Bobby Joe Long: el hombre de la luna llena

POR José Luis Durán King

Algunos especialistas de la conducta consideran a los asesinos seriales como los hombres lobo de nuestro tiempo. A Bobby Joe Long fue necesario operarlo para detener su transformación, aunque su temperamento siempre sufrió cambios durante la luna llena

Aquella noche de noviembre de 1983 fue diferente para Bobby Joe Long. Llevaba siete meses de actividad febril, en la que había cometido ocho asesinatos. Se sentía mal consigo mismo, pero ya no podía parar. Al contrario, las cosas estaban empeorando. Durante ese periodo había ligado “mujeres fáciles” en los bares, calles o a través de anuncios clasificados. Una vez que estaban a su lado, las conducía a caminos rurales poco transitados, las sometía, violaba y estrangulaba antes de abandonar los cuerpos al lado de las carreteras. Aunque esto último sólo ocurría con las prostitutas.
Nativo de West Virginia, a Bobby Joe Long le sentó bien el aire fresco de Tampa, Florida, donde era uno más de los residentes del lugar. Cortejaba chicas, trabajaba en lo que fuera y obtuvo un diploma como técnico en rayos X. Fue en esa ciudad, sin embargo, en la que sufrió un accidente de motocicleta que le causó diversas lesiones, entre ellas, una fractura severa de cráneo que lo dejó inconsciente por varias semanas. Al abandonar la inconsciencia, Long ya no fue el mismo. Ahora se enojaba fácilmente. El ruido lo sacaba de sus casillas. Era violento a la menor provocación, además de que su apetito sexual se volvió insaciable. A su esposa, Cindy Jean Guthrie, le exigía sexo hasta en cuatro ocasiones por día, lo que no le impedía masturbarse en los intervalos. Tenía, asimismo, fantasías sexuales con las amigas y hermanas de su cónyuge, y su mayor deseo era participar en orgías en las que las mujeres fueran humilladas.
De acuerdo con sus propias declaraciones, Long dormía profundamente durante varias horas y, al despertar, no sabía si sólo había soñado el asesinato de una mujer o si éste había ocurrido en la realidad. Tenía que ir por el periódico y enterarse, sin emoción de por medio, de los misterios que rodean a las mujeres que trabajan en las calles y bares de Tampa, del dolor que dejan en sus familias las personas asesinadas, de la fuerza especial que recién se había creado para intentar atrapar al hombre lobo que atacaba, invariablemente, cada mes, cada nuevo ciclo de luna llena.
Ngeon Thi, desnudista de un bar de la avenida Nort Nebraska, fue la primera víctima mortal de Long. Ngeon era prostituta y Long aborrecía a las prostitutas, a quienes consideraba mujeres agresivas sin vínculos con ningún hombre. Por el resto de las mujeres, Long sentía compasión. Por ejemplo, por las amas de casa que se anunciaban en los periódicos de Fort Lauderdale y Ocala, por las que a Long le valió el mote de El Violador de los Anuncios Clasificados. En descargo del asesino hay que apuntar que en muchas de sus citas sólo platicó amenamente con las jefas de hogar. “Se sorprenderían de lo que algunas de ellas me dijeron”, afirmó durante su confesión. Pero aquella noche de noviembre de 1983 era diferente…
No merecía morir
Pasaba la medianoche, cuando Bobby Joe Long vio a una joven en bicicleta. Por la hora que era dedujo que la muchacha era agresiva y problemática. Long se escondió entre unos arbustos. Cuando la chica pasó frente a él, actuó rápidamente y la maniató, iniciándose así una odisea de 26 horas antes de que la víctima fuera liberada. Pero los cálculos del agresor en esa ocasión fallaron. La joven no era agresiva. Todo lo contrario: era una verdadera víctima. Pertenecía a una familia pobre y su padrastro carecía de empleo, pues estaba confinado a una silla de ruedas. Le contó a Long que la habían violado de niña. Ahora tenía que trabajar en una tienda de donas hasta altas horas de la noche para contribuir al sustento familiar, además de asistir a la escuela.
Long estaba frente a una joven que no era prostituta, que no manipulaba a los hombres, que no merecía morir. Condujo varias horas en compañía de la chica quien, no obstante que traía los ojos vendados, pudo ver varios elementos que a la postre servirían para aprehender al asesino. Pese a todas sus consideraciones, Long violó a su víctima, pero no como lo había hecho antes. Después condujo de vuelta al lugar en el que la había secuestrado y la dejó en libertad.
Bobby Joe Long sabía que sus días como asesino estaban contados, que la chica acudiría a la policía y contaría todo lo que vio. Pero quizá algo en la conciencia le dijo que ya no podía continuar adelante.
Dos días después, Long conducía por las afueras de Tampa del Norte cuando observó que un auto hacía eses. La unidad era manejada por una mujer en estado de ebriedad. Long se emparejó a ella y la convenció para que continuaran la fiesta juntos, en un solo carro, en el de él. Al bajar del auto, Long vio que su invitada era una dama enorme que resultaría difícil de maniatar. De inmediato, la mujer le desagradó. Pese a todo continúo con su plan. En el momento en que la acompañante estuvo a su lado, Long la atacó. Ella empezó a gritar y a defenderse. A intervalos, la mujer se callaba, pero al parecer sólo para tomar fuerza y volver a gritar, esta vez con mayor energía. Long pudo sujetarla del cuello y apretó lo necesario para desmayarla. Mientras era despojada de su ropa, la mujer volvió en sí y gritó nuevamente. En esta ocasión, Long apretó el cuello de su rehén hasta asfixiarla. Con el cadáver desnudo en el asiento del copiloto, Long manejó por Tampa del Norte durante horas. Nadie lo importunó ni siquiera cuando se detuvo a cargar gasolina. Finalmente se deshizo del cuerpo sin haberlo violado. Cuatro días después de este episodio, Long, de 31 años, fue arrestado.
Ambigüedad sexual
Cuando Bobby Joe Long tenía 11 años sus senos comenzaron a crecer. Su aspecto lo avergonzaba, sobre todo cuando vestía playeras, ya que parecía una colegiala en pleno desarrollo. Algunos miembros de su familia habían sufrido la misma disfunción congénita del sistema endocrino, por lo que el médico recomendó la cirugía. Más de seis libras de tejido adiposo fueron removidas del pecho del muchacho. Lo que no pudo ser removido de la naturaleza de Long fue la experiencia de un ciclo lunar protomenstrual.
En su confesión, Long dijo: “Incluso ahora, siempre puedo adivinar cuando hay luna llena. Enloquezco cuando la luna está llena. No puedo estar sentado ni en paz. Sé cuando hay luna llena, aunque no la pueda ver”.
El temor de Long por transformarse en otro dificultó aún más las relaciones del joven con las mujeres. Cuando era niño, su madre se divorció y decidió que se mudaran a Florida. Para sacar lo de los gastos, Louella Long trabajaba de noche y se acostaba con diferentes hombres. Y, debido a que la madre cambiaba continuamente de empleo, debían asimismo mudarse del vecindario. Bobby Joe Long, nunca tuvo amistades duraderas. Al contrario, siempre fue el chico nuevo del barrio, el que tenía que soportar las ofensas que los demás niños hacían con respecto a los cascos ligeros de Louella.
Anuncios riesgosos
De 1980 a 1983, Bobby Joe Long cometió más de 50 delitos en Florida como El Violador de los Anuncios Clasificados, y aterrorizó a las comunidades cercanas de Fort Lauderdale, Ocala, Miami y condado Dade. Llamaba a los números que aparecían en los anuncios y fingía interés por los artículos en venta; hacía citas por la mañana –cuándo había más posibilidades de que las amas de casa estuvieran solas— y, una vez dentro de la casa, violaba a las mujeres y robaba algunos objetos. Incluso cuando Long comenzó su saga de asesino, nunca descuidó sus actividades como violador. Lo extraño en todo esto es que nunca asesinó a alguna ama de casa, sólo mataba a las mujeres que, según él, manipulaban a los hombres.
Long fue condenado a muerte por la corte de Florida. “Lo que me mata es que la mayoría de las muchachas a las que violé eran drogadictas y prostitutas. No quiero decir que merecían morir, pero tampoco eran unas santas. Yo estoy enfermo. No soy un asesino, no como los otros tipos que hay aquí, en el corredor (de la muerte). Pero eso no cuenta para la corte o para el gobernador. El maldito Bob Graham necesita matarme para reelegirse, al igual que lo hizo con Ted Bundy”, declaró Bobby Joe Long al conocer su sentencia.