Marzo 2, 1930. Las cenizas de Lawrence

El 2 de marzo de 1930, hace 80 años, D.H. Lawrence murió de tuberculosis en Vence, Francia, a los 45 años. Lawrence se mofaba de la ciencia médica (o de cualquier otra), por lo que rechazaba aceptar su condición o a someterse a los tratamientos “mágicos” que le recomendaban. Tras abandonar por decisión propia el sanatorio francés que lo atendía, pasó sus últimos meses intentando completar varios de sus proyectos literarios y preparándose para lo que él sabía que era inminente. Las líneas siguientes pertenecen a The Ship of Death, uno de sus últimos poemas:
¿Has construido tu barca de la muerte, verdad?
O construye tu barca de la muerte, por si la necesitas
La inexorable helada está al alcance de tu mano, cuando las manzanas caen
pesadas, casi estruendosas sobre la áspera tierra
   ¡Y la muerte está en el aire como un aroma a cenizas!
       ¡Ah! ¿no puedes olerla?
Considerando su personalidad y sus opiniones sobre la reencarnación, Lawrence fue sepultado sin ceremonias en Vence. Un sencillo símbolo fénix hecho con guijarros marcaba su tumba. Considerando la personalidad de su esposa, lo que ocurrió después fue tan extraño que más tarde mereció un capítulo de televisión del programa Aunque Ud. No lo Crea!
Cinco años después de la muerte de Lawrence, Frieda, su viuda, envió a su nuevo compañero a Vence con instrucciones de exhumar y cremar los restos del escritor, para posteriormente regresar con las cenizas al rancho de Taos, Nuevo México. El amante de Frieda no cumplió la tarea o hizo lo que más tarde, borracho, dijo a sus amigos que había hecho: diligentemente recogió las cenizas en Vence, vertiéndolas posteriormente en algún lugar a las afueras de Marsella, evitándose así la molestia de transportarlas.
Mientras tanto, en el rancho, los proyectos de Frieda eran contrarrestar los ataques de la gente que conoció a Lawrence, cansada de la polémica de si debía esparcir las cenizas (la opinión del escritor) o conservarlas (la opinión de Frieda). Cuando fue informada sobre lo que había hecho su amante, la mujer a su vez declaró que había mezclado las cenizas de Lawrence en un saco con cemento para construir un altar conmemorativo, exclamando: “¡Ahora quiero ver cómo se roban eso!”
Con o sin la presencia simbólica de Lawrence, la elaborada ceremonia se realizó tal como se había planeado: con bailarines del pueblo, un grupo de mariachis y una multitud de extraños (Frieda publicó una invitación abierta en el periódico Santa Fe), comiendo hot dogs y tomando vino casero.