Tres, el número de Satán

POR José Luis Durán King
 La percepción internacional acerca de que Estados Unidos es básicamente un ranchote no es gratuita. Con excepción de algunas ciudades que destacan por su cosmopolitismo, el resto de ese vasto territorio es rural e industrial, con una gran impermeabilidad a la cultura. En ese aislamiento cultural –no geográfico ni tecnológico ni mediático—, no resulta extraño que de vez en vez sucedan episodios de histeria colectiva. En este contexto destacan, por supuesto los hechos acaecidos entre junio y septiembre de 1692 en la comunidad de Salem, donde casi una veintena de personas fue condenada a morir en la horca acusada de brujería. Asimismo, no puede pasar desapercibido el programa de radio trasmitido el 30 de octubre de 1938 desde el teatro 
Mercurio en el que Orson Welles adaptó el clásico La guerra de los mundos de H.G. Wells, sembrando el pánico entre los habitantes de Nueva York y Nueva Jersey, quienes estaban seguros que sus parcelas eran invadidas por extraterrestres.
Los dos anteriores son casos extremos de histeria masiva. Uno de ellos, el de Salem, tuvo resultados ominosos, pues condujo al cadalso a gente que, en el mayor de los casos, sufría alucinaciones. El segundo ejemplo hoy forma parte del anecdotario de los espectáculos en Estados Unidos. Pero hay otros casos que, no por ser menores, dejan una impronta profunda en el fenómeno del crimen de Norteamérica.
Sólo eran unos niños
El 6 de mayo de 1993, la fantasía quedó para otra ocasión, cuando los habitantes de West Memphis, Arkansas, se enteraron en el transcurso del día de una noticia que rotuló para siempre el número de la bestia en los terrenos de esa otrora ciudad tranquila. Que tres niños de ocho años fueran asesinados era de por sí una noticia espeluznante, pero que sus sacrificios fueran parte de un ritual satánico era algo que iba más allá de lo razonable. La población de West Memphis estaba acostumbrada a los rumores del satanismo que presuntamente se practicaba en la zona. Pero, una cosa son las historias de fantasmas contadas por la abuela antes de dormir, y otra el hallazgo de personas mutiladas brutalmente.
Alrededor de las seis de la tarde del 5 de mayo de 1993, los cuerpos de los niños de ocho años James M. Moore, Steven E. Branch y Christopher M. Byers, los tres nacidos en 1984, fueron hallados en el claro de un bosque. Todos mostraban heridas severas en cabeza, torso y extremidades, y habían sido ahogados en el agua estancada de una cañería. Los cadáveres estaban desnudos, con las muñecas amarradas a los tobillos, para lo que el o los verdugos utilizaron las agujetas de los zapatos de las víctimas. Había poca evidencia que sugiriera que los niños trataron de defenderse de sus agresores y, pese a su desnudez y a la forma y posición en que los cuerpos fueron hallados, no existían señas de agresión sexual.
El cadáver de Christopher Byers era el que mostraba mayores daños. Además de las lesiones similares a las de sus amiguitos, el pene de este menor fue removido y sufrió diversas heridas en el área genital. La autopsia mostró que Byers no murió ahogado en el drenaje, sino que, al ser colocado en el lugar, ya había fallecido. Su cuerpo mostraba altos niveles de la droga terapéutica Carbamazepina.
Sólo eran unos adolescentes
En una investigación que sorprende por su rapidez, al día siguiente del hallazgo de los cadáveres la policía interrogó a su primer sospechoso: Damien Echols, quien recientemente había cumplido los 18 años y cuyo comportamiento despertaba todo tipo de conjeturas entre la gente que lo conocía. ¿Qué era lo extraño en él? Vestía de negro, era practicante de la religión Wicca y escuchaba música satánica, como la elaborada por la banda Metallica. Echols quedó en libertad después de ser interrogado. Semanas después, Jessie Misskelley, de 17 años, un presunto amigo de Echols, confesó los homicidios, implicando en la trama a Echols y Jason Baldwin, también de 17. Echols, Misskelly y Baldwin fueron arrestados y acusados de los asesinatos de los tres niños.
A la postre, Jessie Misskelley y Jason Baldwin fueron condenados a prisión de por vida, mientras que Damien Echols espera su turno con el verdugo institucional en el corredor de la muerte.
Lo que hay que destacar es la forma tan poco profesional con que las autoridades llevaron el caso del triple homicidio en West Memphis. Todo apunta que la aprehensión de los presuntos asesinos fue para acallar la histeria colectiva que durante los años ochenta y noventa del siglo pasado sufrió aquella ciudad envuelta en constantes rumores de satanismo y magia negra.
La confesión de Misskelley nunca fue consistente y sí llena de imprecisiones. Dijo que vio cuando los niños fueron violados, además de que adujo que habían sido atados con los jirones de la ropa que vestían, cosa que, en ambas declaraciones, no fueron ciertas. Echols, por su parte, siempre tuvo una coartada fuertemente sustentada por su novia y la familia de ella, pero que fue insuficiente para librar el inminente cadalso. Un psiquiatra,“especialista” en ciencias ocultas fue llamado a comparecer y dijo, entre otras cosas, que el asesinato de los tres niños de ocho años obedeció a un antiguo ritual pagano y que en la brujería los números 3 y 8 son cabalísticos, cosa que no es cierta.
Finalmente se dijo que la remoción de pene de uno de los cuerpos de los niños era parte de un ritual ancestral llamado del semen, una aseveración ridícula si se considera que a los ocho años los niños carecen de semen.

1 thought on “Tres, el número de Satán

  1. Extraordinario este BLOG, fascinante, no hay nada como poder VER la escencia de el ABISMO o CAOS manifestado en la MENTE HUMANA, Bien dijo aquel que no hay nada mejor para conocer la ESENCIA de la MENTE que analizandola desde la ANORMALIDAD. Lo felicito caballero por toda informacion aqui vertida, he tenido una suerte enorme en toparme con su pagina.

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