Muere J. D. Salinger, mítico autor de El guardián en el centeno

POR Idoya Noain

El enigmático escritor, de 91 años, vivía recluido en su casa desde 1953
La familia recordó en una nota: “Estaba en este mundo, pero no era de él”

NUEVA YORK. El escritor J. D. Salinger ha muerto como ansiaba que murieran las historias que salían de su pluma pero no quería que vieran la luz: de forma natural. El miércoles el mundo perdió definitivamente a un hombre que alguna vez, como recordó ayer el comunicado en nombre de su familia informando de su muerte, dijo que “estaba en este mundo, pero no era de él”.
La muerte llegó al autor de El guardián en el centeno a los 91 años, en la misma casa de Cornish, en New Hampshire, donde en 1953 inició su reclusión extrema para huir del éxito de esa novela icónica publicada dos años antes; de ese libro que hizo de Holden Caulfield mucho más que personaje literario, emblema de la deriva adolescente, refugio para muchos y también clavo al que se agarraron mentes trastornadas como la del asesino de John Lennon y el hombre que intentó asesinar a Ronald Reagan.
Con solo esa novela, tres colecciones autorizadas de historias cortas y 21 relatos publicados en revistas, Salinger se ganó un espacio privilegiado en el canon de la literatura estadounidense del siglo XX. No faltó quien, aprovechando su condición de eremita radical, intentó restar con los años peso a su obra, pero desde El guardián… hasta Nueve historias o Franny y Zooey –protagonizada por la ficticia familia Glass– se ocuparon de mantenerlo en ese lugar.
Como Holden, Salinger –nacido el primer día del 1919 en Manhattan en el seno de una familia judío-escocesa-irlandesa– no fue buen estudiante, Tuvo claro pronto su futuro, y en el instituto ya presumía de talento y anunciaba que iba a escribir una gran novela americana.
La guerra marcó su vida
Esa obra llegó después de que hubiera llegado a publicar en varias revistas y, finalmente, en The New Yorker. Llegó también después de que su participación en la Segunda Guerra Mundial marcara para siempre su vida, su pensamiento y su estilo.
Con Salinger, que también encontró refugio en las religiones orientales, ahora se enterrarán millones de pensamientos a los que sólo unos pocos pudieron acceder. Él se encargó de sellar férreamente la ventana a su vida y aunque su ex esposa y su hija hicieron pequeños agujeros, poco se pudo ver. Eran sus palabras las que mejor le explicaban y no las prodigaba.
En 1956, un joven estudiante logró entrevistarle, pero cuando Salinger encontró sus declaraciones en la página editorial del diario local alzó una valla alrededor de su granja. Desde entonces se conocen solo un par de entrevistas más. Una la concedió en 1974 a The New York Times para denunciar la publicación ilegal de unos relatos. “No intento esconder las torpezas de mi juventud, simplemente no pienso que merezcan ser publicados”, declaró. La otra la dio en 1980: “Me niego a publicar. Hay una paz maravillosa en no publicar. Hay tranquilidad. Cuando publicas, el mundo piensa que le debes algo. Si no publicas, no saben lo que estás haciendo, puedes guardártelo para ti”.
Obligó a que sus libros no llevaran su foto, a que se quemaran las cartas de fans. Llegó al Tribunal Supremo (donde ganó) para impedir que una biografía no autorizada incluyera sus cartas. Hace unos meses logró frenar a un escritor que quería continuar El guardián en el centeno. Él sí fue su propio guardián.
Tomado de: elperiodico.com. Enero 29, 2010.