Umberto Eco: nos gustan las listas, porque no queremos morir

POR Susanne Beyer y Lothar Gorris

En 2009, el novelista y semiótico italiano Umberto Eco fue el curador de una exhibición en el Louvre de París. A propósito de ese acto ofreció una entrevista a la revista alemana Spiegel en la que habló del lugar que ocupan las listas en la historia de la cultura, así como de las formas con las que intentamos evitar pensar sobre la muerte y por qué Google es un peligro para los jóvenes

Es usted considerado uno de los académicos más grandes del mundo, y ahora inaugura una exposición en el Louvre, uno de los museos más importantes en el planeta. Los temas de la muestra suenan un poco a lugar común: la naturaleza esencial de las listas, los poetas que alistan cosas en sus obras y los pintores que acumulan cosas en sus pinturas. ¿Por qué eligió esos temas?
La lista es el origen de la cultura. Es parte de la historia del arte y la literatura. ¿Qué tipo de cultura queremos? Hacerla infinitamente comprensible. ¿Y cómo atrapar lo incomprensible? A través de listas, a través de catálogos, a través de colecciones en museos y a través de enciclopedias y diccionarios. Hay un atractivo en enumerar con cuántas mujeres durmió Don Giovanni. Fueron por lo menos 2 mil 63, de acuerdo con el libretista de Mozart, Lorenzo da Ponte. También tenemos listas prácticas –la lista de compras, de propósitos, el menú—, que tienen también un peso cultural por derecho propio.
¿Las personas cultas deben asumirse como custodios que buscan imponer orden en lugares donde el caos prevalece?
Las listas no destruyen la cultura, la crean. Donde quiera que veas en la historia de la cultura, encontrarás listas. De hecho, hay una serie vertiginosa de ellas: listas de santos, ejércitos y plantas medicinales, o de tesoros y de títulos de libros. Piense en la naturaleza de las colecciones del siglo 16. Mis novelas, por ejemplo, están llenas de listas.
Los contadores hacen sus listas, pero también las encontramos en las obras de Homero, James Joyce y Thomas Mann.
Sí, pero, por supuesto, ellos no eran contadores. En Ulises, James Joyce describe cómo su protagonista, Leopold Bloom, abre los cajones y revuelve las cosas que encuentra en ellos. Veo esto como una lista literaria, y dice mucho acerca de Bloom. O toma a Homero, por ejemplo. En La Ilíada trata de transmitir una impresión del tamaño del ejército griego. Al principio utiliza símiles: “Como cuando un gran incendio en el bosque se está librando en la cima de una montaña y su luz se ve a los lejos, así, mientras marchaban, el resplandor de sus armaduras apuntaba hacia el firmamento”. Pero él no queda satisfecho. Al no encontrar la metáfora correcta, pide a las musas que lo ayuden. Luego se le ocurre nombrar a muchos, muchos generales y a sus naves.
Pero, al hacerlo, ¿no se aparta de la poesía?
Al principio pensamos que una lista es algo primitivo y típico de las primeras culturas, que no tenían un concepto exacto del universo y, por lo tanto, se limitaban a enumerar las características que podían nombrar. Pero, en la historia cultural, las listas han prevalecido una y otra vez. Aunque esto no significa que sea sólo una expresión de las culturas primitivas. Ya en la Edad Media existía una imagen muy clara del universo y, sin embargo, había listas. Una nueva visión del mundo, basada en la astronomía, predominó en el Renacimiento y en el Barroco. Y había listas. Y la lista está, sin duda, vigente en la era postmoderna. Posee una magia irresistible.
Pero ¿por qué Homero lista de todos aquellos guerreros y a sus barcos, si sabe que nunca podrá nombrar a todos?
La obra de Homero golpea una y otra vez en la cima de lo inexpresable. La gente siempre hará eso. Siempre hemos sentido fascinación por el espacio infinito, por las estrellas y las galaxias sin fin. ¿Qué siente una persona cuando observa el cielo? Piensa que no hay lenguajes suficientes para describir lo que ve. Sin embargo, la gente nunca se detiene para describir el cielo, simplemente enumera lo que ve. Con los amantes sucede lo mismo. Experimentan una deficiencia de lenguaje, una carencia de palabras para expresar sus sentimientos. ¿Pero los amantes se detienen alguna vez a intentar describirlo? Crean listas: “Tus ojos son tan hermosos, y también lo es tu boca y tu clavícula”… Podría entrar uno en mil detalles.
¿Por qué perder tanto tiempo intentando completar cosas que nunca pueden ser completadas?
Tenemos un límite, uno muy desalentador, un límite humillante: la muerte. Es por eso que nos gusta todo lo que suponemos no tiene límites y, por tanto, no tiene fin. Es una manera de escapar de los pensamientos sobre la muerte. Nos gustan las listas porque no queremos morir.
En su exposición en el Louvre también se proyectarán obras procedentes de las artes visuales, como naturalezas muertas. Pero estas pinturas tienen marcos, o límites, y no pueden representar sino lo que deben representar.
Por el contrario, la razón por la nos gustan tanto es porque creemos que somos capaces de ver algo más en ellas. Una persona que contempla una pintura siente la necesidad de abrir el marco y ver los elementos que están a la izquierda o la derecha de la pintura. Este tipo de pintura es, en realidad, como una lista, un corte del infinito.
¿Por qué estas listas y acumulaciones son particularmente importantes para usted?
La gente del Louvre se me acercó y preguntó si me gustaría curar una exposición allí, y me pidió que les presentara un programa de actos. Sólo la idea de trabajar en un museo fue atractivo para mí. Hace poco yo estuve solo ahí y me sentí como personaje de una novela de Dan Brown. Fue misterioso y maravilloso al mismo tiempo. Me di cuenta de inmediato que la exposición se centraría en las listas. ¿Por qué estoy tan interesado en el tema? No lo sé realmente. Me gustan las listas por la misma razón que a otras personas les gusta el futbol o la pedofilia. La gente tiene sus preferencias.
Bueno, usted es famoso por su capacidad de explicar sus pasiones…
Pero no estamos hablando de mí. Mire, desde los días de Aristóteles intentamos definir las cosas en función de su esencia. ¿La definición de hombre? Un animal que actúa de manera deliberada. Ahora, tomó 80 años a los naturalistas para llegar a una definición de un ornitorrinco. Les resultaba infinitamente difícil describir la esencia de ese animal. Vive bajo el agua y en tierra, pone huevos y, sin embargo, es un mamífero. ¿Y qué es lo que hizo que se lograra esa definición? Fue una lista, un listado de características.
Una definición sería sin duda posible con un animal más convencional.
Tal vez, ¿pero que hace que un animal sea interesante? Piense en un tigre, al que la ciencia describe como un predador. ¿Cómo describiría un tigre una madre a su hijo? Probablemente utilizando un listado de características: El tigre es grande, es un gato, amarillo, con rayas y fuerte. Sólo un químico puede referirse al agua como H2O. Pero yo digo que es un líquido transparente, que bebemos y que nos podemos lavar con él. Ahora, finalmente puedes ver de lo que estoy hablando. La lista es la marca de algo muy avanzado, cultivada socialmente porque nos permite cuestionar las definiciones fundamentales. La definición esencial es primitiva en comparación con la lista.
Parece que usted dijera que debemos dejar de definir las cosas y que el progreso, en cambio, significa sólo el conteo y listado de las cosas.
Puede discutirse. El Barroco fue una época de listas. De repente, todas las definiciones escolásticas que se habían hecho en la época anterior ya no eran válidas. La gente intentó ver el mundo desde una perspectiva diferente. Galileo describió nuevos detalles acerca de la luna. Y, en el arte, las definiciones establecidas fueron literalmente destruidas, y la variedad de temas se amplió enormemente. Por ejemplo, veo las pinturas del barroco neerlandés como listas: las naturalezas muertas con todas esas frutas y las imágenes de opulentos gabinetes de curiosidades. Las listas pueden ser anárquicas.
Pero también ha dicho que las listas pueden establecer un orden. Así que, ¿aplican el orden y la anarquía? Eso haría que Internet y las listas de búsqueda que Google crea fueran comandadas por usted.
Sí, en el caso de Google las dos cosas convergen. Google hace una lista, pero en el momento que miro mi lista generada por Google, ésta ya ha cambiado. Esas listas pueden ser peligrosas –no para la gente vieja como yo, que ha adquirido sus conocimientos de otro modo— sino para los jóvenes, para los que Google es una tragedia. Las escuelas deben enseñar el gran arte de cómo ser exigentes.
¿Está usted diciendo que los profesores deben enseñar a los estudiantes la diferencia entre el bien y el mal? Si es así, ¿cómo lo pueden hacer?
La educación debe volver a la forma en que se aprendía en los talleres del Renacimiento. Allí, los maestros no necesariamente eran capaces de explicar a sus alumnos por qué una pintura era buena en términos teóricos; sin embargo, lo hicieron de una manera más práctica. “Mira, esto es lo que tu dedo puede parecer, y esto es lo que tiene que parecer”. “Mira, esta es una buena mezcla de colores”. El mismo enfoque debe ser utilizado en la escuela cuando se trata de Internet. El maestro debe decir: “Elije cualquier tema antiguo, se trate de la historia alemana o de la vida de las hormigas. Busca 25 páginas web diferentes y, mediante comparación, trata de concluir la que contiene buena información”. Si diez páginas describen la misma cosa, puede ser una señal de que la información impresa ahí es correcta. Pero también puede ser una señal de que algunos sitios simplemente copian los errores de los demás.
Usted mismo es muy probable que trabaje con libros, y tiene una biblioteca de 30 mil volúmenes. Probablemente no funcione sin una lista o catálogo.
Me temo que por ahora en realidad podrían ser más de 50 mil libros. Cuando mi secretario quería catalogarlos, yo le pedí que no lo hiciera. Mis intereses cambian constantemente y también lo hace mi biblioteca. Por cierto, si cambian constantemente tus intereses, tu biblioteca constantemente está diciendo algo diferente de ti. Además, incluso sin un catálogo, me veo obligado a recordar mis libros. Tengo un pasillo de literatura que mide 70 metros de largo. Camino a través de él varias veces al día, y me siento bien cuando lo hago. La cultura no es saber cuándo Napoleón murió. Cultura es saber qué puedo encontrar en dos minutos. Por supuesto, hoy en día puedo encontrar este tipo de información en Internet en cualquier momento. Pero, como he dicho, nunca se sabe con Internet.
Incluye una hermosa lista del filósofo francés Roland Barthes en su nuevo libro, El vértigo de las listas. Él enumera las cosas que ama y las cosas que no. Le encanta la ensalada, la canela, el queso y las especias. No le agradan los ciclistas, las mujeres con pantalones largos, los geranios, las fresas y el clavecín. ¿Y a usted?
Sería un tonto si respondiera esto, bajarían mis bonos. Yo estaba fascinado con Stendhal a los 13 años y con Thomas Mann a los 15 y, a los 16 me encantaba Chopin. Luego pasé mi vida tratando de conocer a los demás. En este momento Chopin está en lo más alto una vez más. Si interactúas con las cosas de tu vida, todo cambia constantemente. Y si nada cambia, eres un idiota.

Tomado de: Der Spiegel. Noviembre 11, 2009.
Traducción: José Luis Durán King.

El look de los Beatles en 38 fotografías inéditas

POR Ignacio García

De los cinco mozalbetes que parecen conformar una pandilla más del Reino Unido al cuarteto que cruza la cebra de Abbey Road hay un trabajo fotográfico que contribuyó a ensamblar ese monolito cultural llamado Beatles

El pasado 10 de abril se cumplían 40 años de la disolución de The Beatles. Como dijo John Lennon, el sueño había terminado. Los setenta echaban a andar despidiendo al grupo que había logrado batir todos los records de popularidad y alcanzando un estatus cultural inimaginable hasta entonces para un artista pop. Atrás quedaba una década llena de éxitos, 13 álbumes impecables, cientos de horas de filmaciones y miles y miles de fotografías.
Y es que los cuatro de Liverpool estuvieron entre los personajes más fotografiados de los años sesenta. No es de extrañar que aún hoy siga apareciendo material gráfico inédito. Se acaban de difundir 38 nuevas instantáneas, que son obra del fotógrafo Paul Berriff.
Han sido 40 años de ausencia que lejos de apagar la llama del éxito no han hecho sino acrecentarlo. El dramático asesinato de John Lennon liquidó toda esperanza de ver materializada una ansiada reunión del grupo pero, por macabro que resulte, multiplicó su proyección comercial e hizo crecer la leyenda. Su catálogo es el más rentable de la industria del pop y cualquier cosa que huela a Beatles, ya sea un circo posmoderno o un videojuego, tiene garantizado un pedazo del pastel.
Un tesoro en el desván
Por eso, un puñado de fotos inéditas de los chicos de Liverpool oportunamente “perdidas” durante casi cincuenta años, son hoy en día un verdadero tesoro. Berriff, tal y como relató a Amateur Photography, halló las fotos entre el casi un millar de negativos que guardaba olvidados en diversos áticos. Las tomas, disparadas con una Nikon F2 y una Rolleiflex cargadas con la mítica película Kodak Tri-X 400, muestran al cuarteto en el ABC Cinema de Huddersfield, en el Odeon de Leeds y el teatro Apollo de Manchester.
Berriff las disparó cuando contaba tan sólo 16 años, durante las giras que el grupo realizó por el Reino Unido entre mediados de los años 1963 y 1964. En aquel momento los primeros singles del cuarteto comenzaban a copar las listas de éxitos del Reino Unido.
Los Beatles eran la nueva e incipiente moda del pop británico, pero sólo un fenómeno local de las islas. Así, las 38 fotos poseen el valor añadido de pertenecer al periodo de la historia del grupo del que, aunque perfectamente documentado, existen menos imágenes (exceptuando la prehistoria de los años en Liverpool, The Quarrymen, The Cavern y Hamburgo).
No es de extrañar que Berriff haya visto en el hallazgo la oportunidad de asegurarse una holgada jubilación, el mismo se encarga de de gestionar la venta de las imágenes. Ha realizado una edición limitada de 49 copias de cada foto a un precio de 2.495 libras, realizadas en impresión digital sobre papel de alta calidad. Es decir, la venta de la tirada completa proporcionaría unos beneficios que sobrepasan los 4 millones y medios de euros.
Nada nuevo bajo el sol
Las fotografías, todas en blanco y negro y de innegable calidad, no aportan nada esencialmente nuevo a la archiconocida imagen de la primera etapa del grupo. Los Beatles aparecen luciendo sus famosísimos flequillos y esos consabidos y muy formales trajes a medida que les caracterizaban.
Vemos a George Harrinson cogiendo un puñado de palomitas, a John Lennon bebiendo un refresco a morro, a Ringo que sostiene una copa de vino en la mano, todos fumando como carreteros o en plena actuación sobre el escenario. Se muestran complacientes, despreocupados y alegres, aún más relajados y naturales, si cabe, que de costumbre, haciendo gala de esa simpatía, y desparpajo “para todos los públicos” que, junto a su enorme talento musical, fueron cruciales en su éxito.
Una naturalidad bien calculada
Sin embargo, aquella imagen tan aparentemente natural, tan fresca y desenfadada no había salido de la nada. Una bella estudiante de arte alemana, la fotógrafa Astrid Kirchherr, y un elegante y joven homosexual de origen judío, el manager Brian Epstein, se encargaron de pulir los otrora rudos diamantes del Mersey para darles el aspecto que les convertiría en estrellas.
Hacia 1960, tan sólo tres años antes de que estallase la beatlemanía, el grupo lucía un look completamente diferente al que conocemos. Por aquel entonces, los de Liverpool, fuertemente influidos por estrellas del recién nacido rock and roll norteamericano como Elvis Presley, Eddie Cochran o Genne Vincent, vestían pantalones y chaquetas de cuero negro, botas de cowboy, llevaban tupes engominados y mostraban una actitud más bien hosca y desafiante. A decir verdad, su aspecto era más el de una banda de delincuentes juveniles que otra cosa.
Y de esta guisa se marcharon a rocanrolear a Hamburgo. Allí pronto entrarían en contacto con un grupo de jóvenes estudiantes de arte alemanes entre los que se encontraba la fotógrafa Astrid Kirchherr. Ella forma parte de la historia del grupo por haber realizado las primeras sesiones de fotografías semiprofesionales del grupo y, lo que tuvo mayores consecuencias, por influir decisivamente en su cambio de imagen.
Un nuevo peinado para los de Liverpool
El existencialismo había puesto de moda entre los jóvenes estudiantes de arte alemanes un corte de pelo conocido como mop-top. Astrid Kirchherr y sus amigos Kalus Voorman (años más tarde diseñador de la portada de Revolver) y Jürgen Vollmer lucían estos peinados cuando conocieron a los Beatles. El primero en cambiar su aspecto fue Stu Sutcliffe, primer bajista del grupo, que mantenía una relación sentimental con Astrid.
En un primer momento, el nuevo peinado fue recibido con burlas por sus compañeros y en especial por el cáustico Lennon que no dudo en calificarlo de “auténtica mariconada”. No obstante, cuando regresaron a Liverpool ese mismo año, todos, incluido Lennon, habían adoptado el nuevo corte de pelo. Poco después conocerían al que sería su manager definitivo, un joven vendedor de discos llamado Brian Epstein.
Elegante y refinado fue quien termino de profesionalizar la imagen del grupo. Unas normas básicas de comportamiento: no fumar durante las actuaciones, no comer pollo frito en el escenario y unos cuantos trajes a medida, que Lennon también detestaba, bastaron para transformar a aquellos duros rockeros que desembarcaran en Hamburgo unos meses antes, en un grupo de asépticos jóvenes listos para encandilar a la pacata sociedad inglesa de principios de los sesenta.
Mediada aquella década prodigiosa, tras los primeros años de beatlemanía, la imagen del grupo, a la par que su música, fue transformándose de una manera que no fue fácil de asimilar para todos. Durante una recepción oficial en el Palacio de Buckingham a la que asistía Sir Joseph Lockwood el, a la sazón, presidente de EMI, la Reina, que al parecer andaba desconcertada con tanto cambio, comentó: “Sir Joseph, los Beatles se están volviendo de lo más raro ¿verdad?”.
Suponemos que la galería oculta de Berriff será todo un éxito pero, en cualquier caso, si la cosa no funciona, raro sería Beatles mediante, el fotógrafo puede probar suerte con los Rolling Stones o con Queen, pues junto a los negativos inéditos de Lennon y compañía dice tener cientos de estas otras estrellas.

Chamanismo: entre la locura y la magia

POR Terry Windling

Las poderosas raíces mágicas del chamanismo incorpora personajes cambiantes, gente animal, esposas zorras, hombres lobo, bellas y bestias, venados sagrados, una fauna que nos coloca un pie en las fronteras finales de la imaginación

De acuerdo con los antiguos textos celtas, Merlín, el mago y sabio de la corte del rey Arturo, enloqueció tras la funesta batalla de Arderydd, por lo que decidió perderse en los bosques. Ahí vivió como los jabalíes y los lobos, comiendo raíces y frutos, durmiendo bajo la lluvia. En el galés Libro negro de Carmarthen, Merlín escribe que en diez años libró más de 20 combates contra la locura. A través de ésta, sin embargo, el noble hechicero confiesa que aprendió el lenguaje de los animales y los secretos de las piedras y de los árboles. Cuando finalmente abandonó el bosque, había recuperado y fortalecido sus poderes mágicos; sus vínculos con la locura lo habían llevado a perfeccionar sus trances para ver el futuro.
Los irlandeses tienen una saga similar en la historia de Suibhne, guerrero maldecido en una batalla, que es forzado a vivir en el salvajismo. Bajo la forma de pájaro, Suibhne viaja durante muchos años a través de la angustia y la locura. No obstante, cuando regresa en su forma humana al suelo que lo vio nacer, ha ganado ciertos poderes mágicos de los que anteriormente carecía, gracias a los combates que libró con las bestias de los bosques.
Tales historias, siempre con semejanzas, se encuentran en todas las regiones y culturas del mundo, y ayudan a que demos un vistazo a las prácticas chamánicas ancestrales, mismas que han sido pacientemente registradas por estudiosos como Frazer, Campbell y Eliades. El chamanismo, según Mircea Eliades en su clásico Chamanismo: técnicas arcaicas de éxtasis, “es un fenómeno religioso característico en los pueblos de Siberia y los Urales; la palabra chamán es de origen tungu. Aunque el chamanismo no se debe limitar a aquellas regiones. Se encuentra, por ejemplo, en el sudeste de Asia, Oceanía y en muchas tribus aborígenes de Norte y Sudamérica. Un chamán es reconocido como tal después de haber recibido dos tipos de instrucción: lo primero es lo extático (sueños, visiones, trances); lo segundo es lo tradicional (técnicas chamánicas, nombres y funciones de los espíritus, mitología y genealogía del clan, los lenguajes secretos)”.
El papel del chamán varía de cultura a cultura, pero generalmente él o ella son figuras sagradas, curanderos, profetas y/o magos, cuyos poderes despiertan tras un proceso arduo de iniciación. Como Merlín o Suibhne, la iniciación puede provenir mediante un largo periodo de locura y privación, sobreviviendo el salvajismo y viviendo una existencia elemental; o puede ser producto de una muerte mística y su consecuente resurrección, regresando al mundo con nueva carne, sangre y huesos, así como con un nuevo conocimiento.
Universos míticos
En los mitos y antiguos pictogramas, el chamán es a menudo caracterizado por su habilidad distintiva de transformarse en una especie animal. En ocasiones el cambio es literal: la carne humana se transforma en carne animal o se cubre de piel de bestia; en otros relatos, el alma abandona el cuerpo inconsciente del chamán para entrar al cuerpo de un animal, sea éste lobo, pájaro o pez. En el libro Once and Future King de T.H. White, las prácticas chamánicas son evocadas por Merlín cuando prepara al joven Arturo para su papel de rey. El joven aprende a adquirir la forma de los animales y a vivir la vida de las bestias. En la historia de White, lanzada originalmente para el público infantil, tales escenas son investidas de gentil encanto, aunque esto no impide que entre líneas subyazcan oscuras, antiguas y míticas leyendas que hablan de las relaciones entre humanos y animales, entre civilización y salvajismo, entre santidad y locura y, finalmente, entre locura y magia.
Pero no sólo los chamanes gozan del privilegio de dichos poderes, como se puede constatar en muchas narraciones que circulan por el planeta. La transformación del humano en una o varias formas animales es parte de los universos míticos y de la tradición narrativa que el mundo ha engendrado en el curso de miles de años. Así, por ejemplo, los dioses de variadas mitologías y cosmogonías poseían esta habilidad, del mismo modo que los héroes de las grandes epopeyas y sagas.
En la mitología nórdica, Odín podía transformarse indistintamente en bestia o pájaro; en la griega, el veleidoso Zeus a menudo adquiría forma animal en su incansable cacería de jóvenes mujeres. Existen evidencias de un culto al oso en la antigua Grecia; a las iniciadas, siempre jovencitas, se les permitía vagar por los bosques, vestidas sólo con pieles de oso. Las afamadas pinturas en cavernas del paleolítico muestran a hombres alados y mujeres con largos picos de pájaros; en la cueva de Les Trois Fréres, un danzante porta cornamenta en su frente. Cernunnos, el señor de los animales en la mitología celta, era representado con forma de venado. Una de las primeras descripciones del “dios cornudo” se pintó en una cueva rocosa al norte de Italia, aproximadamente en la cuarta centuria antes de Cristo. Los dragones de China eran seres cambiantes que podían adquirir formas masculinas y femeninas.
El aullido en la historia
No todas las transformaciones son voluntarias. El hombre lobo del folclore europeo es una figura maldita y trágica (India posee su hombre tigre; África sus hombres leopardo y hiena). Herodoto nos cuenta la historia de que todos los hombres de cierta tribu se convertían en lobos durante algunos días del año.
En su Historia natural, Plinio registra (aunque escépticamente) la historia de Antei en Arcadia: anualmente un hombre es elegido entre varios para que cruce un lado sagrado. Sus ropas eran removidas, colgadas en un roble y el hombre nadaba hasta los bosques situados en una de las orillas del lago. Al llegar, el elegido corría a la par de los lobos salvajes, al tiempo que su piel perdía sus características humanas para asumir las animales. En las leyendas cristianas medievales, San Natalio maldijo a la gente del pueblo de Osorio, cuyos habitantes se convirtieron en lobos durante muchos años. Un clérigo conoció una vez a uno de estos pecadores, un lobo que se dirigió al clérigo en lenguaje humano, implorando porque revirtiera la maldición que sobre el pueblo pesaba.
En su Medievallais, María de Francia cuenta la historia de una mujer lobo que vivía en los bosques de Bretania: la “cambiante” era una mujer de la nobleza, una esposa infiel maldecida por sus acciones. Otro cuento francés se refiere a una mujer que compró un cinturón verde a un comerciante. Su esposo le prohibió vestir tal prenda, aunque ella no resistió la tentación y, a escondidas, se colocó el cinturón. A partir de entonces todas las noches la mujer se transformó en lobo, una maldición que duró siete años.
Metamorfosis
El tema del esposo, amante o esposa “cambiante” es común en los antiguos cuentos de hadas. Bella y la Bestia del siglo 18 francés es probablemente el mejor conocido entre todos los cuentos de “noviazgo animal” que galopan por el mundo. La bestia de este cuento ha merecido la atención de millares de editores e ilustradores desde hace 200 años: en ocasiones se le ha investido con rasgos de león, en otras como cerdo, pero lo cierto es que su imagen nos recuerda las características animales de las que el ser humano no ha podido desprenderse tan fácilmente. En Al este del sol y al occidente de la luna, cuento escandinavo, la heroína está casada con la bestia (en este caso un enorme cerdo blanco). Cada noche él llega al lecho nupcial ya transformado en humano. Su esposa tiene prohibido verle el rostro. Para romper la maldición, ella tendrá que llevar a cabo arduas tareas antes de lograr su objetivo.
Por supuesto, en México también está presente la herencia chamánica. En la tribu yaqui, la gente se dividió en dos grupos correlacionados: los Vato im (los bautizados), que integraron ritos y elementos de su religión al catolicismo propuesto por los españoles; y los Surem (la gente encantada), quienes prefirieron preservar la pureza de sus creencias. En la extraordinaria Danza del venado, un danzante adquiere forma, movimiento y conciencia de un venado sagrado que lleva a cabo su ritual en la frontera de los dos mundos, bendiciendo el suelo donde baila. Yaqui Deer Songs, investigación de Larry Evers y Felipe S. Molina, es un hermoso registro de aquella mitología animal-humana que afortunadamente no ha sido enterrada por la historia, que sigue viva y vibrante, como parte de la vida diaria del norte de México.
Obviamente, en este recorrido chamánico no están todos los que son ni son todos los que están. Es apenas una aproximación a este universo de fantasía que si pervive es precisamente por sus poderosas raíces antropológicas. “Cambiantes”, gente animal, esposas zorras, hombres lobo, bellas y bestias, venados sagrados, toda una fauna que nos coloca un pie en las fronteras finales de la imaginación. El poder de la historia y la fantasía se mezclan, adquieren, una de otra, rasgos que las transforman antes de llegar a las siguientes generaciones.
Finalmente, quizá —sólo quizá, porque en el chamanismo aún no se dice la última palabra—el viejo Levi-Strauss pudo invadir terrenos mágicos cuando apuntó en su obra El pensamiento salvaje: “El sistema mítico y las representaciones a que da lugar sirven, pues, para establecer relaciones de homología entre las condiciones naturales y las condiciones sociales o, más exactamente, para definir una ley de equivalencia entre contrastes significativos que se sitúan sobre varios planos: geográfico, meteorológico, zoológico, botánico, técnico, económico, social, ritual, religioso y filosófico”.