Rod Ferrel y el clan de los vampiros

POR José Luis Durán King

La imaginería del vampirismo se ha enraizado de forma peculiar en Estados Unidos, donde se le ha vinculado, más que al mundo de la fantasía, al universo de los asesinos

Durante muchos años, Murray, ciudad de Kentucky, fue mejor conocida por albergar el museo nacional de los Boy Scout. Después del 25 de noviembre de 1996 logró una nueva notoriedad a raíz de las acciones sangrientas de un grupo de adolescentes que decían pertenecer a un culto vampírico. Aunque inicialmente las autoridades locales hicieron todo lo posible porque estos sucesos no rebasaran las fronteras de Murray, pronto el oleaje mediático estadounidense inundó al público con noticias acerca de un juego perverso llevado hasta los extremos, que incluyó mutilación de animales, consumo de sangre humana y, finalmente, asesinato.
Murray, un pueblo casi rural de 13 mil habitantes, se ubica al suroeste de Kentucky, cerca de la línea divisoria con Tennessee. La universidad estatal ofrece, entre otras cosas, uno de los mejores programas de basquetbol de la Unión Americana. Pero el baloncesto y las ñoñas actividades de los boy scout pasaron a segundo término la noche de Acción de Gracias, cuando fueron arrestados cuatro jóvenes, sospechosos de haber dado muerte, un día antes, al matrimonio formado por Richard y Naoma Wendorf.
Toda historia tiene un principio y la de estos vampiros se remonta a cuando Rod Ferrell, quien por entonces vivía en Eustis en compañía de su padre, conoció a Heather, de 15 años. Un año después, Ferrell se mudó a Murray, para vivir con su madre. La policía cree que fue Ferrell quien pateó un perro hasta causarle la muerte, mientras que a otro le cortó las piernas. Los vecinos del edificio de condominios en el que vivía nunca se percataron de alguna irregularidad del joven o de su madre, Sondra Gibson. Sin embargo, la señora Gibson sería citada posteriormente por las autoridades judiciales por una presunta violación. La policía aduce que escribió una carta a un joven de 14 años invitándolo a un encuentro sexual en el que sugería una actividad de tipo vampírico. “Desde hace mucho tiempo he estado cerca de ti… para convertirte en un vampiro, para que seas parte de la familia inmortal”, decía la carta.
Los acusados de asesinar al matrimonio Wendorf fueron Rod Ferrel, Dana Cooper, de 19 años; Scott Anderson, de 16; Charity Keesee, también de 16, y Heather Wendorf, hija de la pareja sacrificada. El fiscal del condado de Calloway, David Harrington, señaló que los jóvenes se involucraron en un juego perverso, sólo que Ferrell tomó más en serio su papel de líder. “El sacrificio de los animales fue el primer signo visible de que él deseaba trascender el juego inicial”, declaró Harrington. “Creo que estamos frente a unos chicos que sólo querían ser parte de algo, pertenecer a un grupo, pero llegaron muy lejos”, añadió el fiscal.
Las puertas del infierno
Heather Wendorf gustaba teñir su cabello de color morado y utilizar cadenas de perro alrededor del cuello; a sus amigos les decía que ella fue un antiguo demonio y que hablaba con espíritus durante los rituales en los que bebía sangre humana. Cuando sus padres fueron hallados muertos y Heather desapareció, las autoridades pensaron que había sido raptada por los asesinos… después comenzaron a sospechar de ella, sobre todo a partir de la reconstrucción de los hechos.
La tarde del 25 de noviembre de 1996, Rod Ferrell y Heather Wendorf realizaron un ritual de sangre en el cementerio local, mediante el cual la joven fue iniciada como vampira. Posteriormente se reunieron con sus compañeros del clan para cumplir un proyecto que habían discutido –por medio de cartas y conversaciones telefónicas– desde siete semanas atrás. La decisión la tomaron después de que Heather fue severamente regañada por sus padres. Ferrell, Wendorf y el resto de los amigos se consideraban unos incomprendidos y sentían que debían demostrar su superioridad a las personas que los menospreciaban.
John Goodman, un miembro del clan, que se separó de éste en cuanto se percató del rumbo que estaba tomando el juego y que no participó en el asesinato del matrimonio Wendorf, declaró que Ferrell “estaba obsesionado con abrir las puertas del infierno, lo que significaba matar a un gran número de personas con el objetivo de consumir sus almas. Al hacer esto, Ferrell creía que obtendría superpoderes”.
Hechos son amores y la marca de su supremacía la dejaron sobre los cuerpos de Richard Wendorf y Naoma Queen. El primero fue golpeado sádicamente en el rostro, mientras que la segunda fue hallada en medio de un charco de sangre en el piso de la cocina. Ambos mostraban en su superficie corporal una “V” rodeada por un círculo. La policía dijo que era la impronta del clan de los vampiros encabezado por Ferrell. Una vez cometido el asesinato, los seres nocturnos desaparecieron.
Fue la madre de Charity Keesee quien condujo a las autoridades al paradero de los vampiros. Charity llamó por teléfono a su madre para decirle que estaba en algún lugar de Louisiana y que necesitaba dinero. La policía dedujo que los jóvenes se habían escondido en Baton Rouge; los atraparon mientras conducían una Ford Explorer, propiedad del matrimonio Wendorf; al parecer los fugitivos deseaban conocer y conversar con la escritora Anne Rice, autora, entre otros libros, de Entrevista con el vampiro.
Secretos de familia
En 1997 inició el juicio contra los vampiros de Murray. En la selección del jurado se tomaron en cuenta conocimientos de enfermedad mental, abuso de drogas y automutilación, esto último debido a que Rod Ferrell se infligía regularmente heridas, además de que succionaba la sangre de los miembros del culto. Pero otras aberraciones salieron a flote. Por ejemplo, los miembros del clan consumían drogas y practicaban el sexo grupal, según se desprende del examen psicológico de Sondra Gibson, madre de Ferrell. La señora Gibson fue examinada por un psicólogo de la corte tras ser arrestada por sugerir a un adolescente de 14 años a que tuviera relaciones sexuales con ella.
Gibson argumentó que eligió al joven de 14 años porque creyó que ya era mayor de edad. Pero también declaró que el clan de los vampiros se reunía en la casa de ella y que ahí fue violada en varias ocasiones. Dijo que no tenía control sobre ellos y que un miembro del grupo la violaba repetidamente durante las sesiones rituales. Negó haber consumido drogas, aunque creía que era drogada por los jóvenes vampiros.
Finalmente, el 27 de febrero de 1998 el juez Jerry Lockett sentenció a Rod Ferrell a morir en la silla eléctrica, al tiempo que sugirió que se reconsiderara el veredicto de no culpable que el jurado emitió en torno a Heather Wendorf, hija de las víctimas. Ferrell mostró poca emoción al conocer la sentencia y las palabras del juez: “Creo que usted es un joven muy perturbado. Creo que le falló a su familia y que le falló a la sociedad”. Las acusaciones contra Heather Wendorf no procedieron, por lo que el juez Lockett señaló: “Hago una fuerte sugerencia a esta corte para que el gran jurado reconsidere su posición. Existe una maldad genuina en el mundo. Existe un lado oscuro y un lado luminoso compitiendo en cada uno de nosotros”. Lo cierto es que aún hay muchas dudas por despejar en torno al papel que jugó Heather en los asesinatos.
También lo anterior se aplica a Sondra Gibson, madre de Ferrell. Durante las semanas que duraron las audiencias, los testimonios apuntaban hacia Gibson como responsable de haber introducido a su hijo al ocultismo y compartir con él la práctica del vampirismo. “Considero que la madre de Rod Ferrell debería ser juzgada por esto”, dijo Jerry Lockett.
Una vez emitida la sentencia, Rod Ferrell figura entre los criminales más jóvenes que acudirán a la cita con el verdugo. Su sentencia fue parte de una tendencia nacional en Estados Unidos en la que los jóvenes, históricamente protegidos de la pena de muerte a causa de su edad, han sido juzgados como adultos como consecuencia de delitos espeluznantes.
De nada sirvió que la defensa de Ferrell presentara a su cliente como un joven atribulado, adicto a las drogas y como víctima de abuso sexual por parte de varios de sus familiares, incluida Sondra Gibson, una vampiresa que sentía un placer muy peculiar de retozar a la sombra de los muchachos en flor.