El Chacal y su defensa del “oficio”

POR Alfredo C. Villeda
os autores y apologistas del terrorismo suelen acudir a excusas y eufemismos. Sus ejecutores, cuando hablan, no. La patria, el territorio, el orgullo, Dios, los infieles y mil factores más son esgrimidos para justificarse. Michael Walzar lo ha definido como el asesinato deliberado y aleatorio de personas inocentes, cuyo objetivo es extender el terror en una población para obligar a gobiernos a actuar. También existen el terrorismo de Estado (el estalinismo, por ejemplo) y la guerra terrorista (Hiroshima). Sus promoventes, empero, acuden a todo tipo de falacias para no llamarlo terror. Un célebre operador del particular, Carlos El Chacal, subespecie única de ese cosmos, no sólo le llama por su nombre y se ufana de su membresía: defiende el “oficio”.
La sorpresa del festival de Cannes, hace un par de semanas, estuvo no en un filme, un documental o en la película ganadora de la Palma de Oro. Tampoco en los vestidos y esculturas ambulantes de la alfombra roja. Esta vez el interés lo acaparó, por su carácter inusitado, la carta que el venezolano Carlos Ilich Ramírez envió desde la cárcel de Poissy, a las afueras de París, donde purga cadena perpetua, a su paisano Édgar Ramírez, actor que lo interpreta en la serie titulada Carlos, el terrorista que hizo temblar al mundo, dirigida por el francés Oliver Assayas.
Carlos no sólo tuvo oportunidad de leer el guión, ver algunas escenas, escribir unas líneas y enviarlas mediante su esposa, Isabelle Coutant-Peyre, a la agencia AFP, que las distribuyó el día del estreno en el Canal + de Francia. Se dio tiempo para armar un alegato que va más allá de considerar “ridículas” varias de las escenas. Ilustra al joven artista sobre los orígenes de su apellido español en tierra amerindia, lo reprende por prestarse a falsear la historia y entregarse, mareado, a los brazos de un imperio decadente. Lo regaña, pues, por someterse a quienes “maltratan el oficio de terrorista”.
Escribe El Chacal desde la cárcel de Poissy, a mano y en francés, en la versión austera del fusilero:
“Hace casi cinco siglos, conquistadores españoles descubrieron una mina explotada por los amerindios, donde ellos fundaron la ciudad de Lobatera, la más antigua del estado de Táchira, en Venezuela. Un conquistador de apellido Ramírez es nuestro ancestro común y sus descendientes colonizaron otros territorios, entre ellos La Grita —tu rama— y Michelena, fundada por mi abuelo y sus amigos, por el rumbo de la Lobatera.
“Las familias de Michelena han figurado en la sociedad y la historia de Venezuela como prefectos, profesores, farmacéuticos, abogados, militares e ingenieros… ideológicamente yendo de la derecha conservadora a la izquierda comunista, pero nadie ha traicionado a nuestro país convirtiéndose en sirviente de potencias extranjeras, ninguno ha deshonrado a nuestra familia.
“Entonces, ¿por qué, Édgar, aceptas adulterar la verdad histórica? ¿Por qué te prestas a una labor de propaganda contrarrevolucionaria que difama al más conocido de los Ramírez? Yo me considero recto, intransigente sobre los principios que mi padre me transmitió, reacio a venderme a un imperio decadante.
“Édgar, no dejes que la gloria efímera de Hollywood te maree. El reconocimiento mediático es pasajero y no puede sustituir el respeto, el honor, la realidad.
“¡Viva nuestra Venezuela Bolivariana! ¡Viva nuestra Tierra Santa de Palestina! Dios es el más grande. Carlos, Poissy, 14 de mayo de 2010.”
El actor dijo que no responderá a Carlos y aceptó que antes de que le ofrecieran el papel poco o nada sabía de El Chacal, más allá del dato general. Que si era la leyenda del terrorismo de los años 70. Que si era militante de la Organización para la Liberación de Palestina. Que si el M-19. Que si las Brigadas Rojas. Canal +, coproductor de la serie, argumentó que se trata de “una ficción que encarna el punto de vista de un gran autor a partir de hechos históricos, una obra artística y de ninguna manera una contribución al debate ideológico”. Y el director del filme justificó la elección del actor: “¿Cuántos venezolanos entre los 20 y los 40 años hablan cinco idiomas?”.
El Chacal pudo expresarse también mediante una entrevista radiofónica, en la que se quejó del desprestigio a su oficio: “Las escenas son ridículas. Se habla de terroristas y se les convierte en hombres histéricos que se ponen a disparar con sus metralletas, amenazando a la gente. Nada fue así. Había gran profesionalismo, se trataba de comandos muy preparados y no de una película”.
A juzgar por su enfado, es difícil creer que Carlos haya visto la personificación que le hace Bruce Willis, en 1997, e imposible que conozca la película estelarizada por Andrés García, en 1979. Entonces sí ya le hubiera dado un infarto.