Peter Bryan: el devorador de almas

POR José Luis Durán King

Su hambre era tan grande como su locura: Peter Bryan entró y salió de diferentes hospitales, siempre en busca de saciar su gusto por la carne humana

El 18 de marzo de 1993, un joven de 23 años llamado Peter Bryan llegó a un almacén comercial ubicado en la parte este de Londres. La semana que transcurría había sido un infierno para él: lo habían corrido de aquel negocio por robar ropa, además de que Nisha Sheth, de 20 años, hija de los dueños, lo había rechazado en sus pretensiones amorosas. Todo aquello resultaba demasiado pesado para el frágil equilibrio emocional de un hombre al que la humedad de la esquizofrenia comenzaba a trasminar su mente. Lleno de ira y confusión, el individuo entró a la tienda, derribó de un golpe a Bobby Sheth, de 12 años, quien quiso impedir su ingreso, y caminó directamente a donde estaba Nina. Sin tiempo siquiera para defenderse, Nina cayó al suelo después de que Bryan la golpeó en la cabeza con un martillo. Fue necesaria la intervención de varias personas para contener la furia del hombre. Nina murió a bordo de la ambulancia que la conducía al hospital.
Bryan logró escapar, aunque no por mucho tiempo, debido a que se refugió en el edificio de apartamentos donde todo mundo sabía que vivía. Menos de dos horas después de haber atacado a Nina, la policía llegó a arrestarlo. El hombre, con demasiada mariguana en la cabeza, saltó desde un tercer piso, aduciendo que prefería morir que ir a la cárcel. El problema de Bryan es que sobrevivió y fue enviado, “por tiempo indefinido”, a la unidad psiquiátrica de máxima seguridad Rampton, donde, pese a todo, tuvo un trato preferencial, pues ahí aprendió que la locura se debe colocar debajo de una máscara de normalidad.
Ocho horas de libertad
En 2002, nueve años después del homicidio de Nina Sheth, el individuo fue transferido, por órdenes del Tribunal de Revisión de Salud Mental, a un centro al norte de Londres, donde tendría la posibilidad de salir a la calle, siempre bajo la supervisión de los psiquiatras.
Un reporte ulterior liberado por el Servicio Nacional de Salud británico señaló que los profesionales adscritos al cuidado de Bryan contaban con la experiencia suficiente para tratar con pacientes con historial forense, como era el caso de Peter Bryan.
Al mediodía del 17 de febrero de 2004, con base en su “experiencia”, los trabajadores sociales decidieron dar mayor margen de movimiento a su paciente y prácticamente lo dejaron libre, aduciendo que el apoyo profesional que Bryan requería era prácticamente nulo. A las 8 de la noche aproximadamente de ese mismo día, policía y trabajadores sociales fueron alertados acerca de una horripilante historia de canibalismo.
El intruso
Brian Cherry, de 43 años, alquilaba un piso en Walthamstow, al este de Londres. Era un hombre solitario, con pocos amigos, entre los que se contaba Peter Bryan. Cerca de las 7:15 de la noche, Nicola Newman llegó al domicilio de Cherry –como lo hacía regularmente— para ver si éste no necesitaba nada. La mujer percibió un fuerte aroma a desinfectante. Tocó varias veces el timbre, pero nadie respondió en el interior, así que decidió utilizar el juego de llaves que Cherry le había proporcionado. Cuando entraba, le salió al paso Peter Bryan, quien portaba un mandil y un enorme cuchillo de carnicero. “Brian está muerto”, dijo el intruso, sin que nadie le preguntara. Sin creer lo que había escuchado, Newman hizo a un lado al hombre y avanzó hasta la sala. Ahí estaba el cuerpo desnudo de Brian Cherry. Tenía los brazos desprendidos y una de las piernas a punto de ser separada.
Al quedar libre, Peter Bryan no sabía qué hacer. De repente se le ocurrió visitar a uno de los pocos amigos que le quedaban. Fue así como llegó al domicilio de Brian Cherry, quien, al abrir la puerta, en lugar de un saludo recibió un martillazo en la cabeza. Fue el primero de casi una treintena de traumatismos que terminó con su vida. Bryan se dispuso a desmembrar el cuerpo, para lo que utilizó tres cuchillos, uno de los cuales fue tomado de la cocina de la víctima. El aroma de la sangre y del interior de Cherry enardeció los sentidos de Bryan, quien decidió cocinar algunas partes del muerto y comerlas.
Cuando la policía arribó, encontró a Peter Bryan sentado tranquilamente en el recibidor. Sus pantalones de mezclilla, sus manos y zapatos tenían manchas de sangre. En la cocina, los agentes hallaron sobras de pan tostado con algo de carne untada, además de un recipiente de mantequilla. Los estudios ulteriores revelaron que la carne untada era tejido cerebral de Brian Cherry, el cual había sido devorado con mantequilla.
Peter Bryan declararía que pensaba hacer más cosas con el cuerpo de su amigo, pero la presencia de la policía se lo impidió. Quería, entre otras cosas, según dijo, “devorar su alma”.
Bryan fue enviado al hospital Broadmoor de máxima seguridad, donde se dio tiempo de asesinar a otro interno, Richard Loudwell, de 60 años, a quien también intentó devorar en alma y cuerpo.