La pesadilla de Putin

POR Alfredo C. Villeda

s blanco, barbado casi pelirrojo, gesto adusto. Una cicatriz le cruza el rostro. La nariz es ancha y la boca derrama bilis en su arco. Mira con furia. Quizá porque ha perdido dos hermanos en combate. O porque su padre de 70 años, su esposa y su hijo de seis meses, el resto de la familia, fueron detenidos en 2004 para usarlos como carnada. Convertido en enemigo público número uno, también se vuelve invisible, inasible, escapista, un fantasma.

El 16 de abril de 2005 fuerzas federales anuncian que lo tienen en su poder. Porque se presume rodeado el edificio en el que sin duda está atrapado. Cuando entran los comandos especiales, el hombre se ha esfumado y deja en ridículo el operativo montado por especialistas antiguerrilla. El 27 de abril de 2007, es ubicado junto con su equipo más cercano. El grupo de fuerza de tarea tiene el apoyo de tres helicópteros MI-8. El balance del embate policiaco-militar es de 17 agentes muertos y una aeronave por los suelos, destruida. Ni rastro del objetivo. Igual que en junio de 2009, cuando lo reportan herido. Nada más.
No crea usted, incauto lector, que se trata de la sinopsis de una película o del perfil cinematográfico de Bruce Willis, Mel Gibson o algún héroe o antihéroe de Hollywood. No. Se trata, en efecto, del enemigo público número uno, pero no de la Casa Blanca, sino del Kremlin: Doku Umárov, El Emir del Cáucaso, líder de los rebeldes chechenos que combaten por su independencia contra Rusia. Y quien, mediante una videograbación, se adjudicó el atentado de las viudas negras, el lunes pasado, en el metro de Moscú, con saldo de 39 muertos, incluidas las suicidas.
Umárov es a Rusia lo que Osama Bin Laden a Estados Unidos. Es el terrorista que le quita el sueño a Medvédev, es la pesadilla de Putin. Es el dirigente vengador que se radicalizó a partir de la segunda guerra ruso-chechena, cuando se convierte al islam y al culto wahabita. De 46 años, es el mando separatista que ha jurado tomar revancha por la muerte de sus hermanos, el encarcelamiento de su familia, y regar de sangre las calles de Moscú. Aún no se descarta que el doble atentado del miércoles en Daguestán, con 12 víctimas mortales, sea de su autoría.
El director del FSB (antiguo KGB), Alexánder Bórtnikov, anunció el jueves que ya están identificados los organizadores de los atentados del lunes en Moscú y del miércoles, así como las dos viudas negras que se inmolaron en el metro. “Conocemos personalmente a los organizadores”, dijo el jefe de los servicios secretos rusos. La identidad de las mujeres suicidas se filtró en la prensa rusa: la más joven se llamaba Marja Ustarjánova, de 20 años, viuda del jefe guerrillero Said Ammin Jizríev de Gudermés (Chechenia).
Según reportes difundidos por el corresponsal del periódico ABC en Moscú, esta joven se puso en contacto con la guerrilla separatista a través de internet, después se unió a sus filas y se fue a las montañas. Allí se casó con Jizríev, quien fue abatido, el pasado otoño, cuando preparaba un atentado contra el presidente checheno, Ramzán Kadírov. Ella decidió entonces vengar la muerte de su esposo con el ataque suicida del pasado lunes en la estación de metro de Lubianka.

De su compañera, la que 40 minutos más tarde se hizo explotar en la estación de Park Kulturi, se supieron apenas ayer nombre y apellidos: Dzhennet Abdurakhamanova, de 17 años de edad, fue cónyuge del jefe guerrillero daguestaní Umalat Mahomédov, de Kizliar, donde ocurrió el ataque del miércoles. Mahomédov fue eliminado por agentes de los servicios secretos rusos en una operación del 31 de diciembre pasado.

Los ataques y el video de reivindicación, que puede verse en el sitio de internet de la guerrilla, www.kavkazcenter.com, deben haber acabado con los tradicionales planes vacacionales de la pareja gobernante Medvédev-Putin. El grueso expediente de Umárov debe urgir a privilegiar la cacería. Si bien estos grupos armados suelen atribuirse cuanto siniestro ocurre, la hoja curricular tiene asegurada la participación de El Emir del Cáucaso en el secuestro y asesinato del general ruso Guennadi Chpigoun en 1999, en la ofensiva sobre la capital de Ingusetia en junio de 2004 y como instigador de la toma de rehenes en una escuela de Beslan en septiembre de 2004, que terminó con 311 cadáveres.
Le Monde detalla cómo la generación laica de los líderes Djokhar Dudaev y Aslan Masjadov dio paso a la de Umárov, que para más señas se hace llamar Abu Usman, la pesadilla de Putin.
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