Maria Callas: bel canto y tragedia griega

El 23 de mayo de 1950, Maria Callas debutó en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México cantando Norma; en ese mismo escenario intercaló un célebre Mi bemol al final del segundo acto de Aída conocido como “El agudo de México”, y cantó las dos únicas funciones de Rigoletto a lo largo de su vida

(Zeta)

POR Regina Swain

El 23 de mayo de 1950, Maria Callas debutó en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México cantando Norma; en ese mismo escenario intercaló un célebre Mi bemol al final del segundo acto de Aída conocido como “El agudo de México”, y cantó las dos únicas funciones de Rigoletto a lo largo de su vida

Hija de inmigrantes, Maria Callas llegó a Manhattan para, desde ahí, conquistar al mundo como la mejor soprano que ha pisado la faz de la tierra y La Fenice de Venecia

Anna Maria Kaikilía Sofía Kalogeropoúlou (en griego Άννα Μαρία Καικιλία Σοφία Καλογεροπούλου) nació en Nueva York el 2 de diciembre de 1923. Nadie sospechaba entonces que había nacido una diosa, una estrella destinada a cambiar para siempre el panorama de la ópera en el mundo entero.

Anna Maria era hija de una pareja de inmigrantes griegos que llegó a Estados Unidos apenas unos meses antes de su nacimiento. En 1929, George Kalogeropoulos, farmacéutico de profesión, abrió un negocio familiar en un barrio griego de Manhattan y, por la complejidad de su apellido, lo cambió por Callas.

Poco tiempo después, los padres de Anna Maria se separaron y la niña permaneció con su madre, quien anhelaba que su hija se convirtiera en cantante. De acuerdo con las memorias recopiladas por Bruno Tossi, curador y responsable de la exhibición titulada Maria Callas: la mujer, la voz, el mito, la relación de la futura soprano con su madre era difícil. Evangelia Dimitriadis siempre había querido que su hija fuera cantante; al respecto, Maria escribió en sus memorias: “…desde de niña me disgustaba la mediocridad. Mi madre quería que fuera cantante y yo estaba de acuerdo en complacerla, siempre y cuando algún día pudiera convertirme en una GRAN cantante”. Todo o nada.

Dimitriadis presionaba a Maria con sus clases, solicitando a sus profesores que le informasen de todos sus avances; y por otro lado, comparaba a Maria con su otra hija, calificando a la futura diva de gorda, poco agraciada y únicamente atractiva por su voz. Años después, Maria confesaría a la prensa que su madre la apoyó solamente para tener algún sustento económico y que, si bien admiraba su fortaleza y agradecía ese apoyo, nunca se había sentido querida por ella.

En 1937, tras la separación de sus padres, Maria viajó a Grecia con su madre y hermana, volviendo a adoptar su apellido original: Kalogeropoulos. Comenzó su formación en el Conservatorio Nacional de Atenas y para inscribirse tuvo que falsear la edad, ya que no tenía aún los 16 años, edad mínima requerida para el ingreso al conservatorio. Realizó sus primeros estudios con la soprano Maria Trivella y después estudió bel canto con Elvira de Hidalgo, que la formó en la tradición del canto bello romántico italiano.

En su libro titulado La Callas desconocida, Nicholas Petsalis-Diomidis cita a Elvira: “Una mañana apareció una niña. ¡La idea en sí de que una niña quisiera ser cantante de ópera era irrisoria! Era alta, muy gorda y llevaba unas gafas gruesas. Se sentó en una esquina, sin saber qué hacer con sus manos y empezó a morderse las uñas… su cara redonda estaba poblada de barros.”

El agudo de México

Regina_2A Hymn to Intellectual Beauty: Creative Minds and Fashion (creativemindsandfashion.com)

El verdadero debut de Maria fue en 1941, en el Teatro Lírico Nacional de Atenas, con la opereta Boccaccio, aunque su primer éxito llegó hasta 1942 con Tosca en la Ópera de Atenas. Pronto cantó Fidelio, Tiefland y Cavalleria Rusticana, también en Atenas. En 1944, durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas ocupantes perdieron el control de Grecia y la flota británica llega al puerto de El Pireo, Maria Kalogeropoulos decidió volver a Estados Unidos para reencontrarse con su padre.

No tuvo mucho éxito hasta que la escuchó Edward Johnson, el director general del Metropolitan Opera House, quien le ofreció inmediatamente los principales papeles en dos producciones en las temporadas de 1946 y 1947: Fidelio de Ludwig van Beethoven y Madame Butterfly de Giacomo Puccini. Para sorpresa de Johnson, Maria rechazó los papeles: no quería cantar Fidelio en inglés y consideraba que el papel de “Madame Butterfly” no era el adecuado para su debut en Estados Unidos.

En 1946 consiguió trabajo pero continuó practicando con vigor para perfeccionar su técnica. Tomó como agente a Eddie Bagarozy y en enero de 1947 aceptó cantar la ópera Turandot en Chicago, con un célebre reparto de cantantes europeos, en una compañía que fue fundada por Bagarozy y Ottavio Scotto, un empresario italiano.

Ese año Maria conoció en Nueva York al tenor italiano Giovanni Zenatello, director de la Arena de Verona, quien la contrató para cantar La Gioconda de Ponchielli. Viajó entonces a Italia en compañía de la esposa de Bagarozy, Louise, y allí conoció a su primer esposo: un acaudalado industrial de la construcción llamado Giovanni Battista Meneghini, 30 años mayor que ella, personaje que fue decisivo en la gestión de la incipiente carrera de la soprano.

En 1947 debutó en Italia en la Arena de Verona, con un papel en la ópera Ponchielli, dirigida por Tullio Serafin. Su presentación fue un éxito, pero no se reflejó inmediatamente en nuevos contratos. Así, Callas se encontró nuevamente sin empleo, pero gracias al apoyo brindado por su esposo, Meneghini, logró continuar con sus estudios privados de canto. Un poco más tarde, Callas realizó una nueva audición para “Serafín”, solicitando el difícil papel de la protagonista de Tristán e Isolda de Richard Wagner, que se iba a presentar en La Fenice de Venecia en la siguiente temporada. La soprano consiguió el papel y debutó en el teatro veneciano, obteniendo un grandioso éxito que le permitió cantar Turandot de Puccini en 1948 y hacer el papel de “Brünnhilde” en Die Walküre (La Valquiria) en 1949.

El 23 de mayo de 1950 debutó en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México cantando Norma, y es en ese mismo escenario donde intercaló un célebre Mi bemol al final del segundo acto de Aída conocido como “El agudo de México”, y en donde cantaría las dos únicas funciones de Rigoletto a lo largo de su vida.

Soprano de peso

Regina_3Maria Callas – Victoria and Albert Museum (www.vam.ac.uk)

El secreto que inmortalizó a Maria Callas y la convirtió en una leyenda fue su formidable técnica de bel canto, que daba flexibilidad a su caudalosa voz, a la que se sumaba un gran talento dramático, cualidades que le hicieron la más famosa actriz-cantante de su época. Extraordinariamente versátil, su repertorio integraba desde la ópera seria clásica, como La Vestale de Gaspare Spontini, Alceste de Gluck y Medea de Cherubini, hasta las óperas de Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini e incluso Richard Wagner, pasando por las óperas del verismo.

Maria Callas mostró tener un carácter muy fuerte, que le creó fama de “difícil” y fue determinante en sus decisiones. Su voz en los pianos era bellísima, pero denotaba un ligero timbre metálico que Callas no sabía anular con técnica. En la cumbre de su fama fue llamada una soprano assoluta o soprano sfogato. A pesar de su carácter, o tal vez por eso, Maria, que medía 1.70 de estatura, siempre luchó contra su cuerpo. Su peso fluctuaba, llegando en ocasiones a los 82 kilos.

Aunque para 1953 Maria Callas ya era una estrella consagrada, los famosos diseñadores Biki y Luchino Visconti, quienes dirigían La Traviata, le aconsejaron que cambiara su estilo. De acuerdo con la periodista Anita Pensotti, Biki se dirigió a Callas con estas palabras: “¿Cuánto pesas, más de cien kilos? Antes de volver a verme tienes que bajar de peso lo más pronto posible. Debes perder por lo menos 30 kilos, ni uno menos”. Biki y Visconti le dieron un año como límite para perder el peso.

La cuñada de Maria, Pia Meneghini, reveló los extremos a los que llegó la soprano para alcanzar la meta: “Se sometió a un peligroso tratamiento durante el cual un grupo de médicos suizos le administró grandes cantidades de extracto seco de hormonas de tiroides con el objetivo de acelerar su metabolismo y eliminar grasa. Aun así se sentía tan impaciente que solicitó que se le aplicara yodo directamente a la tiroides. Eso le dio una figura envidiable, pero le dañó para siempre el metabolismo, el sistema nervioso y la voz.

La estrella se apaga

Regina_4Maria Callas: Die kompletten Studio-Aufnahmen, 1949–69 (www.welt.de)

Una vez que Callas se transformó en la bella donna que siempre había soñado ser, Dior, Balmain, Givenchy, Yves Saint Laurent y prácticamente todos los diseñadores querían vestirla con sus diseños. Pero pronto fue aparente que su pacto faustiano tuvo un precio muy alto: su voz. Su “instrumento”natural, como el sonido de un piano, estaba hecho para ser albergado en un cuerpo amplio. Muchos observadores piensan que la razón por la que Callas perdió la habilidad para alcanzar sus famosas notas altas fue sencillamente que ya no era lo suficientemente robusta para obtener las octavas necesarias. Pesaba 58 kilos.

Aunque la rápida pérdida de peso a la mitad de su carrera y el cambio constante de repertorio son citados como posibles causas del deterioro de su voz, Maria tuvo también una fuerte dosis de decepciones amorosas que la debilitaron.

El 3 de noviembre de 1959, Callas dejó a su marido Giovanni Meneghini por el magnate naviero griego Aristóteles Onassis, un idilio que la prensa de la época difundió exhaustivamente. Esta tortuosa relación sentimental se convertiría en una “tragedia griega”. La soprano se retiró durante un breve periodo para disfrutar de lleno su relación con Onassis; a su regreso, los aficionados del mundo de la ópera notaron que Maria había perdido fuerza y su voz evidenciaba los signos de decadencia que se adivinaba años antes.

La presencia luminosa de Callas comenzó a declinar con su voz.

En 1966, Maria, enamorada de Onassis, renunció a la ciudadanía estadounidense y retomó la nacionalidad griega con la esperanza de que Onassis le propusiera matrimonio. Al renunciar a su ciudadanía estadounidense había anulando técnicamente su matrimonio con Meneghini. Pero Onassis nunca le propuso matrimonio. El 20 de octubre de 1968, el magnate la abandonó abruptamente para casarse con Jacqueline Kennedy. La diva, herida en lo más profundo de su orgullo, nunca pudo superar el abandono de Aristóteles.

Medea de Pasolini

Regina_5Maria Callas y Pier Paolo Pasolini. Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte (unapizcadecmha.blogspot.com)

En junio de 1969, Maria empezó a rodar la película Medea, inspirada en el mito homónimo, según la visión primitiva y barbárica de Pier Paolo Pasolini. En este rodaje Callas tuvo un papel hablado, en el que no canta. La cinta tuvo una fría recepción y fue considerada un succѐs d’estime (éxito por cariño o estima), en vista de los dos grandes personajes que se habían aliado. No obstante, con el tiempo pasó a la historia como uno de los mejores filmes de Pasolini y tuvo difusión a escala internacional.

El 25 de mayo de 1970, La Divina intentó suicidarse con una sobredosis de barbitúricos. Cada vez tomaba más somníferos para dormir y más barbitúricos para encontrar un poco de paz.

Anne Edwards, en su libro titulado Maria Callas: una biografía íntima, cita a Callas: “Desde que perdí mi voz he querido morir”. Años de estrés, desgracias familiares, fracasos amorosos y una constitución física en declive contribuyeron a un triste libreto.

Después de 1972, Callas se aisló en su departamento de París, en la Avenue Georges Mandel 36 y Rue des Sablons, cerca del Arco de Triunfo. Hoy esa sección lleva el nombre Allée Maria Callas.

La Divina volvió a los escenarios en 1973 con Giuseppe di Stefano. Por primera vez en ocho años cantaba en público de nuevo. John Spear, miembro de la Liga de la Ópera de Los Ángeles, tuvo la fortuna de presenciar en 1974 la presentación de Maria en el Shrine Auditorium de Los Ángeles. Spear afirma que “fue un honor verla en el escenario. ¿Tenía la voz desgarrada? Sí. En ocasiones se le notaban los desgarres, pero aun así era una bella voz. [Sin embargo] yo fui a ver su actuación, pues la considero una de las mejores artistas del siglo 20.”

A principios de enero de 1973, Alexander, el hijo favorito de Aristóteles, falleció en un accidente; mientras tanto, el matrimonio de Onassis con Jackie iba de mal en peor. Aristóteles intentó reconquistar a Callas a pesar de estar todavía casado con Jackie Kennedy, pero ella nunca le perdonó el abandono y no quiso, o al menos no intentó volver con él; lo rechazó cuando se encontraron en octubre de 1973.

Maria Callas murió el 16 de septiembre de 1977 en París a causa de un ataque cardiaco. Tenía 53 años y, como es digno de una leyenda, aun su muerte tuvo una especie de aire mítico. Se rumora que La Divina lucía misteriosamente bella en su lecho de muerte; tanto, que los pocos que la vieron sin vida juran que de alguna manera la muerte le devolvió la juventud.

Abril 29, 2010.