Maria Callas: bel canto y tragedia griega

POR Regina Swain

Hija de inmigrantes, Maria Callas llegó a Manhattan para, desde ahí, conquistar al mundo como la mejor soprano que ha pisado la faz de la tierra y La Fenice de Venecia

Anna Maria Kaikilía Sofía Kalogeropoúlou (en griego Άννα Μαρία Καικιλία Σοφία Καλογεροπούλου) nació en Nueva York el 2 de diciembre de 1977. Nadie sospechaba entonces que había nacido una diosa, una estrella destinada a cambiar para siempre el panorama de la ópera en el mundo entero.
Anna Maria era hija de una pareja de inmigrantes griegos que llegó a Estados Unidos apenas unos meses antes de su nacimiento. En 1929, George Kalogeropoulos, farmacéutico de profesión, abrió un negocio familiar en un barrio griego de Manhattan y, por la complejidad de su apellido, lo cambió por Callas.
Poco tiempo después, los padres de Anna Maria se separaron y la niña permaneció con su madre, quien anhelaba que su hija se convirtiera en cantante. De acuerdo con las memorias recopiladas por Bruno Tossi, curador y responsable de la exhibición titulada Maria Callas: la mujer, la voz, el mito, la relación de la futura soprano con su madre era difícil. Evangelia Dimitriadis siempre había querido que su hija fuera cantante; al respecto, Maria escribió en sus memorias: “…desde de niña me disgustaba la mediocridad. Mi madre quería que fuera cantante y yo estaba de acuerdo en complacerla, siempre y cuando algún día pudiera convertirme en una GRAN cantante”. Todo o nada.
Dimitriadis presionaba a Maria con sus clases, solicitando a sus profesores que le informasen de todos sus avances; y por otro lado, comparaba a Maria con su otra hija, calificando a la futura diva de gorda, poco agraciada y únicamente atractiva por su voz. Años después, Maria confesaría a la prensa que su madre la apoyó solamente para tener algún sustento económico y que, si bien admiraba su fortaleza y agradecía ese apoyo, nunca se había sentido querida por ella.
En 1937, tras la separación de sus padres, Maria viajó a Grecia con su madre y hermana, volviendo a adoptar su apellido original: Kalogeropoulos. Comenzó su formación en el Conservatorio Nacional de Atenas y para inscribirse tuvo que falsear la edad, ya que no tenía aún los 16 años, edad mínima requerida para el ingreso al conservatorio. Realizó sus primeros estudios con la soprano Maria Trivella y después estudió bel canto con Elvira de Hidalgo, que la formó en la tradición del canto bello romántico italiano.
En su libro titulado La Callas desconocida, Nicholas Petsalis-Diomidis cita a Elvira: “Una mañana apareció una niña. ¡La idea en sí de que una niña quisiera ser cantante de ópera era irrisoria! Era alta, muy gorda y llevaba unas gafas gruesas. Se sentó en una esquina, sin saber qué hacer con sus manos y empezó a morderse las uñas… su cara redonda estaba poblada de barros.”

El agudo de México
El verdadero debut de Maria fue en 1941, en el Teatro Lírico Nacional de Atenas, con la opereta Boccaccio, aunque su primer éxito llegó hasta 1942 con Tosca en la Ópera de Atenas. Pronto cantó Fidelio, Tiefland y Cavalleria Rusticana, también en Atenas. En 1944, durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas ocupantes perdieron el control de Grecia y la flota británica llega al puerto de El Pireo, Maria Kalogeropoulos decidió volver a Estados Unidos para reencontrarse con su padre.
No tuvo mucho éxito hasta que la escuchó Edward Johnson, el director general del Metropolitan Opera House, quien le ofreció inmediatamente los principales papeles en dos producciones en las temporadas de 1946 y 1947: Fidelio de Ludwig van Beethoven y Madame Butterfly de Giacomo Puccini. Para sorpresa de Johnson, Maria rechazó los papeles: no quería cantar Fidelio en inglés y consideraba que el papel de “Madame Butterfly” no era el adecuado para su debut en Estados Unidos.
En 1946 consiguió trabajo pero continuó practicando con vigor para perfeccionar su técnica. Tomó como agente a Eddie Bagarozy y en enero de 1947 aceptó cantar la ópera Turandot en Chicago, con un célebre reparto de cantantes europeos, en una compañía que fue fundada por Bagarozy y Ottavio Scotto, un empresario italiano.
Ese año Maria conoció en Nueva York al tenor italiano Giovanni Zenatello, director de la Arena de Verona, quien la contrató para cantar La Gioconda de Ponchielli. Viajó entonces a Italia en compañía de la esposa de Bagarozy, Louise, y allí conoció a su primer esposo: un acaudalado industrial de la construcción llamado Giovanni Battista Meneghini, 30 años mayor que ella, personaje que fue decisivo en la gestión de la incipiente carrera de la soprano.
En 1947 debutó en Italia en la Arena de Verona, con un papel en la ópera Ponchielli, dirigida por Tullio Serafin. Su presentación fue un éxito, pero no se reflejó inmediatamente en nuevos contratos. Así, Callas se encontró nuevamente sin empleo, pero gracias al apoyo brindado por su esposo, Meneghini, logró continuar con sus estudios privados de canto. Un poco más tarde, Callas realizó una nueva audición para “Serafín”, solicitando el difícil papel de la protagonista de Tristán e Isolda de Richard Wagner, que se iba a presentar en La Fenice de Venecia en la siguiente temporada. La soprano consiguió el papel y debutó en el teatro veneciano, obteniendo un grandioso éxito que le permitió cantar Turandot de Puccini en 1948 y hacer el papel de “Brünnhilde” en Die Walküre (La Valquiria) en 1949.
El 23 de mayo de 1950 debutó en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México cantando Norma, y es en ese mismo escenario donde intercaló un célebre Mi bemol al final del segundo acto de Aída conocido como “El agudo de México”, y en donde cantaría las dos únicas funciones de Rigoletto a lo largo de su vida.

Soprano de peso
El secreto que inmortalizó a Maria Callas y la convirtió en una leyenda fue su formidable técnica de bel canto, que daba flexibilidad a su caudalosa voz, a la que se sumaba un gran talento dramático, cualidades que le hicieron la más famosa actriz-cantante de su época. Extraordinariamente versátil, su repertorio integraba desde la ópera seria clásica, como La Vestale de Gaspare Spontini, Alceste de Gluck y Medea de Cherubini, hasta las óperas de Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini e incluso Richard Wagner, pasando por las óperas del verismo.
Maria Callas mostró tener un carácter muy fuerte, que le creó fama de “difícil” y fue determinante en sus decisiones. Su voz en los pianos era bellísima, pero denotaba un ligero timbre metálico que Callas no sabía anular con técnica. En la cumbre de su fama fue llamada una soprano assoluta o soprano sfogato. A pesar de su carácter, o tal vez por eso, Maria, que medía 1.70 de estatura, siempre luchó contra su cuerpo. Su peso fluctuaba, llegando en ocasiones a los 82 kilos.
Aunque para 1953 Maria Callas ya era una estrella consagrada, los famosos diseñadores Biki y Luchino Visconti, quienes dirigían La Traviata, le aconsejaron que cambiara su estilo. De acuerdo con la periodista Anita Pensotti, Biki se dirigió a Callas con estas palabras: “¿Cuánto pesas, más de cien kilos? Antes de volver a verme tienes que bajar de peso lo más pronto posible. Debes perder por lo menos 30 kilos, ni uno menos”. Biki y Visconti le dieron un año como límite para perder el peso.
La cuñada de Maria, Pia Meneghini, reveló los extremos a los que llegó la soprano para alcanzar la meta: “Se sometió a un peligroso tratamiento durante el cual un grupo de médicos suizos le administró grandes cantidades de extracto seco de hormonas de tiroides con el objetivo de acelerar su metabolismo y eliminar grasa. Aun así se sentía tan impaciente que solicitó que se le aplicara yodo directamente a la tiroides. Eso le dio una figura envidiable, pero le dañó para siempre el metabolismo, el sistema nervioso y la voz.

La estrella se apaga
Una vez que Callas se transformó en la bella donna que siempre había soñado ser, Dior, Balmain, Givenchy, Yves Saint Laurent y prácticamente todos los diseñadores querían vestirla con sus diseños. Pero pronto fue aparente que su pacto faustiano tuvo un precio muy alto: su voz. Su “instrumento”natural, como el sonido de un piano, estaba hecho para ser albergado en un cuerpo amplio. Muchos observadores piensan que la razón por la que Callas perdió la habilidad para alcanzar sus famosas notas altas fue sencillamente que ya no era lo suficientemente robusta para obtener las octavas necesarias. Pesaba 58 kilos.
Aunque la rápida pérdida de peso a la mitad de su carrera y el cambio constante de repertorio son citados como posibles causas del deterioro de su voz, Maria tuvo también una fuerte dosis de decepciones amorosas que la debilitaron.
El 3 de noviembre de 1959, Callas dejó a su marido Giovanni Meneghini por el magnate naviero griego Aristóteles Onassis, un idilio que la prensa de la época difundió exhaustivamente. Esta tortuosa relación sentimental se convertiría en una “tragedia griega”. La soprano se retiró durante un breve periodo para disfrutar de lleno su relación con Onassis; a su regreso, los aficionados del mundo de la ópera notaron que Maria había perdido fuerza y su voz evidenciaba los signos de decadencia que se adivinaba años antes.
La presencia luminosa de Callas comenzó a declinar con su voz.
En 1966, Maria, enamorada de Onassis, renunció a la ciudadanía estadounidense y retomó la nacionalidad griega con la esperanza de que Onassis le propusiera matrimonio. Al renunciar a su ciudadanía estadounidense había anulando técnicamente su matrimonio con Meneghini. Pero Onassis nunca le propuso matrimonio. El 20 de octubre de 1968, el magnate la abandonó abruptamente para casarse con Jacqueline Kennedy. La diva, herida en lo más profundo de su orgullo, nunca pudo superar el abandono de Aristóteles.

Medea de Pasolini
En junio de 1969, Maria empezó a rodar la película Medea, inspirada en el mito homónimo, según la visión primitiva y barbárica de Pier Paolo Pasolini. En este rodaje Callas tuvo un papel hablado, en el que no canta. La cinta tuvo una fría recepción y fue considerada un succѐs d’estime (éxito por cariño o estima), en vista de los dos grandes personajes que se habían aliado. No obstante, con el tiempo pasó a la historia como uno de los mejores filmes de Pasolini y tuvo difusión a escala internacional.
El 25 de mayo de 1970, La Divina intentó suicidarse con una sobredosis de barbitúricos. Cada vez tomaba más somníferos para dormir y más barbitúricos para encontrar un poco de paz.
Anne Edwards, en su libro titulado Maria Callas: una biografía íntima, cita a Callas: “Desde que perdí mi voz he querido morir”. Años de estrés, desgracias familiares, fracasos amorosos y una constitución física en declive contribuyeron a un triste libreto.
Después de 1972, Callas se aisló en su departamento de París, en la Avenue Georges Mandel 36 y Rue des Sablons, cerca del Arco de Triunfo. Hoy esa sección lleva el nombre Allée Maria Callas.
La Divina volvió a los escenarios en 1973 con Giuseppe di Stefano. Por primera vez en ocho años cantaba en público de nuevo. John Spear, miembro de la Liga de la Ópera de Los Ángeles, tuvo la fortuna de presenciar en 1974 la presentación de Maria en el Shrine Auditorium de Los Ángeles. Spear afirma que “fue un honor verla en el escenario. ¿Tenía la voz desgarrada? Sí. En ocasiones se le notaban los desgarres, pero aun así era una bella voz. [Sin embargo] yo fui a ver su actuación, pues la considero una de las mejores artistas del siglo 20.”
A principios de enero de 1973, Alexander, el hijo favorito de Aristóteles, falleció en un accidente; mientras tanto, el matrimonio de Onassis con Jackie iba de mal en peor. Aristóteles intentó reconquistar a Callas a pesar de estar todavía casado con Jackie Kennedy, pero ella nunca le perdonó el abandono y no quiso, o al menos no intentó volver con él; lo rechazó cuando se encontraron en octubre de 1973.
Maria Callas murió el 16 de septiembre de 1977 en París a causa de un ataque cardiaco. Tenía 53 años y, como es digno de una leyenda, aun su muerte tuvo una especie de aire mítico. Se rumora que La Divina lucía misteriosamente bella en su lecho de muerte; tanto, que los pocos que la vieron sin vida juran que de alguna manera la muerte le devolvió la juventud.

El silencio que viene: lenguajes que se extinguen

POR Paul Bignell

De las 6 mil 500 lenguas habladas en el mundo se prevé que la mitad muera hacia el final de este siglo. Ahora, un hombre trata de mantener vivas aquellas voces a través del orgullo local de la herencia y la identidad

Muy arriba, situado entre las cimas remotas del este de Nepal, se sienta un chamán, descansando sobre la hierba. Viste simplemente un chaleco oscuro y la tradicional túnica kurta con un gorro nepalés, que se moldea cómodamente a su cabeza. A su izquierda y derecha, dos hombres sostienen dispositivos de grabación, escuchando pacientemente sus preciosas palabras. Su lengua emite sonidos extraños para todos, excepto para unas cuantas personas en el mundo, poco familiares incluso para aquellos que habitan ese país. Sus ojos parpadean con toda la intensidad de un hombre que platica por vez primera ante una audiencia occidental su versión tribal del Libro del Génesis, sus orígenes míticos.
La historia del chamán tiene siglos, ha pasado de una generación a otra a través de cánticos, poemas, canciones, proverbios y de la simple narración. Sin embargo, esta narración, e incluso su lenguaje, nunca han sido registrados en texto. Y, frente a los feroces ataques de la globalización y los cambios sociales, están muriendo. Ya sea por los bien intencionados programas nacionales en nepalés, que impulsan a las nuevas generaciones a emigrar hacia las grandes ciudades asiáticas, o simplemente por la muerte de los mayores, el día en que nadie hablará la antigua lengua de la tribu Rai se aproxima.
La grave situación de la lengua del chamán y la de su comunidad de ningún modo es exclusiva de esta área pequeña, pero hermosa de Nepal; este es el destino aparente de miles de comunidades, sociedades y grupos indígenas de todo el mundo. Pero no, si el doctor Mark Turin puede ayudarlas.
El académico de la Universidad de Cambridge conduce un proyecto que intenta revertir la tendencia de miles de lenguas que están al borde de extinción, registrando y archivando palabras, poemas, cánticos –todo lo que pueda grabarse–, en una afán de detener su destrucción. Lenguas de las que la mayoría de nosotros no conoce nada.
De los 6 mil 500 lenguajes que hay en el mundo, se espera que muera casi la mitad para finales de este siglo, de acuerdo con la Unesco. Sólo 11 son habladas por más de la mitad de la población del planeta, por lo que las utilizadas sólo por unos cuantos sean relegadas conforme nos volvemos una sociedad más homogénea y global. En breve, 95 por ciento de los lenguajes del mundo será hablado sólo por cinco por ciento de su población, un notable nivel de diversidad lingüística almacenada en los pequeños bolsillos de los hablantes del globo.
Literatura oral
En una oficina pequeña detrás del Museo de Arqueología y Antropología de Cambridge –un lugar en el que uno casi espera ver caminar por ahí a Harrison Ford, con su sombrero en la cabeza y el látigo en la mano— Turin mira el contenido de una caja que llegó por la mañana procedente de India. “[Las recepcionistas] están bastante ocupadas recibiendo varias cajas de este tipo”, dice el antropólogo de 36 años. Dentro de la caja, la cual es cubierta por varias docenas de sellos, hay varios DVD que representan muchas horas de cantos, de canciones, los poemas y la literatura de una comunidad diminuta de India que está desesperada por ser incluida en la empresa del Turín. Las historias que cuentan son creativas y comunicativas.
Para muchas de estas comunidades, la tradición oral está en el corazón de su cultura. Las historias que ellos dicen son trabajos creativos así como comunicativas. A diferencia de las lenguas con celebradas tradiciones escritas, como sánscrito y el griego antiguo, pocas comunidades indígenas –desde la tribu kallawaya en Bolivia y la maka en Paraguay la lengua siberiana de chulym, a la srunachal de la India, han registrado sus lenguas. A principios de 2009, Turin dio a conocer el Proyecto de Literatura Oral del Mundo, con el propósito de documentar y hacer accesible las lenguas en peligro de extinción antes de que desaparezcan sin dejar rastro.
El académico trata de animar a las comunidades indígenas a colaborar con antropólogos de todo el mundo para registrar lo que él llama “la literatura oral” a través de videocámaras, registros de voz y otras herramientas multimedia valuadas en 30 mil libras esterlinas, cantidad subvencionada que consiguió para este año. La idea es integrar esta literatura en un archivo digital al que puede accederse por petición, abriendo así los nudos y cerrojos de las culturas perdidas. Por lo útil que este archivo puede ser para los académicos de Occidente, Turín cree es de importancia vital que el esquema también sea utilizado por las comunidades con las que él y sus investigadores están trabajando.
El proyecto surgió cuando Turín daba clases en Nepal. Él quería estudiar un doctorado en lenguas en peligro de extinción y, en una conversación con su profesor de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, fue dibujando un mapa sobre la pared de su tutor. El mapa estaba lleno de alfileres de diferentes colores que representaban las lenguas del mundo completamente indocumentadas. Al azar, Turín eligió un “alfiler”. Resulto que pertenecía a la tribu thangmi, una comunidad indígena en las colinas al este de Katmandú, la capital de Nepal. Muchas de las elecciones de los antropólogos y lingüistas que trabajan en este campo son al azar”, admite Turín. “Hay mucha suerte involucrada”.
Siguiendo con el tema de su trabajo con la comunidad thangmi en los años noventa, Turin comenzó a registrar la lengua que él escuchaba, percatándose de que tanto la lengua como la cultura de esta tribu estaban completamente indocumentadas y que pocos conocían de esta sociedad más allá de sus estrechas fronteras. Así que Turin comenzó a registrar la lengua y los mitos sobre los orígenes de los thangmi. “Escribí mil páginas de gramática en inglés que nadie podía usar, pero me di cuenta que no era suficiente. No era suficiente para mí, no era suficiente para ellos. Esto simplemente no iba a funcionar para la comunidad. Así que elaboré esta lista trilingüe de palabras, en thangmi, nepalés e inglés”.
Pocos meses después de que Turin comenzó su investigación apareció la primera publicación trilingüe. El pequeño diccionario aún se vende en los planteles escolares en modestas 20 rupias y es utilizado como parte de de un amplio proceso de regeneración cultural para educar a los niños sobre su herencia y lengua. La tarea no es una empresa menor: Nepal es un país de una diversidad étnica y lingüística masivas, hogar de 100 lenguas de cuatro familias lingüísticas diferentes. Lo que es más, sólo pocos del grupo étnico thangmi habla la lengua thangmi. Muchos de los miembros de la comunidad han optado por hablar el nepalés, la lengua nacional enseñada en escuelas, que se difunde por los medios de comunicación, y los mayores de comunidad mueren sin lograr su conocimiento.
Desde que el proyecto se puso en marcha, con el apoyo de la iniciativa Voces Perdurables de National Geogrraphic, el Proyecto de Lenguas en Peligro Hans Rausing y la Fundación Arcadia, muchas más comunidades en el mundo han solicitado su inclusión o respondido a la sugerencia de que su lengua tiene la necesidad de grabarse. (Una de las tareas incluye hacer el registro de los cantos ceremoniales de la lengua barasana, hablada solamente por mil 890 personas en la región Vaupés de Columbia.)
Herramienta práctica
La lexicógrafa Sarah Ogilvie trabajó con la comunidad abiorigen umagico, en la península de Cabo York la Península, en el norte de Australia, por ejemplo. Al igual que Turin, ella elaboró un diccionario de la lengua de la comunidad, el morrobalama, en lo que es la primera vez que una lengua puramente oral ha sido escrita y grabada. Viviendo con la comunidad por año y medio en condiciones difíciles y ser la única persona no nativa en el grupo, Ogilvie comenzó a aprender la lengua desde el principio, ya que nadie hablaba inglés.
“Como lexicógrafa, quise mirar como podríamos escribir mejores diccionarios de las lenguas que mueren, no sólo preservar el lenguaje, sino que pueda ser usado como una herramienta práctica”, explica Ogilvie.
Después de aprender el morrobalama, comenzó su diccionario escribiendo las palabras en el Alfabeto Fonético Internacional. Después, al observar patrones en los sonidos, pudo crear un sistema único de escritura. “Tuve suerte, ya que nadie antes había tratado de registrar la lengua; en general, para los lingüistas la situación se torna más compleja si alguien más ya ha intentado registrar la lengua, ya que pudo haberse escrito mal y ya no hay posibilidad de borrar”.
A pesar del entusiasmo de Turin por este tema, él está confundido por el rechazo de muchos lingüistas de apoyar el tomo en el que trabaja. “De las 6 mil 500 lenguas habladas en la Tierra, muchas comunidades no tienen tradiciones escritas y muchas de estas formas habladas están en peligro”, señala el investigador. “Hay más lingüistas en las universidades del mundo entero que lenguas habladas, pero la mayor parte de ellos no trabajan en esta cuestión. Para mí resulta sorprendente que hoy en día sigamos con una imagen incompleta de la diversidad lingüística. La gente estudia posgrados sobre el uso del apóstrofe en el francés, aunque todavía desconocemos cuántos lenguajes se hablan”.
“Cuando una lengua ingresa a la zona de peligro, también lo hace una visión cultural ecuménica. Queremos contratar indígenas para documentar sus mitos y folklore, lo cual puede ser más difícil que encontrar financiamiento para alguien que estudia en una universidad extranjera. Si eres miembro de una tribu del Himalaya, no podrás tener acceso a una cámara de vídeo para registrar a tu chamán y a tus mayores”, señala Turin.
Aunque estas lenguas pueden parecer remotas y distantes, vale la pena recordar que lenguas británicas como el galés y el gaélico estaban en el peligro de extinguirse no hace mucho tiempo. De hecho, Turin admite que esas lenguas, también, incluido el cornualles, necesitan un esfuerzo considerable para mantenerlos vigentes. “La gente generalmente piensa que sólo las culturas rivales están en peligro. Pero por todas partes de Europa hay reductos de comunidades tradicionales y formas de discurso que se han extinguido. Los Estados nación más fuertes, con recursos, cuidan mejor sus lenguas indígenas propias, a través de la televisión en lengua galesa, por ejemplo, y como el noroeste de Francia cuida la literatura Bretona. “
De forma similar a la introducción del Acta de la Lengua Galés en 1993, el gobierno escocés trabaja para proteger y promover el gaélico. Este nuevo acuerdo significa que el gaélico ahora puede ser utilizado formalmente en reuniones entre ministros de gobierno escoceses y funcionarios de la Unión Europea. Un presupuesto suplementario de 800 mil libras esterlinas también fue aprobado para un proyecto que promueve el gaélico en las escuelas. Sin embargo, el gaélico escocés no está en la lista de 23 lenguas “oficiales” de la Unión Europea.
Pese a los obstáculos que enfrentan iniciativas como el Proyecto de Literatura Oral del Mundo hay ejemplos históricos que indican la posibilidad de que la restauración de lengua no sea un mero sueño imposible de académicos. El renacimiento de una forma moderna de hebreo en el siglo 19 a menudo es citado como una de las mejores pruebas de que lenguas hace mucho tiempo muertas, pertenecientes a pequeñas comunidades, pueden ser resucitadas y abrazadas por un gran número de personas. Para el siglo 20, el hebreo estaba bien en su camino por convertirse en la lengua principal de la población judía tanto de Palestina otomana como la británica. Ahora es hablado por más de siete millones de personas en Israel.
Los proyectos de Turin reciben una fracción diminuta de las sumas gastadas en el Reino Unido en la promoción de la lengua, pero él cree que hay mucho más aún en juego que la lengua y la cultura en las comunidades con las que él trabaja: su extinción también representa un peligro para la diversidad biológica misma de sus patrias. Los expertos ahora convienen en que hay una correlación entre las áreas de diversidad cultural, lingüística y biológica. Las sierras, ríos y desfiladeros que podrían aislar una comunidad humana y conducir al desarrollo de su lengua materna específica en general los mismos rasgos geográficos que dan lugar a ecosistemas especializados.
“Entre más flora y fauna tiene una persona, más puede comer y, por lo tanto, menos gente tiene que comerciar, reduciendo al mínimo los efectos de interacción con otras influencias exteriores”, dice él especialista. En partes de Papúa, Nueva Guinea, por ejemplo, a cinco minutos de distancia de su casa la gente tiene todo que necesita para sobrevivir. Los sitios con diversidad en especies tienen, a su vez, diversidad en lenguas y culturas”. En otras palabras, si los vecinos comienzan a hablar otras lenguas es indicativo de un crecimiento fuera de la influencia, y pueden ser malas noticias para la ecología.
Tomado de: The Independent. Diciembre 13, 2009.
Traducción y edición: José Luis Durán King.