Infancia es destino

José Luis Durán King

Los asesinos seriales tienen muchas cosas en común, además de su deseo de expropiar vidas ajenas: abusos físicos y psicológicos durante la infancia, consumo de sustancias tóxicas durante una gran parte de su vida y tergiversación de los conceptos del bien y del mal

Henry Lee Lucas, Bobby Joe Long y Carlton Gary fueron asesinos prolíficos durante sus carreras. Cada una de sus historias tipifica la constelación básica de los patrones sociales, fisiológicos, químicos y psicológicos que apuntan hacia una enfermedad que conocemos bajo el nombre de asesinato serial. El pasado de cada uno de ellos muestra algún grado de abuso físico, psicológico o de paternidad negativa. Cada examen personal revela un historial médico de lesiones en la cabeza o de daño en las áreas críticas del cerebro que controlan las respuestas de la conducta primaria o de la habilidad de razonamiento. Cada uno de los asesinos seriales mencionados en este párrafo posee un registro documentado de dependencia al alcohol o las drogas. Lucas, por ejemplo, vivió prácticamente en una atmósfera nebulosa de sustancias químicas durante gran parte de su etapa adulta.
Trágicamente, la vida de cada uno de estos asesinos seriales se salió de control. Lucas sufrió tal abuso durante su infancia que fue un milagro que sobreviviera. Lucas y Carlton Gary pasaron la primera parte de su vida en instituciones juveniles o correccionales. Estos hombres no recordaban ocasiones de alegría o de unión familiar en su niñez. Todo lo contrario: generalmente, en el hogar sólo fueron blancos de golpizas severas o de absoluta negligencia. Sus padres invirtieron el significado del bien y del mal, errores de interpretación que las prisiones se encargaron de reforzar. Incluso Bobby Joe Long, que no sufrió golpizas severas de niño, fue manipulado emocionalmente por su madre, quien lo obligó a compartir la cama con ella hasta que el joven tuvo 13 años. La edad es lo de menos, cuando Joe no ocupaba ese lugar era porque su madre estaba fornicando con alguno de sus muchos amantes.
Los asesinos mencionados han manifestado alguna forma de daño congénito. Tanto Lucas como Long sufrieron malinterpretación de género. Lucas era obligado a vestirse como niña por su madre, una prostituta que solía tener relaciones frente a sus hijos y a su esposo paralítico. El desequilibrio hormonal de Joe Long le causó incluso el crecimiento del tejido de los senos –el cual fue necesario removerlo quirúrgicamente–, además de experimentar oscilaciones emotivas típicas de un ciclo menstrual. Incluso en prisión la personalidad de Long cambiaba de acuerdo al ciclo lunar mensual.
Henry Lee Lucas, Bobby Joe Long y Carlton Gary sufrieron problemas de aprendizaje, asociados con defectos neurológicos de nacimiento. Los dedos alargados y en forma de telaraña de Carlton Gary, combinados con los pulgares subdesarrollados, son ejemplos adicionales del tipo de desorden congénito que puede, dependiendo de otros factores psicológicos, sociales y fisiológicos, desembocar en una vida con episodios constantes de conducta violenta.
Cada cabeza es un mundo
Los personajes mencionados han experimentado las fases del asesinato serial a su manera. Lucas decía que durante mucho tiempo padeció alucinaciones en las que perdía cualquier contacto con la realidad. Escuchaba la voz de su madre, quien le ordenaba que cometiera suicidio o que asesinara. En prisión varias veces solicitó ayuda, pero su petición nunca fue atendida. Lucas dice que fue tras las rejas donde liberó al monstruo de su interior; y algo de verdad debe haber en su argumento, pues al salir de la cárcel, acusado de haber acabado con la vida de su madre, no hubo poder humano que lo detuviera en las siguientes dos décadas en su afán de matar todo aquello que se moviera o reptara sobre la tierra. Siempre en los límites de la violencia aducía que sus episodios homicidas fueron precedidos por periodos de un alto consumo de alcohol. Fue en ese estado de duermevela que cometió la mayoría de sus sacrificios.
Después de sus actos, Lucas construía un vínculo con sus víctimas, preservando piezas corporales o visitando las tumbas clandestinas en las que había enterrado a sus presas. Sin embargo, su memoria entre cada uno de los episodios era afectada por el alcohol, al tiempo que el daño cerebral crecía. Lucas argumentaba que sus crímenes eran seguidos por periodos de depresión. Ésta finalmente se volvió insostenible después del asesinato de Becky Powell, su amante. Decidió no volver a matar, pero días después acabó con la vida de Kate Rich, una anciana para la cual él había trabajado. Al ser arrestado bajo el cargo de posesión de armas, confesó no sólo los asesinatos de Powell y Rich sino también los de más de 300 personas en 25 estados de la Unión Americana.
El historial de Bobby Joe Long revela que, aunque fue dominado por las mujeres durante su vida, él no les había hecho daño sino hasta después de golpearse gravemente la cabeza en un accidente de motocicleta. Se volvió un hombre con una actividad sexual anormal y continuamente construía las fantasías lascivas más descabelladas con cada mujer que veía. No obstante que reportó su sintomatología a los doctores del ejército, nunca recibió tratamiento. Poco tiempo después de su divorcio se convirtió en un violador que encontraba a sus víctimas a través de la sección de anuncios clasificados en los periódicos locales. Long explicó que conscientemente nunca quiso herir a sus víctimas, pero que una fuerza interior lo obligaba a violarlas.
Joe Long pronto fue conocido como “el violador de los anuncios clasificados”, aunque lo peor estaba por venir. Después de más de 50 asaltos sexuales, sus fantasías empeoraron hasta que inició una despiadada carnicería de prostitutas en la zona roja al norte de Tampa.
Al igual que Lucas, Long sufría de fuertes depresiones después de asesinar. También él conservaba “trofeos” de sus víctimas, en este caso en forma de recortes de periódicos que además de que daban fe de sus hazañas le servían para “revivir” la emoción y la excitación que sintió al momento de atacar. Cuando los candores de sus tótems ya no le expresaban nada, Long nuevamente acudía a las fiestas de solteros en busca de nuevos prospectos.
 
Drogas y olvido
Carlton Gary experimentaba los ciclos del asesinato serial a través de figuras fantasmales que él mismo generaba en su mente. Al igual que Lucas y Long, Gary padeció una serie de abusos severos que de algún modo contribuyeron a conformar al hombre violento que inició su carrera como ladrón de poca monta para después convertirse en un sádico asesino de ancianas.
Gary siempre argumentó que él sólo atestiguó los homicidios por los que era acusado. Sin embargo proveyó detalles de los asesinatos que sólo el agresor podía conocer. Cuando lo confrontaron con algunas de las evidencias –como vello púbico, por ejemplo– dejadas en las escenas del crimen tuvo que reconocer su participación. No era capaz de recordar las características físicas de sus víctimas, aunque los momentos en que violó y asesinó a las ancianas los tenía muy claros. Sus “olvidos” quizá eran consecuencia de las drogas que Carlton Gary consumía desde que era un adolescente.

1 thought on “Infancia es destino

  1. Sabes? Lo que no me gusta nunca de este tipo de «explicaciones» es que hay millones de personas que han recibido abusos y que no sólo son buenas personas, son buenísimas. Creo que si uno ha sido abusado de niño y además lee estas cosas tiene que cargar no sólo con el «santito» de su propio abuso, sino con el miedo de tener un demonio interior. Creo que lo más real de un asesino serial es que revela que el mal no tiene por qué.

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