El loro de Dalton Trumbo

POR Iván Ríos Gascón
El ex combatiente mutilado de Johnny cogió su fusil fue una crítica brutal a la política belicista de Estados Unidos. Dalton Trumbo, su autor, fue, a su vez, una víctima más de esa doctrina, expresada en el macarthysmo, quien lo arrojó al ostracismo por varios años
Gustave Flaubert escribió Un corazón sencillo iluminado por el brillo tenue de un candelabro. Ensimismado en el tintero y los legajos de papel, Flaubert descansaba los ojos mirando a un loro disecado, cuya juguetona solemnidad le reveló al Espíritu Santo. Esa es la razón, dicen los historiadores, los expertos y un conspicuo novelista (Julian Barnes, en su estupendo libro El loro de Flaubert), por la que al final de Un corazón sencillo, la humilde sirvienta Felicité muere contemplando a un enorme papagayo sobrevolando su cabeza.
Uno de los recuerdos emblemáticos de Kirk Douglas, también involucraron a un perico. Evocando a Dalton Trumbo, su guionista preferido, Douglas contó que Trumbo solía postrarse todas las noches ante la máquina de escribir, con un cigarrillo colgando de los labios, y en compañía de un loro que el propio Douglas le obsequió. Sin embargo, a diferencia de Flaubert, que debía consolar su imaginación con un ave embalsamada, Trumbo lo hacía con un cotorro vivo, que le picoteaba la oreja mientras él aporreaba las teclas de su Remington.
Instantáneas de la cotidianidad
Dalton Trumbo experimentó en carne propia el punzón de la ignominia. Prolífico y tenaz, sus novelas y guiones cinematográficos fueron obras que siempre dejaron huella. Nacido en 1905 en Montrose, Colorado, a los 20 años se mudó con su familia a Los Ángeles, California, donde comenzaría una brillante trayectoria como articulista de Vanity Fair y Hollywood Spectator, espacios que le abrieron una localidad en los platós, desde donde saltó a la fama dejando atrás el humilde empleo en una panadería (curiosamente, el mismo sitio en el que trabaja el inolvidable personaje Joe Bonham antes de la cruel mutilación en Johnny cogió su fusil, su novela más famosa), pues la agudeza, la claridad de los relatos y los argumentos de Dalton Trumbo eran como instantáneas de la cotidianidad, como espejos de la condición humana.
Quizá es por ello que en Eclipse (su primera novela que la crítica comparó con Babbitt de Sinclair Lewis) condensó el dilema existencial de la urbe y la provincia, donde Trumbo llevó a cabo un impecable juego de ajedrez entre la obsesión por la riqueza de un hombre de negocios y la austeridad existencial de un grupo de provincianos para los que la vida sólo significaba una línea recta. Los valores, en la obra de Dalton Trumbo, eran el basamento de una individualidad hermética e insumisa, que hacían cortocircuito con las paradojas de una sociedad esclavizada por la ignorancia, la estupidez y la barbarie, ya que Trumbo aborrecía la subordinación, la pasividad y el conformismo de la voluntad civil, ante el maniqueísmo de la ley y el poder político.
Un fardo pensante
Johnny cogió su fusil fue el paradigma de esta férrea convicción. Inspirado por la insensatez bélica de la Primera Guerra Mundial y, en mayor medida, por el caso de un oficial británico que quedó terriblemente desfigurado, Trumbo escribió la desoladora historia de un recluta que, tras el estallido de una granada, pierde brazos, piernas, nariz, orejas, boca, lengua y ojos, y queda reducido al patético espectáculo de un fardo pensante, un bulto vivo sólo para sí mismo, porque el único alivio de Joe Bonham radica en la obstinada reminiscencia del hombre que fue una vez, donde la felicidad adopta un nimbo contradictorio: los recuerdos más placenteros de Joe Bonham se vuelven la pesadilla de un embalaje de piel humana, cuyo único sentido se halla en el cerebro. Publicada en 1939, Johnny cogió su fusil marcó notablemente a la literatura norteamericana, por su discurso antibelicista y su crítica abierta al despotismo del poder político, una postura que 20 años después tendría resonancias en la generación beat y en la propuesta lírica de Bob Dylan. De hecho, el impactante tono de la novela conmovió de tal manera a Luis Buñuel, quien pretendió filmarla en los 60, sólo que esta tarea había de recaer en su propio autor y, en 1971, Trumbo dirigió la versión cinematográfica de Johnny cogió su fusil, protagonizada por Timothy Bottoms, Jason Robards y Marsha Hunt, una obra multipremiada en Cannes y un hit de cartelera en Japón, pero un fracaso rotundo en las taquillas de Estados Unidos.
Víctima del macarthysmo
Y es que en aquellos años, Trumbo apenas emergía a la luz pública de la oscuridad a la que lo condenó el macarthysmo, ese episodio de la historia universal de la infamia estadounidense, que saboteó las vidas de muchos artistas y profesionales de Hollywood a través del Comité de Actividades Antiamericanas, dirigido por el senador Joseph McCarthy y operado por un siniestro fiscal de nombre J. Parnell Thomas.
Ultraderechista, visceral y fascistoide, el Comité de Actividades Antiamericanas se dedicó, a fines de la década de los 40, a perseguir, acosar y destruir a los “sospechosos” de sedición ideológica, a los supuestos antipatriotas y a los comunistas clandestinos.
Trumbo, efectivamente, pertenecía al Partido Comunista, pero en realidad no le interesaban las ideas de Marx, ni tampoco le profesaba simpatía al régimen soviético. Su filiación se debió, exclusivamente, a su sentido de la democracia, la libertad y la justicia y, por supuesto, a su lucha antifascista.
Junto con el escritor Clifford Odets, Trumbo fue acusado de comunista por Lela Rogers (madre de Ginger Rogers) ante la comisión, que tomó como antecedente el manifiesto que Trumbo escribió en 1941 a favor de Harry Bridges, dirigente del sindicato de obreros portuarios, un izquierdista de origen australiano que el gobierno trataba de deportar. Durante el interrogatorio, la comisión no sólo violó sus derechos civiles y laborales, sino que le impidió su alegato de defensa, por lo que Trumbo estalló en cólera y salió de la sala exclamando: “¡Este es el principio de los campos de concentración en Estados Unidos!”
A partir de ese momento, Dalton Trumbo ingresó a la lista de “Los diez de Hollywood”, junto con Herbert Biberman, Albert Maltz, Edward Dmytryck, Adrian Scott, Ring Lardner Jr., Samuel Ornitz, John Howard Lawson, Lester Cole y Alvah Bessie, y quedó vetado en Hollywood. El otrora guionista mejor pagado de California fue forzado a escribir con seudónimo y a recurrir a prestanombres, en una especie de destino truculento y de extraña justicia poética, pues en 1956, con el alias de Robert Rich, fue galardonado con el Oscar por su trabajo en The Brave One.
Y es que sería hasta 1960 cuando Trumbo volvió con su nombre a las pantallas, por intermedio de Kirk Douglas, quien lo contrató para Espartaco, la película de Kubrick, y Otto Preminger, quien incluyó su crédito en la cinta Éxodo, mas el brillante novelista y guionista que solía escribir con un perico sobre el hombro viviría muy poco para gozar de la notoriedad que le arrebataron, ya que en 1976, cuando redactaba La noche del Uro, su última novela, un enorme papagayo voló sobre su cabeza, para llevarse el último aliento de un febril explorador de las debilidades, las contradicciones y la maldad de los humanos.