Abril 1. Idiotez y literatura

1 de abril: Idiotez, abril y literatura han compartido una larga y peligrosa tradición. Cuando San Crisóstomo definió en el tercer siglo al idiota como “al que abofetean”, el abofeteo era ya una práctica que tenía algún tiempo.
Los diálogos en las antiguas Grecia y Roma ya hablan de bufones profesionales, muchos de los cuales trabajaban en el circuito de banquetes con rutinas y chistes que habían cosechado de las bromas de aquellos tiempos. En la Edad Media, diversas culturas y cultos religiosos sancionaron los días de locura o excesos, aunque las autoridades cristianas hicieron todo lo posible para sólo matizar la diversión: “No más de tres cubetas de agua deben ser vertidas sobre la cabeza del precentor stultorum durante las Vísperas”. Los historiadores especulan que el 1 de abril se convirtió en el Día del Tonto después de 1582, cuando el Papa Gregorio introdujo el nuevo calendario cristiano. Éste movió el Día de Año Nuevo del 1 de abril al 1 de enero; los que se opusieron o no sabían del cambio o siguieron festejando su Año nuevo el 1 de abril, por lo que al parecer se les comenzó a llamar los “Tontos de abril”.
En la literatura, el idiota pudo tener su mejor época en el Renacimiento: en la Nave de los locos de Sebastian Brandt, en Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam, o en un puñado de obras de Shakespeare. La novela más famosa en la literatura-tonta moderna es la Nave de los locos de Katherine Anne Porter, publicada el Día de los Tontos, en abril de 1962. Herman Melville también eligió el Día de los Tontos para la publicación de su novela de 1857, El embaucador, novela satírica que tiene como tema un estafador y cuya trama se desenvuelve un 1 de abril a bordo de una barca de Mississippi, cuyos pasajeros son “¡una multitud de tontos, bajo un capitán tonto, en este barco de tontos!”
El embaucador fue la última novela de Melville y otro fracaso comercial y crítico, aunque algunos eruditos modernos la describen como “la obra más próxima a la perfección de Melville”. Algunos biógrafos colocan a Melville a bordo de su barco, como un duplicado del pasajero de la barca que despliega “la filosofía no rentable del desprecio para el hombre”. La bofetada que recibe es por no ser lo bastante tonto.
“La vida es un picnic disfrazado; uno debe tomar parte, elegir un personaje, estar listo de un modo sensible para jugar al idiota”, dice.