Khalil Gibran: el profeta oscuro

POR Opera Mundi

Es el profeta llegado a Occidente con una alforja cargada de reflexiones. Pero Khalil Gribran, humano antes que todo, tenía un lado sombrío, vinculado al dinero y a las mujeres

Para una gran parte de las sociedades occidentales, los hombres que se hacen a sí mismos ejercen una extraña fascinación. Se tejen leyendas en torno a ellos, se les inviste de cualidades y se les perdonan sus defectos. Tal fue el caso con Khalil Gibran (1883-1931), el poeta y artista nacido en Bsherri, Líbano, que llegó con su familia a Boston cuando él tenía 12 años, que a los 21 montó su primera gran exposición de pintura –muy laureada, por cierto—, que a los 30 era ya un pintor y escritor connotado del Greenwich Village y que a los 40 adquirió un estatus de culto como autor de un libro ilustrado llamado El profeta.
Con el paso de los años, el libro de Gibran ha sido abrazado extasiáticamente por lectores tan encontrados como la bailarina Isadora Duncan y madame Blavatsky, la creadora de la disciplina esotérica conocida como teosofía; por algunas células de los beatniks y por los bebedores de té que practican el new age, así como el público ordinario. El libro de Khalil Gibran ha vendido millones de copias en todo el mundo (tan sólo 9 millones en Estados Unidos), creando en la mente de cada uno de los lectores una imagen propia del personaje principal, el profeta Almustafá, cuyas enseñanzas presuntamente llegaron a Gibran en trance hipnótico. Así, en este autor no solamente se encuentra el hombre hecho a sí mismo sino el vidente autoelaborado.
Explotador de la confianza
Los profetas no son precisamente santos, sólo depositarios de mensajes divinos. Y Khalil no fue la excepción, tal y como puede deducirse de los libros publicados en torno a él. En uno de ellos, escrito por Robin Waterfield, Prophet: The Life and Times of Khalil Gibran, el autor no oculta la admiración que siente por el vidente nacido en Medio Oriente, al tiempo que ofrece la imagen poco conocida del también autor de Alas rotas.
Waterfield revela a un hombre narcisista que nunca se preocupó por su familia, que manipulaba cruelmente a sus editores, a sus colaboradores literarios e incluso a la que fuera por muchos años su compañera sentimental, Mary Haskell Minis, todo para conseguir sus propósitos financieros. En resumen, un explotador del amor enfermizo y de la confianza humana.
Sin embargo, muchas de las acepciones de Waterfield –por lo menos en la forma en que las sustenta— no pueden comprobarse del todo, ya que el autor de El profeta siempre fue muy discreto en su vida privada. Por ejemplo sugiere que Gibran tuvo un romance con su modelo Emilie (Micheline) Michel, además de Mary Haskell. No obstante que todos los amigos cercanos al escritor libanés saben que dormía con Haskell Minis, ninguno podría asegurar lo mismo del affair con Micheline; sólo Robin Waterfield se arriesga a señalar que con Micheline, Gibran “consumó su relación sexual”, pese a que admite que no existen cartas que prueben su tesis. ¿Entonces, en qué se basó Waterfield? En las lecturas que sostenían juntos Gibran y Micheline de Las flores del mal de Charles Baudelaire, cuyos poemas de alto contenido erótico la pareja intercambiaba como si fuesen estampitas.
Herencia mística
Irónicamente, los mejores libros acerca de Khalil Gibran fueron escritos hace ya algunos años. Por ejemplo, en 1998 apareció Khalil Gibran: His Life and World, una biografía comprensiva escrita por un sobrino del autor, llamado también Khalil Gibran, y la esposa de éste, Jean, quienes se abocaron al proyecto debido a que no existía un estudio objetivo de su familia. Cuando la pareja comenzó su libro, la mejor biografía que existía hasta entonces era This Man From Lebanon, obra hecha por Barbara Young, acólita y ex secretaria del profeta; así como una memoria de Mikhail Naimy, escrita en árabe y que caracteriza a Gibran como un gran maestro de Medio Oriente.
Asimismo, Khalil Gibran: Man and Poet, un estudio de Suheil Bushrui y Joe Jenkins, ambos investigadores del Khalil Gibran Research and Studies Project de la Universidad de Maryland, quienes señalaron que el profeta libanés “canta con la elocuencia de Isaías y la pena de Jeremías”, proponiendo además que Gibran fuera reconocido como un héroe nacional del mundo árabe y, lo que causó más controversia, que, aunque Gibran era un cristiano maronita, “sus escritos a través de los años reflejan su deseo de mezclar la tradición sufí musulmana con la herencia mística cristiana”.
Suheil Bushrui y Joe Jenkins, amén de sus propuestas un tanto descabelladas, también realizaron una investigación exhaustiva de los hábitos sociales y laborales de Gibran en Beirut, París y Nueva York, poniendo atención especial en la amistad que el profeta llevó con personajes como Auguste Rodin, el poeta Yeats y el psicoanalista Carl Jung. También su estudio arroja luz en la relación de Gibran con Mary Haskell, centrándose en el matrimonio de ésta con Jacob Florance Minis, un enlace que se llevó a cabo cuando la musa contaba ya con 48 años de edad.
En esa ocasión, Haskell preguntó a Gibran si ella podía contar a Jacob acerca de la relación que mantuvo con el vidente libanés, “a quien amé más que a nadie en el mundo”. Gibran, quizá para salir del atolladero, respondió con su habitual estilo intrincado que le hizo ganar miles de dólares: “Cada amor es el mejor en el mundo y el más querido”. Haskell se casó con Jacob Minis, pero ocho años después editó las obras de Gibran en secreto, con los apuntes que había hecho en sus diarios personales y en código.
Mar en movimiento
Pese al respeto que sentían por Gibran, los autores Bushrui y Jenkins no tuvieron empacho en reconocer algunos defectos del profeta. Admitieron que Gibran se mitologizó a sí mismo, cultivando la amistad de gente famosa y acostándose con una buena cantidad de mujeres. Por ejemplo, citan un diálogo entre Haskell y Gibran. Haskell pregunta a Gibran si cree que era correcto para un hombre o para una mujer haber tenido más de siete amantes, a lo que el vidente, con colmillo largo y retorcido, responde: “Si las amantes son al mismo tiempo, ¡sí!”. Sin embargo, como señalan los autores, el problema de las amantes es lo de menos, el gran reto para comprender a Gibran radica en la categorización de sus escritos: “No son literatura pura ni filosofía pura y, como es un trabajo árabe escrito en inglés, no pertenece a ninguna tradición”. En otras palabras, millones de personas que han comprado el libro de El profeta no saben dónde situarlo exactamente.
Por otra parte, los temas que Gibran eligió no son de ninguna manera originales: escribió al amor, la belleza, la familia, a la pena y a la muerte. Del amor matrimonial escribió: “No hagan vínculos de amor: sean mejor un mar en movimiento en las playas de sus almas”. De los niños dijo: “Tus hijos no son tus hijos. Ellos son hijos e hijas de la vida eterna por sí misma”. De la belleza señaló: “Es la eternidad oculta en sí misma en un espejo. Pero tú eres la eternidad y tú eres el espejo”.
Popular y populista
En la obra de Khalil Gibran pueden encontrarse resonancias tanto de sus amigos como de sus autores favoritos. Con una lectura atenta pueden adivinarse los razonamientos de William Blake, de Yeats, de Lao-Tse, de Fernando Pessoa, también de Rodin, de las teorías estéticas de Picasso y de los pre-rafaelistas.
El 11 de abril de 1931, Khalil Gibran murió en su estudio de Nueva York. La mujer que estaba a su lado era su secretaria y después biógrafa, Barbara Young, con quien el profeta había trabajado los últimos siete años, después del matrimonio de Haskell con Jacob Minis. Debido a que Baskell y Gibran habían sido sumamente discretos en su relación, nadie, mucho menos Barbara Young, sospechaba la fuerza de su cariño, por lo que, cuando la secretaria halló un manojo de cartas, quedó estupefacta. Gibran había dejado a Haskell todo el manejo de su colección de arte, pero Barbara Young pronto se apropió no sólo de las obras de arte sino también de correspondencia y otros artefactos que más adelante tendrían un gran valor económico.
Pero aun después de muerto, Gibran no cesó de despertar controversias. Encolerizó a muchos de sus familiares de Boston debido a que decidió que sus regalías por las ventas de El profeta fueran a parar a Bsherri, el bucólico villorrio libanés que él dejó en 1895. No obstante, tal gesto de chauvinismo se revertió, ya que, en el momento en que se supo que las regalías ascendían a varios miles de dólares, los pobladores de Bsherri casi provocan una guerra civil, al grado que tuvo que intervenir directamente el gobierno de Líbano para restaurar la paz.
La polémica acerca de Khalil Gibran continúa hasta nuestros días entre quienes endiosan al profeta y quienes lo subestiman, argumentando que sólo fue un poeta popular y populista. El mar en movimiento en las playas de las almas de sus lectores y detractores permanece insondable.

3 thoughts on “Khalil Gibran: el profeta oscuro

  1. Independientemente de su vida, sus amores, que va mucho con su manera occidental-oriental de ver la vida,con su temperamento intuitivo, en «El Profeta», por lo menos, con esa bella forma de escribir, resume mucho de la sabiduría oriental ya occidentalizada y es un poema, para meditar…

  2. Nunca habrá ni hoy y mañana una pluma tan profunda y pura de los versos y metáforas que con tan magistral inspiro Gibran Khalil Gibran. Es la máxima expresión de la sabiduría del Medio Oriente.

    Gibran Khlail Gibran ha sido mi maestro y fuente de inspiracion para seguir su huella, entregando a Occidente lo mejor de nosotros los intelectuales libaneses.

    AS SALAM

    Amir Ibn Tawfik Seeman
    Historiador, escritor y poeta libanes

Comments are closed.