó a seguir a Grass a partir de la publicación de una carta abierta en la que censuraba la construcción de la barrera que dividía Europa tras los acuerdos derivados de la Segunda Guerra Mundial, lo que fue interpretado por las autoridades, leales al estalinismo, como una provocación.
El narrador era víctima de la censura en la RDA, donde era identificado con el sobrenombre de Bolzen, pero todo mundo lo conocía, porque además no dejó de visitar la región entre 1961 y 1989, periodo del que consta el espionaje, documentado en esta obra de Schluter, que será publicada por el sello Christoph Links Verlag en su país y contendrá, según adelanta Le Magazine Littéraire, testimonios del propio autor de La ratesa y de otros testigos de esos agitados episodios.
Esta novedad representará, más que una simple mirada a la vida y la experiencia de un escritor, un relevante documento sobre una parte de la vida alemana y será revelador de los métodos a menudo sigilosos de intercambios literarios entre Este y Occidente. Curiosos los extremos, al final de cuentas. Grass condenó el levantamiento del muro después del reparto de 1945 y la unificación con el derrumbe de la barrera en 1989. El mismo Grass que militó en las juventudes hitlerianas y fue espiado por la Stasi.
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