Mayo 18, 1917. Nace la palabra surrealismo

El controversial ballet avant-garde Parade se estrenó en París el 18 de mayo de 1917, hace 93 años. La producción fue una colaboración de algunos de los modernistas más famosos: la música de Erik Satie, el escenario de Jean Cocteau, el vestuario cubista de Picasso, los bailes de la empresa Ballets Rusos de Diaghilev, la coreografía de Léonide Massine y las notas del programa de Guillaume Apollinaire, en las que describió el espectáculo como “una especie de surrealismo”, utilizando por vez primera ese término. Si Parade es considerado “el primer ballet moderno” y “un acontecimiento que revolucionó al propio concepto avant garde”, hubo un disturbio en la noche inaugural, con todos los involucrados etiquetados de “anarquistas culturales” por la crítica de la época. Satie respondió enviando a la prensa una serie de postales incendiarias, por lo que fue acusado de “injuria pública y difamación de personaje”, por lo que recibió una sentencia de una semana en la cárcel (que luego fue suspendida).
Incluso sus amigos comentaban las excentricidades de Satie, por ejemplo, los trajes de terciopelo, la dieta de alimentos blancos y que evitaba la luz del sol. El artista vivía solo en un apartamento donde cabía una cama y una silla, al que, por cierto, nadie era invitado, dicen sus biógrafos. Después de la muerte de Satie, en su departamento encontraron decenas de sus paraguas favoritos, además de una serie de partituras manuscritas escondidas en los bolsillos de un traje o detrás de la cama, algunos de ellos con sus famosos subtítulos anotados: “Preludios verdaderamente flácidos de un perro”, “Tres piezas en forma de pera”, entre otros. “Satie puso títulos cómicos a su música”, decía Cocteau, “con el propósito de de proteger sus obras de personas obsesionadas con lo sublime”.
Sublimidad, o la noción prevaleciente y exclusiva del decoro artístico, era el objetivo del Parade. El intento de “crear algo nuevo y representativo de nuestra época” condujo a un desfile de 15 minutos de estilos modernos, de sonidos e imágenes, de ragtime y jazz, de publicidad y cine, de circo y music-hall, de sirenas y tecleos de máquinas de escribir. Los telones y vestuario cubista de Picasso contribuyeron a enfatizar la discordancia; con madera, metal, tela, papel maché y otros materiales; algunos de los trajes fueron de varios metros de alto y muchos eran tan rígidos que los bailarines debían caminar como robots.