El asesino serial que tenemos adentro

POR Mario Villanueva S.

No todos los asesinos seriales están en la cárcel, dice Feggy Ostrosky-Solís, autora del libro Mentes asesinas, la violencia en tu cerebro, ya que, asegura, su invisibilidad la logra al mezclarse sin ningún problema con la comunidad que lo circunda

¿Sabía que a su lado puede estar un asesino serial en potencia? ¿Sabía que la mayor parte de los asesinos seriales no están en la cárcel? ¿Y que podría ser su novio, su esposo, su amigo, su jefe, la nana de sus hijos, el ama de llaves, su presidente?
Estas son algunas de las preguntas que plantea Feggy Ostrosky-Solís, científico que ha dedicado gran parte de su tiempo al estudio de la mente.
En su libro reciente Mentes asesinas, la violencia en tu cerebro, Ostrosky-Solís va describiendo las mentes malévolas, pertenecientes a seres sin alma, víctimas de su propia maldad.
Al respecto, define que son dos los elementos que determinan una personalidad hostil, propia de un potencial asesino serial: alteraciones genéticas y un ambiente social adverso (abuso físico o psicológico). Aun con estos dos ingredientes, la tarea de detectarlos no es sencilla, pues en estos seres del mal hay ausencia de miedo como regulador de acciones negativas: “Es gente subactivada y como aburrida”; además de que el detonador de esa personalidad asesina puede ser insignificante e impredecible. “Hay que conocer a esa gente en su historial previo y no dejarnos enganchar por las apariencias”, puntualiza la autora.
No obstante, en su libro la directora del laboratorio de neuropsicología y psicofisiología de la Facultad de Psicología de la UNAM nos da algunos tips para alertarnos de potenciales seres excesivamente hostiles, violentos y de mentes torcidas.
La historia de estos seres malvados puede iniciar en la infancia: “Un vínculo inestable y de inseguridad entre el niño y su cuidador es predictor de agresión. Se ha visto que los problemas de apego en la infancia causan conductas hostiles-agresivas durante la etapa escolar”, dice la autora en uno de sus capítulos.
Así, la sentencia es lapidaria: “Los niños agresivos serán adultos agresivos”. Y es que, afirma, los seres excesivamente violentos como los asesinos seriales “cosifican” a las personas y es por ello que, como a cualquier cosa, no temen ni se detienen en hacerles daño, al restarles valor o degradarlas a ese punto.
Agresividad natural y depredadora
—¿Qué relación hay entre la mente de un asesino serial y la de los predadores?
—Desde el punto de vista biológico se ha encontrado que el ser humano trae toda la escala animal filogenética y que en su cerebro hay una serie de estructuras que reaccionan de una manera impulsiva y premeditada. Un gato, por ejemplo, va atacar violentamente si se le estimula cierta parte del cerebro, y se calma si se le estimula otra. Lo mismo pasa con el ser humano.
En ese sentido define que este tipo de violencia en el humano es llamada violencia impulsiva, ya que está relacionada con la estimulación o no de ciertas áreas del cerebro que, al ser tocadas reaccionan y no se detienen, como la ira.
“Cuando nos secuestra la ira es debido a que estas áreas están en plena actividad; se trata de áreas muy primitivas del cerebro y, en general, producen emociones como la ira y son zonas diferentes de las que regulan esas emociones”, precisa la investigadora
Contrariamente, dice, existe un tipo de violencia similar a la del tigre, llamada agresión premeditada, “donde el individuo planea, ataca y todo su sistema neurológico en vez de alterarse se calma; ésos son los asesinos premeditados, cuyo cerebro está al servicio del mal, son seres pensantes planeando el mal que van hacer”.
Complementariamente, Ostrosky-Solís deja en claro que los asesinos seriales no son personas con una inteligencia superior a la normal sino gente astuta, seductora, manipuladora, superficial, “seres sin alma”.
Y que, como se diagnostica en muchos de los casos de los asesinos seriales, son psicópatas, víctimas de un síndrome clínico y no una enfermedad consecuencia de un trastorno de la personalidad, trastorno recurrente entre 1 y 3 por ciento de la población.
En cuanto al placer que llegan a experimentar estos individuos es sádico, asegura la autora de Mentes asesinas, la violencia en tu cerebro, un sadismo generado entre la niñez y la adolescencia.
“Y es alimentado con fantasías de venganza, de violencia, producto de abuso físico o psicológico en la infancia; fantasías que al llegar la edad adulta emergen y convierten a la persona en asesino; este placer se produce con la agresión y llega a convertirse en un orgasmo”.
Héroes antiguos, asesinos seriales hoy
Ostrosky-Solís comenta que hay una teoría acerca de la psicopatía que dice que estas mentes violentas en la antigüedad fueron los soldados que defendían las culturas, eran los héroes que mataban 80 mil y no pasaba nada, pero al acabarse esto se quedaron sin qué hacer, y ahora son asesinos seriales.
¿Reconoce estos rasgos?
Mala relación con la madre, distorsión de las figuras de autoridad, rencor, agresividad, impulso a rechazar y a maltratar, dependencia, ausencia, violencia, actitud retadora y desafiante, susceptibilidad a relaciones destructivas, codependencia, repetición de modelos de violencia intrafamiliar, inestabilidad en relaciones de pareja, actitud dominadora y omnipotente, y depresión, por ejemplo.
Pues tenga cuidado de esa persona en quien reconoció esta descripción, aléjese de él o ella y cuénteselo a quien más confianza le tenga, porque estos son algunos de los rasgos resultado de las pruebas de personalidad realizadas a Juana Barraza, La Mataviejitas.
¿Cómo detectar al psicópata de la puerta de al lado?
En su libro, Feggy Ostrosky-Solís incluye un cuadro con 20 reactivos que determinan el grado de psicopatía: normal, tendencias psicópatas y psicópata, para orientarnos acerca de este tipo de personalidades siniestras.
Antes del ligue muy bien podría arreglárselas para aplicarlo y librarse de un o una psicópata. He aquí al servicio de la comunidad, en una versión simplificada a la original por cuestiones prácticas y de espacio. (Nota: para detalle consulte la página 127 del libro y, ante la duda, salga corriendo)
1.- Encanto superficial
2.- Egocentrismo y sobrevaloración
3.- Propensión al aburrimiento: necesidad de estimulación continua
4.- Mentiras patológicas: mentira como herramienta, deshonestos, sin escrúpulos
5.- Manipulación
6.- Falta de arrepentimiento y culpa: ausencia de sentimiento
7.- Respuestas emocionales superficiales
8.- Falta de empatía: indiferencia, frialdad, desconsideración, inestabilidad
9.- Actitud predatoria: sin motivación, pobre disciplina, incapacidad ante la responsabilidad
10.- Pobre autocontrol
11.- Conducta sexual promiscua
12.- Antecedentes de trastornos de comportamiento
13.- Falta de metas realistas a largo plazo. Existencia nomádica.
14.- Estilo de vida impulsiva
15.- Conducta irresponsable
16.- Evasión de la responsabilidad de las acciones propias
17.- Relaciones de corto plazo
18.- Delincuencia juvenil
19.- Ruptura de libertad condicionada e incumplimiento de su palabra
20.- Actividad criminal variada: orgulloso de “salirse con la suya”

2 thoughts on “El asesino serial que tenemos adentro

  1. A MI ME PARECE QUE ESTA MUY BIEN PLANTEADO PERO LE FALTA QUE PARTE DE SU CEREBRO ESTA DAÑADA (QUE LOBULO OCCIPITAL, PARIENTAL ,TEMPORAL Y FRONTAL)

  2. A mi me parece que un asesino serial no tiene nada de dañado, su ceebro está perfectamente. De hecho, acostumbran a ser extremadamente inteligentes. Lo que sí está mal en ellos es su moral: no saben bien cuando algo está mal o está bien, pues estos son conceptos sociales inculcados por la sociedad, más no por la naturaleza.

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