Robert L. Ripley: el caballero de lo bizarro

POR Opera Mundi

Si Alfred Hitchcock fue el amo del suspenso, Ripley fue el caballero de lo bizarro. Su afición por coleccionar rarezas no ha tenido par. Se dice que en un edificio de Florida pueden verse gallos de cuatro alas, un equipo de cazavampiros que data de 1840 y algunas otras lindezas de su galería extraña

El asesinato, robo e incendio premeditado que tuvo lugar en el Museo Ripley de la Ciudad de México a finales de los años noventa sólo es parte de una saga de sucesos asombrosos que han rodeado a Robert L. Ripley, lo mismo vivo que muerto. El nombre de este personaje necesariamente remite a la extraña y enorme colección de datos extraídos en diversas partes del mundo. Incluso se dice que existe una locación secreta en algún lugar de Orlando, un almacén conocido simplemente como el Edificio 34. Presuntamente, durante más de 40 años los muros ese alvéolo han albergado gallos de cuatro alas, una lengua bifurcada, un equipo cazavampiros que data de 1840 (incluyendo estaca de madera y suero de ajo), aproximadamente 30 cabezas reducidas y miles de artefactos más. Es un tesoro de lo sorprendente, increíble y fantástico reunido gracias a la paciencia de un hombre que erigió su trono en las arenas movedizas de lo inverosímil.
Sesenta después de su muerte, Ripley y su línea de producción continúan abriendo bocas. Hombre del espectáculo en la tradición de P.T. Barnum –aunque con un poco más de escrúpulos—, Ripley explotó el apetito humano por las cosas extrañas que son verdad. Bill Miller, el editor de la revista Pop Culture Collecting, ha dicho de Ripley que éste fue el último de los grandes coleccionistas, con un enorme talento para descubrir las cosas más inusuales capaces de entretener y repulsar a la gente al mismo tiempo.
Las viñetas de ¡Aunque Ud. no lo crea!, actualmente elaboradas por artistas contemporáneos, continúan apareciendo regularmente en más de 170 periódicos alrededor del mundo. Y la Ripley Entertainment Inc. (la firma que formó para abarcar sus empresas) posee un total de 20 mil singularidades, resguardadas en el almacén de Orlando. Asimismo, hasta antes de que se incendiara la sucursal de la Ciudad de México, existían 27 museos de ¡Aunque Ud. no lo crea! en el planeta. Edward Meyer, vicepresidente de las publicaciones de Ripley Entertainment, asegura que era tal la fama de Ripley que, “cuando algún granjero de Nebraska sabía de algún becerro que había nacido con dos cabezas, era a nosotros a quienes llamaba primero”.
Consejo de Jack London
Robert L. Ripley nació en Santa Rosa, California, y fue el hijo mayor de tres que tuvo el matrimonio de Isaac y Lillie Ripley. Amante del beisbol fue lanzador de un equipo semiprofesional antes de ser convocado por los Gigantes de Nueva York. Sin embargo, una lesión en el brazo lo retiró para siempre de su deporte favorito y lo arrojó de lleno a la labor en la que destacaría internacionalmente. En la High School de Santa Rosa dibujaba cartones para el periódico escolar, y vendió en 1908 su primera viñeta –una mujer atrapada por su lavadora— a la revista Life, en ocho dólares. Al año siguiente se mudó a San Francisco, donde comenzó su trayectoria periodística, ilustrando episodios deportivos para el San Francisco Chronicle. Fue el escritor Jack London (autor, entre otras novelas, de la célebre Colmillo blanco), entonces reportero del San Francisco Chronicle, quien aconsejó a Ripley que probara fortuna en la costa este de la unión americana. El joven ambicioso no lo pensó dos veces y se fue para la urbe de hierro, que entonces era la capital periodística de Estados Unidos.
En 1910 ingresó al New York Globe como cartonista. Ocho años después empezó a dibujar ¡Aunque Ud. no lo crea!, con la salvedad de que sus primeros cartones abordaban exclusivamente el mundo deportivo (una de sus primeras viñetas se refería a un hombre que brincó la cuerda 11 mil 810 veces en tan sólo cuatro horas). Poco a poco fue incorporando una temática más variada que gustó al público y que contribuyó de manera definitiva para que sus dibujos, hasta entonces esporádicos, aparecieran diariamente, a partir de 1923, en el New York Globe. En ese mismo año, el cartonista inició el que sería su primer viaje alrededor del mundo, registrando puntualmente los asuntos peculiares que encontraba en su camino. Fue así también como comenzó a coleccionar artefactos.
Un hombre tímido
Ripley era en sí mismo una curiosidad digna de integrarse a su propia colección de rarezas. De acuerdo con sus amigos más cercanos, en público era extrovertido, un maestro de la publicidad, capaz de calzar zapatos de dos tonos. En casa, sin embargo, siempre vestía kimonos y sandalias. Las cosas orientales lo volvían loco. Fuera del escenario su trato era tímido, lo que nunca representó obstáculo para construir su fama de mujeriego. En 1918 se casó con Beatrice Carlisle, matrimonio que no llegó muy lejos. Sin haber procreado hijos, la pareja se separó en 1923 y Ripley nunca volvió a casarse.
En 1930 inauguró un programa de radio que convocaba a personas que tuvieran una historia inusual qué contar. En los años siguientes apareció en cortos que se trasmitían en los cines de todo Estados Unidos. Fue entonces cuando el magnate del periodismo, William Randolph Hearst, hizo rico a Ripley, al sindicalizar sus viñetas, lo que se tradujo en que se publicaran en 325 periódicos de 42 países. Ripley recibía alrededor de 3 mil 500 cartas de sus seguidores diariamente. Una de ellas era de un niño de 12 años que envió el dibujo de un perro que supuestamente comía clavos y navajas de rasurar. El nombre del niño era Charles M. Schulz, quien años después utilizaría a su singular perro para crear la imagen, también imperecedera, de Snoopy.
En la Feria Mundial de Chicago de 1933, Ripley inauguró su primer “Oditorium”, el cual, de acuerdo con Edward Meyer, era una combinación de espectáculo de fenómenos de circo, museo ambulante y de historia natural. Ahí la gente podía aprender acerca de las cabezas reducidas, de un tipo que era capaz de construir cualquier cosa con cerillos de madera o de una persona a la que crecieron uñas en la nariz. Las audiencias acudían y Ripley abrió seis Oditorium más en diversas ciudades de Estados Unidos. “En Chicago se desmayaban alrededor de 100 personas diariamente, por lo que teníamos seis camas listas para atenderlas”, mencionó orgullosamente Ripley a la revista The New Yorker en 1940.
Sentimiento de niño pobre
Ripley tuvo la fortuna de disfrutar plenamente en vida los frutos de su éxito. Adquirió varias propiedades entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado: una mansión de 28 habitaciones en Mamaroneck, Nueva York; un departamento en Manhattan; una casa en West Palm Beach, en Florida, además de una pagoda china. A las lujosas fiestas que ofrecía acudían personajes de la importancia de Babe Ruth, Carmen Miranda, W.C. Fields y Mae West. No obstante, como señaló en su momento su amigo Hazel Storer, Ripley nunca pudo hacer a un lado su inseguridad: “Aunque estaba muy orgulloso de lo que había logrado, siempre se sintió como el niño pobre del otro lado de las vías”.
Cuando la Segunda Guerra Mundial lo obligó a cancelar sus viajes, la salud de Ripley decayó. Enfermo de hipertensión subió de peso y comenzó a beber licor en grandes cantidades. A causa de un malestar ingresó a un hospital de Manhattan, donde aparentemente sólo se haría una revisión de rutina. No fue así, el 27 de mayo de 1949 Robert L. Ripley falleció de un ataque al corazón. Hasta la fecha, la Ripley Entertainment Inc. continúa haciéndose cargo del imperio de lo extraordinario que Ripley erigió. Se cuentan en miles las personas que anualmente visitan los museos y leen sus famosas viñetas. Sin embargo, el hombre que cautivó a las masas con su enorme colección bizarra terminó sus días en la soledad más completa… ¡Aunque Ud. no lo crea!