La otra mujer de Mark Twain

POR Opera Mundi

Muy lejos del humorismo de Twain, los últimos años de su vida fueron un infierno por la falta de dinero, el alcohol y la lucha intestina entre sus hijas y su asistente, Isabel Lyon. Ese lapso, perdido hasta hace poco, acaba de ser revelado por Laura Twombley, en una biografía que deja muy mal parado al escritor sureño

En 1909, Samuel L. Clemens, Mark Twain, escribió: “Llegué con el cometa Halley en 1835. Vendrá el próximo año y espero irme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con él. El Todopoderoso ha dicho sin duda: ‘Ahora están aquí estos dos monstruos; llegaron juntos y se irán juntos”.
Y así fue: Mark Twain se marchó con el cometa el 21 de abril de 1910. Tenía 74 años y le falló el corazón, su corazón de tabaco, como él lo llamaba.
“Ayer fue un día ominoso para el pequeño grupo que observaba al pie de la cama”, informó The Associated Press, y agregaba que los problemas de salud habían obligado a Twain a cortar su hábito de fumar 20 cigarros por día.
“Ninguna privación fue más dolorosa para él. Intentó fumar en vaporizador cuando regresó de Bermudas y sólo lo dejó porque era demasiado débil para sacar su pipa. Incluso en su lecho de muerte, cuando ya no podía hablar y no estaba seguro si sus ideas eran lúcidas, hacía un movimiento como si agitara un cigarro y, sonriendo, hacía que expulsaba el aire vacío de debajo del bigote aún manchado por el humo”, explicaba la agencia.
Twain había sufrido una década de tribulaciones. Perdió a su amada esposa, Olivia, y a dos de sus hijas, una de las cuales –Jean— murió repentinamente a finales de 1909, una tragedia que casi retira al autor de la escritura. Asimismo, una serie de malas inversiones le forzó a salir de su excéntrica mansión victoriana en Hartford y lo llevó a Redding, donde vivió en una casa de estilo toscano llamada Stormfield. La edad lo entristeció, pero no lo silenció. Fue un opositor severo de la guerra en Filipinas y de otras acciones militares del emergente imperio estadounidense. Tuvo tiempo de escribir algunas de sus piezas cortas más difíciles, como El corruptor de Hadleyburg y Oración de guerra, e incluso de elaborar una gran crítica a la religión, Cartas desde la Tierra, en la que Satán documenta las locuras de los feligreses.
Por naturaleza, Twain fue un alma contradictoria, bebedor y librepensador, un escritor satírico y contestatario que quería ser amado. El Twain joven, como Huck Finn, pudo haber temido en algún momento la casa y el hogar, pero el autor anciano eligió el calor de un techo firme sobre su cabeza.
Los últimos diez años de su vida habían permanecido como un misterio, hasta que recientemente una de sus biógrafas, Laura Twombley, investigó y sacó a la luz un final demasiado difícil para un hombre que estaba acostumbrado a reírse de todo, pero quizá no de sí mismo.
Cometa Twain
“Como Cartas desde la Tierra, Twain sigue dando mucho de qué hablar después de muerto. Ahora tenemos la narrativa fascinante de Laura Twombley sobre los últimos días del escritor y su relación poco conocida con Isabel Lyon. Los pedazos comienzan a caerse en el lugar; el hombre más gracioso sobre la tierra es revelado como un alma mucho más complicada de la que creíamos conocer. Fue Twain el que dijo después de todo que “la fuente secreta de humor no es la alegría, sino el dolor; no hay ningún humor en el Cielo”.
A pesar de las muchas biografías de Twain, nadie ha determinado con exactitud lo que ocurrió en los últimos años después de la muerte de Olivia, su esposa durante 34 años, y cómo esas experiencias lo afectaron personal y profesionalmente. Durante casi un siglo se creyó que Twain fue hasta su muerte el ser querido y el bromista iconoclasta de Estados Unidos (“Yo no soy un estadounidense”, escribió; “Yo soy el estadounidense”).
Laura Skandera Twombley, la destacada estudiosa de Twain, sospechó que había algo más que la historia que se ha cultivado, que se ha construido cuidadosamente y que había permanecido intacta por tanto tiempo. Twombley fue en busca de la única mujer de quien ella intuía que había jugado el papel más importante en los años postreros de la vida de Twain y que posiblemente celebraría las respuestas a las preguntas sobre la vida y escritos de Mark Twain.
Ahora, en Mark Twain’s Other Woman (La otra mujer de Mark Twain), después de 16 años de investigación, descubriendo documentos y cartas personales nunca antes leídos, Twombley cuenta la historia completa a través de los minuciosos diarios de Isabel de Lyon, es decir, los únicos registros detallados que existen acerca de los últimos años de Twain, diarios que los biógrafos anteriores del escritor pasaron por alto.
A la sombra del coloso
Por cien años, Isabel Van Kleek Lyon ha sido la mujer misteriosa en la vida de Mark Twain. El escritor pasó la mayor parte de sus últimos seis años en compañía de Isabel, quien fue responsable de la supervisión de su horario y sus finanzas, su enfermera en todos sus achaques, la gestora de sus hijas cada vez más inmanejables, la corredora de su casa, organizadora de diversiones, además de que dirigió la construcción de la residencia definitiva de Twain. Isabel Lyon también se desempeñó como el público embelesado de Twain (ella lo llamaba “El Rey”), que escuchaba con atención mientras él leía en voz alta lo que había escrito en el día.
Trombley escribe sobre lo que ocurrió entre ellos y que desembocó en la ruptura dramática de su relación; de cómo, en los meses finales de Twain, él ofreció amargas conferencias de prensa, denunciándola; la forma en que despotricaba contra ella en cartas personales, diciendo que lo había injuriado, la llamó “mentirosa, falsa, ladrona, hipócrita, borracha, chivata, farsante, traidora, conspiradora, mujerzuela sucia de mente salaz que suspiraba por la seducción”. Twombley menciona que la invectiva de Twain rayaba en la obsesión (escribía sobre Isabel por horas y a diario, incluso mientras sufría dolores de pecho y ataques de gota) y de cómo, a pesar de la atención excesiva que proporcionó a Twain antes de su muerte, Isabel Lyon ha permanecido como un fantasma sin amigos al margen de la biografía del autor de Las aventuras de Tom Sawyer.
Durante décadas, los biógrafos oficiales de Twain omitieron deliberadamente a Isabel Lyon de sus relatos. Su poder potencialmente destructivo fue tan grande que el hagiógrafo elegido de Twain, Albert Bigelow Paine, se permitió sólo una timorata referencia a ella en su obra masiva de tres volúmenes, Mark Twain: A Biography (1912). Isabel Lyon fue una mujer olvidada, “privada”, en esta historia fascinante y oscura que “El Rey” determinó que nunca se contara.
Conspiración doméstica
Desafortunadamente para los seguidores del escritor sureño, la investigación de Laura Twombley revela a un hombre obsesionado con la autopromoción, la riqueza y la defensa a ultranza de la reputación de sus hijas, la vana y vengativa Clara y la epiléptica Jean.
Isabel Van Kleck Lyon fue la secretaria de Twain en sus años postreros y paulatinamente se convirtió en una compañía indispensable para el escritor. Sin embargo, esa cercanía despertó los celos y ataques de Clara, quien aspiraba a convertirse en una cantante concertista. Sobra decir que Clara tuvo el apoyo de la alienada Jean. Las hermanas conspiraron para asegurarse que Isabel no obtuviera ningún beneficio de la enorme riqueza artística de su padre, a quien Twain había nombrado ejecutora literaria.
Clara no sólo hizo arreglos para nulificarla legalmente, sino, en un esfuerzo por borrar cualquier huella de Isabel en la vida de su padre, intentó remover su nombre de las biografías de Twain, cosa que había logrado hasta hace poco.
La relación entre Isabel y Twain se envenenó tanto que el escritor terminó insultando de manera humillante a la mujer de la que sólo había obtenido devoción.
Sin embargo, el tiempo otorgó el triunfo a Isabel. Sin que las hermanas lo supieran, la mujer alimentó un diario –un recordatorio— del acontecer y las conversaciones que transpiraba la casa de Twain en los años que ella vivió ahí.
Laura Twombley, especialista en Twain, descubrió el diario entre los documentos de Mark Twain en el colegio Vassar y en la Universidad de California en Berkeley. A través de su libro ofrece un retrato perturbador del autor, su familia y amigos, que no puede hallarse en las biografías tradicionales de Twain.
Fuentes: Knopf Publishers, Star Ledger y www.nj.com
Traducción y edición: José Luis Durán King.

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