Jack Kerouac: el falso testamento

POR Stephen Maughan

Aunque Jack Kerouac murió en la ruina económica, su testamento literario ha sido motivo de una lucha encarnizada entre sus familiares políticos y sanguíneos

Cuando Jack Kerouac escribió su testamento poco antes de su muerte en 1969, estaba en la ruina. Cuarenta años después comenzó una batalla feroz por su legado literario, valuado en millones de dólares. Kerouac, en problemas con su tercera esposa, Stella Sampas, dejó todo a su madre, Gabrielle Kerouac. Pero, cuando la madre murió, ésta dispuso que el legado completo pasara a Sampas, noticia que sacudió a los parientes sanguíneos del escritor, entre ellos su hija Jan y su sobrino Paul Blake Jr. Sin embargo, cuando Sampas falleció en 1990, sus hermanos heredaron el estado de las obras, con el hermano menor, John Sampas, actuando como ejecutor. La serie de acontecimientos fue de por sí impactante para especialistas y admiradores de Kerouac, pero la verdadera sorpresa estaba por llegar: en julio de 2009 un juez de Tampa, Florida, determinó que el presunto testamento de 1973 de Gabrielle Kerouac era falso.
Gerald Nicosia, autor de la aclamada biografía de Kerouac, Memory Babe, fue el primero en sospechar, en 1994, de una jugada sucia cuando Jan Kerouac vio por vez primera una copia del testamento y notó que el nombre de su abuela estaba mal escrito.
“Hablamos quizá del novelista estadounidense más influyente del sigo 20, después de todo, y ahora se ha demostrado que su legado de 30 millones de dólares fue robado, simple y llanamente”, dice Nicosia.
La familia Sampas no estuvo directamente involucrada en la audiencia de julio, pero John Sampas estuvo en desacuerdo con el veredicto. “No creemos que el testamento de Gabrielle Kerouac fuera falso ni que tenga razón un juez que basó su decisión en los testimonios ficticios de un doctor que nunca conoció a Gabrielle Kerouac”, escribió recientemente en un correo electrónico.
Lazos sanguíneos
Para Paul Blake Jr., ahora de 61 años, quien raramente declara públicamente, la decisión de la corte debe ofrecerle algún consuelo. Desde hace mucho tiempo, Blake ha argumentado que su tío Jack le escribió una carta un día antes de morir, en la que estableció: “Dejo toda mi herencia a Memere (mamá) y, si ella muere antes de mí, todo te será turnado; y si yo muero poco después, entonces todo será para ti”. La carta de Kerouac decía que él deseaba dejarlo “a alguien completamente vinculado con la última gota de mi línea directa de sangre… y no a alguno de los cientos de mierdosos parientes griegos de mi esposa… Sólo digo los hechos como son”. La carta, fechada el 20 de octubre de 1969, y dirigida a “Mi pequeño Paul”, también establece que Kerouac intentaba divorciarse de Gabrielle (de hecho, ya había comenzado los procedimientos de divorcio) y concluye: “Quiero que sepas que si aun si estás lo bastante loco, puedes hacer lo que quieras con mi propiedad, así yo dé de patadas en las cubetas, porque somos de la misma sangre”.
Blake, que estaba desesperado por dinero, vendió aquella carta al distribuidor de arte Alan Horowitz, quien, a su vez la vendió a la Biblioteca Pública de Nueva York, donde permanece hasta la fecha en la colección Henry W. y A. Berg de Literatura Inglesa y Americana. La familia Sampas señaló, por su parte, que la carta era falsa, y que la voluntad de Gabrielle permaneció inmaculada por más de dos décadas. En 1994, después de que Jan Kerouac fue notificada por vez primera acerca de la escritura incorrecta en la voluntad de Gabrielle, viajó a Florida para entrevistarse con el testigo sobreviviente y presentar una demanda. En ese entonces, Blake estaba mal y no pudo ir con Jan. Antes de que el caso llegara a la corte, Jan murió de una mal renal en 1996.
Después de la muerte de Jan, Blake era el único sobreviviente conocido con la sangre de Kerouac. Él continuó adelante con el caso de la falsificación. Durante esa época, Blake las pasaba duras, a menudo sin hogar, luchando contra el alcoholismo y la pobreza. Lo anterior se tradujo en que su abogado, Bill Wagner, al que más adelante se le unió su hijo Alan, continuaran como pudieran una costosa batalla legal, con la salvedad de que les era imposible siquiera localizar a su cliente. A pesar de los obstáculos, el veredicto emitido en julio de 2009 por el juez George W. Greer del sexto circuito judicial en Tampa, Florida, dejó en claro que la voluntad original no fue firmada por Gabrielle Kerouac y, por lo tanto, era falsa.
Greer, en un documento de 11 páginas, manifiesta: “Gabrielle Kerouac no estaba en plenitud de facultades cuando pretendió firmar su testamento; sólo pudo mover la mano y garabatear su nombre. Carecía de coordinación para escribir aquella firma”. Esto plantea la pregunta: ¿quién firmó el documento y por qué? Greer rechazó explorar aquella posibilidad, declarando que la corte no fue requerida para determinar si era la firma, pero “es suficiente saber que Gabrielle Kerouac no firmó”. De acuerdo con John Sampas, “el juez Greer basó su decisión en la ficción, su oído era una charada y el tribunal era de canguros”.
Los amigos dan la espalda
Considerando la decisión de julio, puede parecer sorprendente que tan pocos amigos de la Generación Beat y familiares de Jack Kerouac abogaran por una mirada más cercana a la voluntad de Gabrielle. El poeta dadaísta y el amigo de Jan Kerouac, Carl Macki, explicó que como Jan se había vuelto más apasionada y determinante para continuar con el proceso legal, también se había “vuelto cada vez más desafiante hacia la familia Sampas y los amigos íntimos de su padre la traicionaron en su batalla por el testamento de su abuela”. De hecho, cuando Jan preparaba su caso contra la familia Sampas a principios de los años noventa, Allen Ginsberg comentó al escritor Aram Saroyan que la apelación de Jan era infructuosa y que él personalmente había pasado “varios días investigando” los cargos y no encontró bases en la oposición de Jan. Este punto de vista fue respaldado por la mayoría de los Beats, con excepción del poeta Gregory Corso, quien fue uno de los pocos que firmó una petición para permitir a Jan hablar en una conferencia sobre Kerouac en 1995, en Nueva York. La autorización no fue concedida y fue corrida de la conferencia cuando se aproximó al micrófono a decir algunas palabras sobre la importancia de preservar los papeles originales de su padre.
Algunos eruditos de Kerouac atribuyen lo anterior al poder e influencia de la familia Sampas, que había visto el valor de la obra de Kerouac incrementarse exponencialmente. Brenda Knight, autora del libro Las mujeres de la Generación Beat, aduce que ella cree que muchos de los amigos de Jack Kerouac “estaban preocupados por aparecer en la “lista negra” en forma no oficial. La familia Sampas poseía “uno de los cuerpos literarios más valiosos en el mundo”, afirma, y podía ser una fuerza poderosa que un escritor comercialmente menos exitoso quisiera enfrentar.
Quizás muchos de esos escritores tuvieron miedo de alinearse con la hija de Jack Kerouac, sobre todo cuando el propio escritor sólo había visto a Jan dos veces en su vida. Nicosia recuerda ejemplos específicos de historias inexactas que él cree fueron “colocadas por la familia Sampas”, incluyendo una publicada en el Boston Herald acerca de que Jan era ”una hija ilegítima”.
Sampas, sin embargo, cree que ha sido mal personificado. En una entrevista señaló: “No soy nadie. Me han caracterizado como a alguien poderoso de la Mafia. Sólo soy el cuñado de Jack Kerouac”. Más recientemente reaccionó a los argumentos de Nicosia, explicando: “Nicosia es un tonto bien conocido que ha estado acechando la obra de Kerouac durante años”.
La venta de On the Road
Uno solo puede hacer conjeturas sobre cómo las cosas pudieron haberse desarrollado si la voluntad no hubiera sido falsificada, pero es probable que Jan habría tenido el dinero para tratar sus problemas de salud, y Blake evitado ser un vagabundo pobre. Antes del veredicto de falsificación, Blake no podía entender por qué su abuela lo había dejado fuera de su testamento. Pensaba que al menos recibiría un juego de cartas de beisbol, ya que continuamente él y su tío jugaban juntos. La familia Sampas ha dicho reiteradamente que con gusto habría ayudado económicamente a Blake si él lo hubiera pedido directamente, en vez de seguir adelante con Jan Kerouac en el caso del tribunal.
Seguramente, pues había mucho dinero para dar y repartir. A principios de los años noventa, cuando John Sampas asumió el estado de Stella, reclutó la ayuda del propietario de una librería de Massachusetts, Jeffrey Weinberg, para valorar la memorabilia de Kerouac, incluyendo cartas, ediciones firmadas y borradores. De acuerdo con Weinberg, Sampas le dijo: “Quiero convertir algo de esto en dinero en efectivo”. Y lo hicieron. Para la consternación de algunos de los simpatizantes de Kerouac, por el peso de la popularidad del escritor, el actor Johnny Depp desembolsó más de 40 mil dólares por varios artículos del autor, incluyendo una trinchera, un sombrero y una maleta. Entonces, en 2001 la familia Sampas vendió el manojo original del que muchos consideran la obra maestra de Kerouac, On the Road, a James Irsay, propietario de los Potros de Indianápolis, en 2.43 millones de dólares.
La venta a coleccionistas privados explica por qué algunos especialistas y seguidores tienen sentimientos negativos hacia la familia Sampas. Nancy Grace, autora de Jack Kerouac and the Literary Imagination (2007), expresó: “Muchos especialistas en Kerouac han creído durante mucho tiempo que John Sampas sacó hasta el último penique del corpus literario del escritor, sin preocuparse por el estudio genuino de la obra o de Kerouac”.
Incluso más frustrante para los eruditos ha sido la pérdida o la imposibilidad de acceso a varios artículos, como el manojo original de On the Road, que ha dado la vuelta al mundo en una caja cerrada de cristal. O de cualquier borrador completo de The Dharma Bums, Big Sur y Vanity of Duluoz, que han sido vendidos a coleccionistas privados o permanecen descatalogados. Ann Charters, autora de la primera biografía de Kerouac, ha manifestado: “No estoy de acuerdo en que se vendieran a coleccionistas privados los escritos inéditos de Kerouac, deberían estar a disposición de los especialistas cuanto antes”. Y añade que “ese estilo disidente de escribir su autobiografía ficticia hace que sea imperativo para los especialistas tener acceso al ´borrador primario´ de los manuscritos”.
La erosión del legado
Ninguno de los artículos arriba citados aparece en la Colección Berg de la Biblioteca Pública de Nueva York, la cual compró en 2001 cerca de 2 mil documentos de Kerouac a John Sampas por una suma hasta ahora no revelada. Los especialistas en Kerouac afirman que la Colección Berg tiene algunos huecos importantes. No hay nada en absoluto sobre Big Sur, y que el original de On the Road, para hacer honor al nombre, está en camino. Sin embargo, Isaac Gewirtz, curador de la Colección Berg, manifiesta: “98 por ciento de lo que sobrevive de su escritura, sin incluir la correspondencia, está aquí y disponible para su estudio”. (Una exposición montada de noviembre de 2007 a marzo de 2008 y un catálogo ilustrado de la exhibición mostró que la mayor parte de los materiales está disponible).
Lo que exactamente queda de la obra de Kerouac es un secreto celosamente guardado; aparentemente, la familia Sampas mantiene el archivo en una bóveda bancaria, disponible sólo para eruditos y biógrafos elegidos, como Douglas Brinkley, autor de la inconclusa e inédita biografía de Jack Kerouac, la cual fue cancelada por la editorial Penguin después de que Brinkley falló en la entrega del libro a tiempo para el aniversario 50 de On the Road. Los rumores que circularon tras la decisión de Penguin para cancelar el libro es que Sampas planeaba escribir él mismo la biografía oficial. Cuando se le inquirió sobre el tema, Sampas dijo que de todas las biografías disponibles de Kerouac, “ninguna tiene calidad”.
La reciente decisión de la corte parece favorecer a Blake, quien vive en una pequeña caravana en Arizona con su familia. Sus abogados, Bill y Alan Wagner, no están convencidos. Alan Wagner confiesa, “Lo que suceda después es incierto”, añadiendo que podría pasar todavía algún tiempo para que Blake vea algo de dinero producto del legado. Los Wagner son fiscales veteranos de Tampa y se especializan en casos de daño personal; no son admiradores de Kerouac y nunca han leído sus libros, pero afirman que lo investigaron antes de acordar en tomar el caso. Sampas ha calificado a Bill Wagner de “corrupto”.
La familia Sampas ya ha hecho varias demandas. En un correo electrónico reciente, Sampas escribió: “No heredamos de la voluntad de Gabrielle, lo hicimos de la voluntad de Stella, nadie tiene una demanda legal contra mí”. También, en 2004, hizo una breve declaración para un tribunal, basado en la ley de herencia de Florida, “la cual excluye al señor Blake de buscar cualquier beneficio que haya llegado a nosotros proveniente de Stella Sampas de la voluntad de Kerouac. En resumen, no hay vuelta de regreso en el reloj ni se puede reclamar lo que ya ha sido vendido”.
Las regalías de los libros de Kerouac –que generan muy buenos ingresos— continúan beneficiando a la familia Sampas. Sólo On the Road vende cerca de 60 mil copias al año. Los Wagner buscan desafiar la ley estatal de herencia con la ley federal sobre derechos de autor, en un intento por obtener una parte justa de regalías para Blake.
Es posible que la familia Sampas deje muy pocos artículos del vasto estado que heredó. “Han vendido cientos, probablemente miles de piezas de los archivos de Kerouac a coleccionistas de todo el mundo. Nunca veremos más ese material”, dice Nicosia. Y si es verdad que la Colección Berg posee 98 por ciento de los escritos de Kerouac, Blake sería afortunado si ve un puñado de los documentos de su tío.
Blake disfrutó de una cercana relación con su tío. Por tal razón no busca fama o fortuna. Como su abogado dice: “Paul Blake es una persona muy introvertida, pero puede decir que al comunicarle la decisión de la corte (de que el original sería falso) se puso feliz”. Nicosia también habló con Blake por teléfono al día siguiente del veredicto. Dijo que Blake respondió: “Cuando escuché las noticias, me sentí bien por vez primera en muchos años”.
Tomado de: Fine Books Magazine, Enero 2010.
Traducción: José Luis Durán King.