John Joubert: el joven explorador

POR José Luis Durán King

A los 20 años, John Joubert era un predador que disfrutaba asesinando lentamente a sus víctimas adolescentes

El 20 de septiembre de 1983, después de tres días de búsqueda, un policía comunicó por walkie talkie que había encontrado el “paquete”, un código entre los investigadores para referirse al cadáver de una persona. El cuerpo correspondía al adolescente de 13 años Danny Joe Eberle, quien había desaparecido la mañana del domingo 18 mientras cubría su ruta de entrega del periódico Omaha World Herald, en Bellevue, Nebraska. Danny acostumbraba salir de su casa a las seis de la mañana. Montaba su bicicleta e iniciaba el recorrido de los 70 domicilios que conformaban su periplo. El día de su desaparición, Danny alcanzó a repartir tres periódicos. Su bicicleta fue hallada a la mitad de la ruta entre su tercera y cuarta entrega. El cuerpo reposaba en un camino sin retorno y sólo vestía ropa interior. El jefe de forenses determinó que el joven había muerto a causa de nueve puñaladas.
Debido a que el asesinato involucró a un menor y porque el presidente estadunidense Ronald Reagan había determinado que los asesinatos y secuestros de niños debían estar bajo jurisdicción federal, el caso fue turnado al FBI, que envió a la escena al agente especial John Evans y a la recién estrenada Unidad de Ciencias de la Conducta, al mando del agente Robert Ressler. Éste de inmediato se puso manos a la obra y, de acuerdo con las contracciones anales, el rictus del joven, la profundidad de las heridas, el lapso entre una y otra hendiduras, la coagulación, etcétera, concluyó que el asesinato de Danny Joe Eberle tuvo un proceso de varios minutos. Asimismo, que el agresor fue paciente para torturarlo, que el joven estuvo consciente todo el tiempo que su captor quiso y que murió, también, cuando así lo dispuso su verdugo.
Tras analizar varios aspectos del caso, Ressler elaboró un perfil de comportamiento del predador. Lo que de inmediato llamó la atención del investigador fue la audacia del criminal, quien además de secuestrar a Danny a plena luz del día, abandonó el cadáver en un lugar y en una posición visibles. Pero las hipótesis del perfilador continuaban. Por ejemplo, el día de la desaparición de Danny, varios testigos –incluido el hermano de éste—vieron que alguien seguía al adolescente en un auto dorado. Ressler dedujo que la ausencia de huellas de lucha entre víctima y criminal denotaba que los dos individuos se conocían o que quizá eran de la misma edad y posiblemente de similar estatura, ya que Danny no tuvo miedo frente al que sería su ejecutor. Asimismo, el vecindario donde vivía y trabajaba Danny era mayoritariamente anglosajón, por lo que existían muchas posibilidades de que el infractor fuera blanco, pues la presencia de un individuo latino, asiático o afroamericano habría sido muy notoria en el lugar.
Lo más sorprendente del perfil elaborado por Ressler fueron las hipótesis surgidas a partir de la forma en que fue encontrado el cuerpo de Danny (arrojado y casi desnudo). Ressler dijo que era muy probable que el asesino fuera primerizo, puesto que, al entrar en pánico por lo que hizo, “tiró” literalmente el cuerpo desde el auto, en una zona que conocía perfectamente, lo que confirmó la tesis del agente de que el criminal era un habitante de Bellevue. Asimismo, la desnudez de Danny y la ausencia de efluvios sexuales, para el perfilador eran indicadores de que el asesino obtenía mayor gratificación sexual “reviviendo” sus violentas fantasías más que teniendo relaciones con la víctima. Por supuesto, había una homosexualidad latente o evidente en el asesino, además de que, como Ressler apuntó, era casi seguro que el asesino fuera un hombre solitario y soltero que alguna vez trabajó o que aún trabajaba de forma muy cercana a niños y adolescentes. ¿Un boy scout quizá?
Mordidas
El 2 de diciembre siguiente, Christopher Walden, de 12 años, desapareció cuando caminaba hacia su escuela. Dos personas declararon que habían visto un sedán dorado asediar al adolescente. La hipnosis en un testigo arrojó que se trataba de un auto Citation. Ya era algo. Asimismo, el testigo declaró, bajo hipnosis, que el infractor era delgado, blanco, muy joven, que vestía en pantaloncillos cortos y playera, una apariencia muy similar a la de sus víctimas.
Dos días después, el cadáver de Walden fue hallado en una zona boscosa. El asesino había seguido al pie de la letra su propio manual de homicidio. Al igual que en el cuerpo de Danny una herida profunda en el hombro de Walden seguramente trataba de ocultar algo que el criminal había hecho y que le preocupaba fuera un elemento delator. En realidad se trataba de mordiscos que el sujeto propinaba en los hombros de sus presas y que después desfiguraba con un cuchillo.
El 11 de enero de 1984, un maestro de kínder vio a un joven que rondaba la escuela a bordo de un auto. Apuntó el número de placas y marca de la unidad y lo reportó a las autoridades. John Joubert, de 20 años, fue detenido e interrogado. El terror de una época llegaba su fin de manera casi tersa. El perfil elaborado por Robert Ressler fue muy acertado. Joubert había sido boy scout, era un joven solitario, “¡siempre listo!”, cuyas tendencias homosexuales las negaba asesinando violentamente a adolescentes. Después de deshacerse de los cuerpos se encerraba en su habitación y se masturbaba hasta quedar seco. Las pesquisas arrojaron que John Joubert tenía un homicidio más en su cartera, ocurrido en Portland en 1982.
El orden de los factores no alteró el producto y John Joubert, de carrera corta pero devastadora, fue condenado a muerte y ejecutado el 17 de julio de 1996.