Walker Evans: el poeta decadentista de la fotografía

POR Larry Thall

En los días más oscuros posteriores al crack bursátil de 1929, Walker Evans creó una estética original, al mostrar a Estados Unidos como realmente era, y varias décadas después de su muerte su influencia permanece inconmovible
Como el archivista más elocuente de los lo ordinario, Walker Evans puso la nada sobre el mapa. Dio a sus objetivos –restos oxidados de coches, edificios patinados y abandonados, interiores sórdidos, anuncios, señales de tránsito, desechos industriales, trozos de graffiti, carteles, herramientas baratas— la convicción, y posteriormente la prueba, de que una intuición perspicaz, inteligencia e ingenio pueden crear arte fotográfico a partir de la estructura o el objeto más humilde.
De hecho, con excepción de las personas, Evans sólo estuvo interesado en lo que fue fabricado por la mano del hombre. “Estoy fascinado por la obra del hombre y por la civilización que ha construido”, escribió en alguna ocasión. “Creo que eso es lo interesante en el mundo, lo que hace el hombre. La naturaleza me aburre como una forma de arte… Las fotografías de la naturaleza francamente me deprimen”.
La visión fotográfica de Evans fue reconocida en abril de 2005, fecha que marcó el aniversario 25 de su muerte, cuando el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York montó la exhibición Walker Evans, una gran retrospectiva que incluyó 175 imágenes de todos los periodos de su carrera, abarcando, incluso, fotos a color utilizando una Polaroid AX-70 que realizó cerca del fin de su vida. Una segunda muestra, Walker Evans Company, había abierto en marzo de ese año en el Museo de Arte Moderno, también de Nueva York.
De las letras a la imagen
Nacido en 1903 en San Louis, Missouri, y criado sobre todo en Kenilworth, un adinerado suburbio de la costa norte de Chicago, Evans tomó en serio la fotografía a partir de 1928, después de regresar a Estados Unidos de una estancia de dos años en París. Su experiencia en el extranjero –tras comparar su talento con los grandes escritores europeos— aplastó su deseo de convertirse en novelista.
Joven bien leído, Evans tenía en gran estima la obra de Gustave Flaubert y Charles Baudelaire, pero carecía de una base de referencia de la misma dimensión para juzgar a la fotografía.
Evans estudió los 50 fascículos (1903-1917) de Camera Work, la connotada revista de arte contemporáneo publicada por Alfred Stieglitz, y ahí encontró una imagen que llamó poderosamente su atención: Blind Woman de Paul Strand, una foto que enmarcaba la cabeza y los hombros de una mujer corpulenta de mediana edad, recargada en un edificio, con un sola palabra que colgaba de su cuello: “CIEGA”.
“Es una imagen muy poderosa”, Evans dijo en una entrevista de 1971. “Recuerdo que salí de ahí [la Biblioteca Pública de Nueva York] sobre estimulado [y pensando] en eso, en las cosas que yo iba a hacer”.
Ningún artista, sin embargo, trabaja en un vacío cultural; las influencias visuales de Evans también llegarían, en gran medida, de los noticiarios, de las tarjetas postales ilustradas (que él con avidez coleccionaba), y de las contundentes fotos diarias de los inmuebles estatales. Imbuir a esas impactantes imágenes con un estilo sofisticado, mientras que la mano del artista permanece invisible, era una ambición que excitaba poderosamente a Evans. Sería la mina de su vena estética en los siguientes 40 años.
Sin embargo, aunque Evans adquirió un sentido de dirección, la inseguridad sobre sus fotografías permaneció. Dio crédito a sus amigos, Hart Crane, Lincoln Kirstein, Ben Shahn, James Agee y otros, tomando más en serio el trabajo de ellos que el propio.
Quiebras en cadena
Evans fotografió el puente de Brooklyn, que Crane utilizó para ilustrar su libro El puente. Kirstein, entonces un estudiante en la Universidad de Harvard, pidió a Evans que fotografiara la arquitectura victoriana de Nueva Inglaterra, imágenes que publicó en una revista de arte que fundó en 1931, y con las que luego organizó una exposición en 1934 en el MoMA. Dos años más tarde, el museo comisionó a Evans para fotografiar a la escultura africana.
En 1935, Evans fue contratado por Roy Stryker, jefe de la unidad fotográfica de la recién creada Administración de Reasentamiento (más tarde rebautizado como Administración de Seguridad de Granjas, FSA), que se estableció durante la Depresión para ayudar a los agricultores en quiebra y ganar apoyo para el programa de New Deal del presidente Franklin Roosevelt.
El New Deal fue el nombre dado por Roosevelt a su política para luchar contra los efectos de la Gran Depresión en Estados Unidos. El programa se desarrolló entre 1933 y 1938 con el objetivo de sostener a las capas más pobres de la población, reformar los mercados financieros y redinamizar una economía estadounidense herida desde el crack financiero de 1929 por el desempleo y las quiebras en cadena.
Evans no fue de ningún modo la primera persona que trabajó un género que con el tiempo sería ampliamente conocido como fotografía documental, pero su rechazo a la utilización de la fotografía como propaganda lo distingue de otros fotógrafos de la FSA, aunque Evans después acusó a sus colegas de apropiarse su estilo.
Permanecer ajeno a la política durante la década de los 30 parecía difícil, pero fue probablemente la forma psicológicamente más fácil, si no la única, de que Evans pudiera continuar. Al igual que muchos artistas jóvenes que se criaron en un ambiente burgués, Evans se rebeló contra el capitalismo y los valores materialistas de la generación de sus padres; sin embargo, mantuvo su gusto por la ropa y los zapatos caros, los viajes en trasatlántico, la amistad con hombres de negocios y por jugar al golf. Con el tiempo, incluso, fue miembro del Century Club.
La negativa constante de Evans en cumplir con las guías fotográficas Stryker desembocó en que lo corrieran de la FSA cuando estaba a punto de cumplir los dos años. Antes de su despido, sin embargo, Evans recibió el permiso para hacer a un lado sus deberes y acompañar al escritor Agee a Alabama para tomar fotografías para un artículo de Agee sobre granjeros en la revista Fortune.
El perfeccionismo de Agee y la tardanza para entregar el borrador obligó a la revista Fortune abandonar los planes de publicación. Let Us Now Praise Famous Men finalmente apareció en 1941 en forma de libro, y las fotografías de Evans de tres familias de granjeros se convirtieron en las imágenes más recordadas.
De hecho, el periodo de 1935 a 1938 es considerado generalmente como el cenit en la carrera de Evans, como lo alude John Szarkowski, director de fotografía en el MoMA de 1962 a 1991, en su introducción al libro que acompaña a la retrospectiva de Walker Evans de 1971 que organizó en el museo.
“Cuarenta y dos de las 100 imágenes del libro-catálogo fueron hechas en un lapso de 18 meses a partir de finales de 1935”, escribió Szarkowski, añadiendo: “Casi la mitad de las placas en American Photographs de Evans [la monografía mejor conocida del fotógrafo, publicada en 1938] y todas las de Let Us Now Praise Famous Men se hicieron durante el mismo año y medio, y este total no agota la obra de primera calidad durante esta asombrosa racha de creatividad”.
De acuerdo con la biógrafa de Evans, Belinda Rathbone, la selección de imágenes de Szarkowski para la retrospectiva de 1971 fue un proceso doloroso, porque vio que la mayor parte del trabajo de Evans desde 1938 era mucho menos impresionante de lo que había imaginado.
Sin embargo, Szarkowski, quien se convertiría en uno de los mayores partidarios de Evans, también se había impresionado con America Photographs, cuando vio por primera vez el libro como estudiante universitario en los años 40. Para muchos especialistas, Evans es un gusto adquirido, para otros su importancia como artista es clara y directa.
“Pero al mirar las fotografías, supe que mi mundo familiar era un mundo que nunca había conocido. El velo de la familiaridad me impedía verlo. Luego, hace 30 años, Walker desgarró el velo, me despertó del letargo al que estaba acostumbrado”, declaró Robert Penn Warren en un brindis por Evans ofrecido en una cena para celebrar la inauguración de la retrospectiva del MoMA en 1971.
El esclarecimiento de hechos de Evans no se limita a las fotografías realizadas en las zonas rurales. Por ejemplo, una de las imágenes más famosas del artista, tomada en Bethlehem, Pennsylvania, en 1936, se ve la cruz de una tumba en primer plano, las chimeneas de las fábricas de acero en el fondo y la vivienda de los trabajadores en el centro, lo que sugiere el poder de los industriales celebrada frente a los trabajadores casi desde la cuna hasta la tumba. Aparte del mensaje social que no intentó, Evans volcó su talento a retratar temas que antaño no se consideraban arte.
La obra más conocida de Evans después de la guerra la hizo en su papel como fotógrafo para la revista Fortune desde 1945 hasta 1965. Se mantuvo elusivo y distante durante su estancia en la revista y se le autorizó elegir sus propios objetivos, que por lo general se publicaban como “portafolios”. Por falta de atención de la crítica es posible suponer que el trabajo de Evans en Fortune fue modesto, aunque en realidad produjo un volumen considerable de obras: Fortune publicó más de 400 de sus fotografías, de un total aproximado de 2 mil.
“Beauty of the Common Tool” es el portafolio de Fortune más conocido de EvansDejó la revista en 1965 para enseñar en la Universidad de Yale, donde permaneció hasta 1974. Después de salir de Yale continuó dando clases en varios colegios y en 1973 compró su primera cámara Polaroid SX-70.
La ligereza y facilidad de maniobra de la cámara instantánea fue ideal para Evans, cuya salud comenzaba a fallar. El entusiasmo con el que el artista –quien alguna vez llamó “vulgar” a la fotografía de color— abrazó el instrumento fue sorprendente. Con la Polaroid SX-70 produjo más de 2 mil 400 fotografías.
Aunque las impresiones de Evans en Polaroid no suelen igualar la calidad trascendente de sus primeros trabajos en negro y blanco, su visión del mundo estético se mantuvo constante, aunque a una escala más modesta. Se convirtió en un coleccionista obsesivo de latas de refrescos y otros desperdicios, y contó con la ayuda de amigos jóvenes para robar los anuncios viejos de metal a los que fotografiaba.
Al final de su vida, Evans se quedó perplejo cuando sus admiradores le preguntaron acerca de las famosas fotografías que había hecho décadas antes, pues él quería que la gente preguntara sobre su trabajo actual. Si el desconcierto Evans parecía fingido, la sinceridad de sus admiradores no lo era.
En los días más oscuros de la Depresión, Evans creó una estética original, al mostrar a Estados Unidos como realmente era, y varias décadas después de su muerte su influencia permanece inconmovible.

1 thought on “Walker Evans: el poeta decadentista de la fotografía

  1. Magnífico fotógrafo, técnicamente hablando y gran historiador de un proceso en Estados Unidos: posguerra – crisis económica -posguerra…

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