Psicosis: antes de Norman Bates

POR José Luis Durán King
 En 1959, el escritor Robert Bloch publicó el libro Psicosis, basado en hechos reales acontecidos en Plainfield, Wisconsin. En esta obra se basa la película homónima, dirigida por el rey del suspenso: Alfred Hitchcock
Alfred Hitchcock nunca tuvo empacho en afirmar que Psicosis –quizá la mejor y más conocida de sus películas– provino totalmente de la obra literaria homónima de Robert Bloch. El argumento anterior es avalado por Douglas E. Winter en su libro de 1985 titulado Faces of Fear, en el que apunta: “Dos amos del terror han sido inmortalizados en la cinta Psicosis… Uno de ellos, por supuesto, es el director Alfred Hitchcock; el otro es el hombre que escribió la novela en la que la película está basada”.

Bloch estaba consciente de lo que había logrado con su inquietante novela; incluso antes de su muerte, ocurrida el 23 de septiembre de 1994, decía en tono de broma que su obituario debía empezar con la palabra “psicosis”. Y el obituario quizá también debe aplicarse a los sueños colectivos anteriores a estos demenciales libro y filme. Cito nuevamente a Douglas Winter: “Desde el apogeo de los Weird Tales en plena Depresión y las evocativas adaptaciones cinematográficas de estudios Universal a Frankenstein y Drácula, el cuento de terror había sufrido hasta mediados de los años 50, como si el horror verdadero de la Segunda Guerra Mundial hubiera expulsado la necesidad humana de confrontar ficticiamente a la muerte. No es sino hasta la era de Eisenhower que los monstruos reemergen con fuerza: primero con contextos de ciencia ficción inocua de las cintas de ´insectos gigantes´, después en exuberantes filmes juveniles de la American International como I Was A Teenage Werewolf (1957), y finalmente en un contexto más serio en libros y películas como Psicosis”.

Del libro Psicosis puede afirmarse que obedece a un plan editorial trazado por el propio Robert Bloch. Su primera novela, The Scarf (1947), es narrada por un joven estrangulador serial cuyos instintos homicidas son resultado de un trauma infantil. En 1954, Bloch publicó un trío de novelas –The Kidnapper, The Will to Kill y The Spiderweb–; todas ellas se centran obsesivamente en los aspectos psicopatológicos de los personajes.

Mobiliario de huesos humanos

En el verano de 1957, Robert Bloch vivía en Weyauwega, Wisconsin; fue cuando la policía abrió una ventana al infierno al descubrir, en el cercano pueblo de Plainfield, los espeluznantes asesinatos rituales de Ed Gein. Junto con su víctima más reciente –cuyo cuerpo decapitado colgaba como res en un cobertizo y cuyo corazón esperaba turno para ser hervido en una cafetera–, los investigadores se enfrentaron a un contexto homicida tan espantoso que incluso los periodistas, por respeto al público, evitaron reportarlo en su totalidad. Aunque los rituales y el canibalismo de Gein fueron mencionados, los reportes de profanación de tumbas, travestismo con piezas humanas incorporadas, posible incesto maternal, elaboración de mobiliario con huesos, entre otras monstruosas actividades, no lograron vencer la censura de la época.

Psicosis, publicada en 1959, basada en las circunstancias del caso Gein (no en el asesino en sí), impulsó la noción de que “el hombre de la puerta de al lado puede ser un monstruo que no despierta sospechas y que puede vivir incluso en el microcosmos chismoso de un pequeño pueblo”.

Por otra parte, el agente de Bloch, Harry Altshuler, recibió un pago por adelantado de 7 mil 500 dólares para ceder los derechos a la pantalla grande. El pago posteriormente aumentó a 9 mil 500, que Bloch aceptó, sobre todo porque nunca antes había vendido un libro a Hollywood. Su contrato con Simon & Schuster no incluía bono por venta al cine. A la editorial correspondió 15 por ciento de acuerdo con el contrato; al agente 10 por ciento y Bloch se quedó con 6 mil 750 dólares, antes de los impuestos. Y las injusticias también caminan del brazo de la fama: pese a la enorme derrama económica generada por Psicosis, Robert Bloch nunca recibió ninguna compensación directa adicional.